La noche en que los huéspedes me hicieron sentir en un episodio de La Rosa de Guadalupe
Trabajar en la recepción de un hotel es como subirse a una montaña rusa: nunca sabes si te espera una vuelta tranquila o una bajada de infarto. Pero hay noches, como el 14 de febrero, donde Cupido parece tener un sentido del humor muy retorcido y el destino te pone a prueba de formas que ni la telenovela más dramática podría imaginar. Yo, ilusionado de que la jornada estaba por terminar y soñando con cenar tranquilo, jamás imaginé que me tocaría vivir una de las experiencias más extrañas y surrealistas de mi vida laboral.