Cuando el ego pide más toallas: crónica de una noche en la recepción de hotel
Trabajar de noche en la recepción de un hotel puede sonar a un empleo tranquilo, casi romántico: luces bajas, el murmullo lejano de los huéspedes y la promesa de una noche sin sobresaltos. Pero la realidad, como diría cualquier recepcionista experimentado, suele ser más parecida a una película de terror… de bajo presupuesto, pero con protagonistas inolvidables. ¿Quién no ha escuchado historias de huéspedes con aires de grandeza, esos que creen que el hotel es su reino y el personal, sus súbditos?
Hoy les traigo una de esas anécdotas que se leen en foros y uno piensa: “Eso jamás me pasaría a mí”. Spoiler: sí pasa, y mucho más seguido de lo que imaginan.