¿Noche de luna llena o solo un turno más en la recepción? Aventuras de hotel que parecen de película
Si alguna vez pensaste que trabajar en la recepción de un hotel era monótono, déjame contarte una noche que haría ruborizar al mismísimo Pedro Infante en una de sus películas de enredos. Hay noches en las que parece que todos los planetas se alinean, o peor, que la luna llena saca lo más raro de los huéspedes. Pues bien, esta es la historia de una de esas noches donde uno jura que alguien le está jugando una broma... o que de plano estamos en un episodio de “La Rosa de Guadalupe” versión hotelera.
Velas de cumpleaños, nombres perdidos y máquinas misteriosas
Imagínate, son casi las doce de la noche, y el teléfono de la recepción suena. Respondes con tu mejor voz de anfitrión y, de repente, la señora al otro lado empieza a llamarte “Elizabeth”. Ni parecido, ni por error de acento... nada que ver. Ya con eso, sabes que la cosa viene rara. Pero ahí no termina; la señora pregunta si en el hotel vendemos velas de cumpleaños. ¿Velas? En un hotel pequeño, donde lo más sofisticado que vendemos en la tiendita son chicles y papas. Uno pensaría que es una broma de esas que hacen los ociosos de TikTok, así que, como buen latino desconfiado, cuelgas. Pero, ¡oh sorpresa! A los cinco minutos ahí está la señora, en carne y hueso, preguntando exactamente lo mismo: que si las velas de cumpleaños.
Aquí, hasta el más paciente empieza a dudar de su realidad. Y para coronar, la señora pregunta por una máquina expendedora. ¿Será que pensaba encontrar velas junto con los refrescos y las papitas? O tal vez solo tenía ganas de seguir la conversación. Como dicen en México, “¡hay gente para todo!”
Bares imaginarios y acusaciones nocturnas
Pero la cosa no termina ahí. Entra un hombre claramente pasado de copas y pregunta, muy seguro, que dónde está el bar. Ahora, hay que aclarar que el hotel es tan pequeño que el lobby apenas da para poner dos sillones y una mesita de revistas viejas. ¿Un bar? Solo en su imaginación. Pero uno, cordial y profesional, contesta: “No, señor, lamentablemente no tenemos bar”. Y por dentro, pensando: ¿dónde cree que cabría?
Luego, llegan unos huéspedes y, por motivos misteriosos, no usan su llave para entrar. Cuando los dejas pasar, una señora te mira fijamente y te suelta: “¿Estabas dormido en la oficina?”. Aquí es donde uno recuerda los comentarios de otros recepcionistas: “Nada me molesta más que insinúen que estaba dormido. ¡No es fácil mantenerse despierto toda la noche cuando está tranquilo!” En Latinoamérica, cualquiera que ha trabajado de noche sabe lo difícil que es aguantar el sueño, y que te digan eso es como si te retaran a un duelo de miradas. Por fortuna, la dignidad hotelera se mantiene: “No, señora, no me duermo en turno”.
Piscinas prohibidas y llaves misteriosas
Y cuando parece que la noche va a calmarse, ves a unos adolescentes y a un adulto, con más alcohol que sangre en las venas, dirigiéndose a la piscina. En teoría, la puerta está bloqueada de 11pm a 7am, pero de alguna manera logran entrar. El recepcionista corre y los saca antes de que ocurra una tragedia. Aquí es donde el misterio empieza a tomar tintes de telenovela: ¿cómo rayos lograron entrar si las llaves no deberían funcionar?
Algunos comentarios en la comunidad hotelera creen que tal vez la puerta quedó mal cerrada, o que uno de los chicos se escondió en el baño para después abrirle a los demás. Otros, más experimentados, recuerdan con humor que “después de 22 años en hoteles, ya nada me sorprende”. ¡Y vaya que tienen razón! Hay quien cuenta que en un hotel, durante un festival medieval, los huéspedes hasta desatornillaron la puerta de la piscina para hacer su propia fiesta épica. ¡Imagínate el relajo!
Claro, no falta quien aconseja que revisen el sistema de llaves, porque a veces los renovadores dejan baterías descargadas o llaves maestras olvidadas, y eso se vuelve un dolor de cabeza. Como decía uno de los recepcionistas: “Cada vez que renuevan un piso, las baterías de todas las cerraduras se mueren, y no nos damos cuenta hasta que los huéspedes vienen a reclamar”.
¿Luna llena o solo una noche de locos?
Para cerrar con broche de oro, alguien en la comunidad revisa el calendario lunar y descubre que ni siquiera era luna llena, sino luna nueva. Pero, como bien comentan: “Las lunas nuevas pueden ser igual de locas que las llenas”. Y es que, entre velas de cumpleaños, bares imaginarios y piscinas dignas de “El Chavo del 8”, uno ya no sabe si culpar a la luna, al destino, o simplemente a la creatividad de los huéspedes.
Al final, el recepcionista confiesa que tuvo un presentimiento de que debía pedir la noche libre. ¡Y cómo lo entiende cualquiera que ha trabajado en hospitalidad! Porque si algo nos enseña la vida detrás del mostrador es que nunca, pero nunca, subestimes la capacidad de la gente de sorprenderte.
¿Tú también tienes historias de noches extrañas en tu trabajo? ¿Alguna vez sentiste que todo el universo conspiraba para hacerte la vida imposible durante tu turno? ¡Cuéntanos en los comentarios y hagamos terapia colectiva! Porque, como decimos por acá, “mal de muchos, consuelo de recepcionistas”.
Publicación Original en Reddit: is there a full moon???