¿Otra vez los balazos? Aventuras de un gerente nocturno en un hotel canadiense
¿Alguna vez te has preguntado cómo reaccionarías si en plena jornada laboral escuchas un balazo a media cuadra? No es el tipo de historia que uno esperaría de Canadá, ese país que muchos imaginamos más cercano al hielo y al hockey que a las películas de acción. Pero la realidad, como siempre, supera la ficción. Hoy te traigo una anécdota que fácilmente podría ser parte de una serie de Netflix: la historia de un gerente nocturno, tres sábados seguidos y una discoteca que parecía más sacada de una narconovela que de un barrio tranquilo.
Entre la hospitalidad y el “sálvese quien pueda”
En Latinoamérica tenemos fama de hospitalarios, de que si alguien toca la puerta pidiendo ayuda, le abrimos y hasta le damos cafecito y pan dulce. Pero, ¿qué pasa cuando esa puerta divide a los que buscan refugio de una balacera? Nuestro protagonista, gerente nocturno de un hotel en el centro de una ciudad canadiense, se enfrentó a esa pregunta existencial, como si fuera el mismísimo Chavo del 8 decidiendo si abrir o no la vecindad a Don Ramón disfrazado de ladrón.
Todo comenzó con una conversación extraña con su jefe indio, quien, al ser cuestionado sobre cómo actuaría en un caso similar al atentado del hotel Taj Mahal en 2008, respondió con una calma escalofriante: “Entonces morimos primero”. Como quien acepta que el pastel de cumpleaños siempre le tocará chiquito.
Sábado 1: “¿Y ese ruido qué fue?”
Todo parecía normal hasta que, ¡pum!, un estruendo interrumpe la noche. El gerente y el guardia de seguridad piensan que alguien ponchó una llanta. Pero no, pronto se dan cuenta que no fue un clavo, sino un balazo. Una multitud huye de una discoteca india de lujo cercana—bueno, de lujo según ellos, porque el gerente la describe como más corriente que fiesta de XV años con DJ improvisado—y termina aporreando la puerta del hotel.
En un acto reflejo, el gerente abre la puerta y deja pasar a una bola de fiesteros sudorosos, con cara de susto y actitud de “aquí no ha pasado nada”. Nadie le dice la verdad. Solo cuando ve las patrullas y las luces de la policía, cae en cuenta: acaba de meter a posibles testigos (o quién sabe qué más) de una balacera a su hotel.
Sábado 2: “El que por su gusto muere...”
La semana siguiente, como si los sábados estuvieran embrujados, otra vez suena el disparo. Esta vez, el gerente ya no está para cuentos. Toma una decisión digna de abuelita desconfiada: cierra la puerta, se asoma por el vidrio y, al ver a la multitud rogando por entrar, les niega el paso con un gesto firme. No es villano de telenovela, simplemente aprendió su lección. Además, como buen latino, sabe que “el que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe”. El área está iluminada y abierta, y cualquiera puede correr a ponerse a salvo sin invadir el hotel.
Sábado 3: “¿Otra vez?”
El tercer sábado, el disparo ya ni sorprende. El gerente, ahora curtido, simplemente cierra la puerta y regresa a terminar su papeleo. Como quien ya se acostumbró a que el vecino ponga reggaetón a todo volumen cada fin de semana.
A los meses, la discoteca cambia de dueño y se convierte en restaurante indio. Y así, el ciclo de la vida urbana sigue, entre balaceras, fiestas y el eterno drama de la convivencia humana.
Más allá de la anécdota: ¿Y nosotros qué haríamos?
Esta historia, además de sacarnos una sonrisa nerviosa, invita a reflexionar sobre nuestra propia seguridad y los límites de la hospitalidad. En Latinoamérica, donde las noticias de violencia a veces parecen pan de cada día, muchos empatizaríamos con la decisión del gerente: primero la seguridad, luego la cortesía.
Pero también nos recuerda que, en situaciones extremas, no hay recetas mágicas. Cada quien reacciona como puede, con el corazón en la mano y el miedo en la garganta. Y quizás, lo más importante, es aprender a poner límites y cuidar de nosotros mismos y de los nuestros, aunque a veces toque cerrar la puerta con llave.
¿Te ha pasado algo similar? ¿Qué hubieras hecho tú en el lugar del gerente? Cuéntame en los comentarios, porque de estas historias, todos aprendemos… ¡y hasta nos reímos un poco!
Publicación Original en Reddit: Will you stop with the shooting?