No todas las “Karens” son lo que parecen: Crónica desde la recepción de un hotel
¿Quién no ha escuchado hablar de las famosas “Karens”? Ese arquetipo de cliente difícil, exigente y, a veces, un verdadero dolor de cabeza para quienes trabajamos en atención al público. Pero, ¿qué pasa cuando alguien parece ser una “Karen”, pero resulta ser simplemente… muy enfocada en su objetivo? Hoy te traigo una historia que podría pasar en cualquier hotel de Latinoamérica, porque aquí también tenemos nuestros personajes pintorescos detrás del mostrador.
Como buen lunes por la tarde en la recepción de un hotel, todo era un caos: cambio de turno, llamadas acumuladas, huéspedes llegando en fila, y mi compañero aplicando la clásica de “te dejo el problema y me voy”. Así, apenas me acomodé tras el escritorio, viví una experiencia que me recordó que en el mundo de la hotelería, nunca hay días aburridos.
Agua, mariposas y una mujer decidida
Mientras revisaba las llegadas del día y los clásicos pendientes que mi colega del turno anterior siempre “olvida” contarme, las puertas automáticas se abrieron. Entró una mujer vestida de azul, con una blusa adornada de brillantes en forma de mariposa, y caminando directo hacia mí como si tuviera GPS humano. Sin saludo ni buenos días, lo único que dijo fue: “¡Agua!”.
Aquí en Latinoamérica, estamos acostumbrados a que la gente vaya directo al grano, pero nunca falta quien lo lleva al extremo. Pensé: “Esta señora viene decidida, como si acabara de correr una maratón bajo el sol de Veracruz”. Pero gracias a mis 16 años de experiencia, entendí de inmediato que lo que quería era una de esas botellitas de agua gratuitas que regalamos solo al hacer check-in… y según la política inflexible del gerente, fuera de ese momento, hay que pagar.
Le pregunté amablemente:
—¿Desea una botella de agua?
—Sí —dijo, señalando el rincón donde las guardamos.
Le pedí el número de habitación, me lo dio, y le expliqué la política:
—Sólo se da gratis al momento del check-in.
—¡Ah! ¿Entonces la tengo que comprar?
—Así es, $2 cada una.
Pagó en billetes de $1 (¡qué alivio, porque más de una vez me han llegado con billetes de $100!), y le entregué dos botellas en una bolsa metálica. Incluso le ofrecí cambiarlas por unas más frías del refrigerador, pero lo rechazó con la misma determinación.
De clienta seca a conversadora: nunca juzgues por la primera impresión
Unas horas después, salí a tomar un cigarro (sí, los recepcionistas también necesitamos un respiro) y la encontré afuera. Para mi sorpresa, la señora ya no parecía la misma. Platicamos sobre por qué estaba en la ciudad, cómo le estaba pareciendo el lugar… hasta le comenté que me había gustado su blusa de mariposa, y esta vez sí agradeció el cumplido con una sonrisa genuina.
Y es que a veces, las personas que parecen más secas o hasta groseras solo están muy enfocadas en lo que quieren. Como comentó un usuario en el hilo original: “A veces, las Karens no son Karens, solo tienen visión de túnel”. ¡Cuánta razón! Seguro más de un recepcionista en México, Colombia o Argentina ha tenido a esa clienta que entra directa, pide lo suyo y parece que va a armar un escándalo… pero después resulta ser buena onda.
Un comentario que me hizo reír mucho fue el de alguien que dijo: “¿Será que las Karens necesitan agua para funcionar como seres humanos?” Imagínate aplicarlo en la vida real: “¡Señora, tómese una botellita y verá cómo mejora el humor!”
Los comentarios de la comunidad: humor y empatía desde el mostrador
Lo mejor de estas historias es ver cómo otros trabajadores del sector se sienten identificados. Un usuario compartió:
“Me pasa igual cuando los huéspedes llegan y solo dicen su apellido, como si uno fuera adivino. O peor, quienes te lanzan toda su vida en cinco segundos y tienes que descifrar qué necesitan realmente. ¡La gente es rara!”
Otra reflexión interesante fue sobre cómo cada hotel tiene sus propias políticas y a veces los huéspedes se confunden, sobre todo si han estado en varios lugares diferentes. Aquí en Latinoamérica, donde la hospitalidad es casi religión, a veces cuesta decir que no, pero las reglas son reglas (aunque siempre hay excepciones, ¿o no?).
Y por supuesto, no faltó quien animó al autor a seguir contando historias, porque todos sabemos que en la recepción de un hotel hay anécdotas para escribir un libro entero. Como bien dijeron: “Todos tenemos historias, solo cuida los detalles y nunca uses nombres reales”.
¿Realmente existen las Karens? O solo es cuestión de perspectiva
Al final del día, la lección es clara: no todo el que parece “Karen” lo es. A veces solo están cansados, tienen prisa, o están tan enfocados en algo que se olvidan de los modales. Claro, hay clientes difíciles en todos lados, pero también es cierto que una buena plática y un poco de empatía pueden transformar a cualquiera.
Así que si trabajas en hotelería, atención al cliente, o simplemente te topas con alguien que parece “de armas tomar”, recuerda: detrás de cada mirada dura puede haber una historia, o al menos, una buena conversación esperando salir.
¿Tienes alguna anécdota de clientes “especiales” en tu trabajo? ¿Te ha pasado algo parecido? ¡Cuéntamelo en los comentarios! Porque en este rincón, las historias nunca faltan… y las risas, tampoco.
Publicación Original en Reddit: Karen but not.