Vence a tu enemigo… ¡confundiéndolo con amabilidad científica!
¿Quién dijo que la ciencia es aburrida? Si alguna vez pensaste que un laboratorio era solo tubos de ensayo y bata blanca, prepárate para conocer una historia donde la venganza no se sirve fría, sino con una buena dosis de ADN y un toque de confusión al mejor estilo latinoamericano.
Todos hemos tenido ese compañero en el trabajo: el que cree que el laboratorio es su reino y que puede tratar a los demás como simples mortales. Pero, como buen dicho de abuelita: “A cada capillita le llega su fiestecita”. Y en esta historia, nuestro héroe logró darle la vuelta a la tortilla con una venganza tan sutil que hasta el mismísimo Chavo del 8 diría: “Eso, eso, eso”.