Ocho años en recepción y… ¿me cambiaron por el nuevo? La realidad de los ascensos en hoteles
¿Quién no ha soñado con que su esfuerzo y lealtad sean reconocidos en el trabajo? Imagínate dedicar ocho años de tu vida a un hotel, conocer cada rincón, entrenar a todos los nuevos y aún así ver cómo el puesto de tus sueños se lo dan… ¡al chico nuevo! Sí, suena a novela de Televisa, pero es la vida real de un recepcionista que compartió su historia en Reddit y, créeme, te va a sonar conocido si alguna vez has trabajado en atención al cliente o en la industria hotelera en Latinoamérica.
El peso de la experiencia… ¿o solo del café y las llamadas?
Este recepcionista ha sido el alma del hotel por casi una década, resolviendo desde crisis de reservaciones hasta sacar adelante eventos de último minuto. Y como buen latino, no es solo el que atiende la recepción: responde dos teléfonos, contesta correos de agencias, clientes y hasta del “cuate” que quiere reservar el salón para la fiesta de bautizo, hace facturas, notas de crédito, ajusta cupos en plataformas y, por supuesto, entrena a los nuevos que llegan perdidos como venados en carretera.
Pero cuando finalmente el gerente de recepción (el famoso FOM, Front Office Manager) deja el puesto, nuestro protagonista piensa: “¡Ahora sí, es mi turno!”. Pero no. El puesto se lo dan a un recién llegado de otro hotel, que ni siquiera conoce el sistema y al que, para colmo, él mismo tiene que entrenar. Y para rematar, su jefa le da las gracias con un aumento de 75 euros (unos $1,500 pesos mexicanos al mes… ¿en serio?) y el clásico “te vamos a dar más libertad para tomar decisiones”. ¡Como si eso pagara las cuentas!
Cuando el hotel es tu casa… pero no tu familia
Muchos en Latinoamérica nos sentimos parte de la “familia” laboral. Salimos de vacaciones con colegas, soportamos juntos las temporadas altas y hasta nos sabemos los chismes de los huéspedes frecuentes. Este recepcionista no es la excepción: los clientes lo saludan de nombre, algunos hasta le preguntan si él va a ser el nuevo FOM. Pero cuando toca hablar de ascensos, la empresa demuestra que, más que familia, es negocio.
En los comentarios de Reddit, varios colegas de la industria hotelera comparten historias similares. Uno cuenta que tras dieciocho años en recepción, le negaron el ascenso porque la nueva tenía auto y él no. ¿La ironía? Ella nunca quiso hacer mandados y cuando renunció, él ya tenía auto, pero el puesto ya no existía. Otro español comenta: “En Estados Unidos siempre te dicen que ‘quizá, pronto, te tocará’… pero nunca llega. Si no te valoran, busca en otro lado donde tu experiencia sí cuente”.
¿Eres demasiado bueno… o demasiado confiado?
Muchos lectores coinciden en que, en realidad, las empresas prefieren dejar a los mejores empleados atornillados al mismo puesto. Para ellos, ese recepcionista es “demasiado valioso” en recepción para moverlo. ¿Te suena cuando tu jefe te pide cubrir días libres, ir en tu descanso porque ‘nadie más lo sabe hacer’ o sacrificar tus vacaciones porque ‘solo tú puedes’? Así, nunca te promueven… porque eres el que resuelve todo desde abajo.
Un comentario muy latino dice: “En el trabajo, al que no llora no mama. Si sigues diciendo que sí a todo, nunca te van a subir. Haz solo lo que te toca y pon tus límites”. Otro usuario sugiere: “Habla directo con tu gerente, pregunta por qué no te ascendieron y qué tienes que hacer para lograrlo. Si siguen dándote largas, es hora de buscar otro hotel”.
¿Qué hacer cuando el ascenso nunca llega?
El sentimiento más fuerte es la decepción. No es enojo, es esa tristeza de saber que tu esfuerzo no fue suficiente para los que deciden arriba. Pero también hay esperanza. Muchos animan a nuestro recepcionista a pulir su currículum y buscar en otros lugares, porque su experiencia vale oro. “En otro hotel te valorarían desde el primer día”, dicen. Y no les falta razón: en Latinoamérica, la movilidad laboral es muchas veces el único camino para crecer.
Otros le recuerdan lo bonito de su trabajo: esos clientes que lo buscan por nombre, las historias que acumula en cada turno, el orgullo de ser el que lo puede todo en la recepción. Eso, aunque no pague las cuentas, sí es un consuelo cuando la empresa no ve más allá de sus números.
Reflexión final: El valor de decir “ya basta”
Esta historia nos muestra algo muy común en nuestras tierras: a veces el trabajo se convierte en costumbre y dejamos de exigir lo que merecemos. Si te identificaste con este recepcionista, tal vez es hora de recordar que tu experiencia y esfuerzo valen. No te conformes con el aumento simbólico ni con las “gracias” de siempre. Si no te dan el lugar que mereces, que no te dé miedo abrir alas y buscar ese ascenso en otro lado.
¿Te ha pasado algo similar? ¿Te han dejado esperando el ascenso mientras el nuevo se lleva el pastel? Cuéntanos tu historia en los comentarios, porque en esta comunidad sí valoramos lo que cada quien aporta. ¡Ánimo, que el mundo laboral es grande y siempre hay un hotel –o una empresa– donde te van a recibir como te mereces!
Publicación Original en Reddit: 8 years as a receptionist got passed over for FOM.