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No te estaciones aquí si no eres huésped: la odisea de los sábados de fútbol en un hotel universitario

Hay días en que trabajar en un hotel es tranquilo, casi monótono. Pero si el hotel está a pocas cuadras de un estadio universitario y es sábado de partido, prepárate para vivir una verdadera telenovela. Esta es la historia de cómo un simple estacionamiento puede convertirse en el escenario de una batalla campal entre huéspedes, fanáticos y empleados, todo por culpa de unos cuantos que creen que “nadie se va a dar cuenta si dejo el coche aquí nomás por un rato”.

El partido empieza… ¡y el estacionamiento también!

En muchos países de Latinoamérica, los días de clásico de fútbol se viven con pasión desbordada. Pero en Estados Unidos, los partidos universitarios son un verdadero fenómeno social. Imagínate un hotel ubicado cerca de la cancha, con capacidad justa para sus huéspedes y empleados. ¿Qué pasa cuando, de repente, decenas de fanáticos buscan cualquier rincón para dejar su carro e irse caminando al estadio? Pues caos, gritos, autos remolcados y, a veces, hasta puñetazos.

Así le pasó a un recepcionista que compartió su historia en Reddit: en temporada baja, nadie le pide a los huéspedes que dejen sus datos del coche. Pero cuando hay partido en casa, la cosa cambia. Los empleados deben registrar todas las placas, porque el espacio es oro, y el hotel no es estacionamiento público. Sin embargo, siempre hay quien se hace el vivo y deja su auto “por un momentito” para ahorrarse el estacionamiento oficial del estadio.

El resultado: cada sábado hay que salir a la guerra, revisando placas y comparando listas para descubrir a los colados. Mínimo diez autos se van directito al corralón, y sus dueños, usualmente pasados de copas, regresan furiosos exigiendo explicaciones como si les hubieran robado su tesoro.

Entre gritos y amenazas: “¡Mi carro vale más que tu vida!”

La anécdota estrella es digna de un capítulo de “La Rosa de Guadalupe”. Un tipo entra hecho una furia a la recepción, gritando que le robaron el coche. El recepcionista, que ya se sabe este guion de memoria, le pregunta con toda la calma del mundo: “¿Buenas noches, es usted huésped del hotel?”. La respuesta fue el clásico “No, solo vine a estacionarme para el partido”.

Ni tardo ni perezoso, el recepcionista le entrega la tarjeta del corralón: “Llame a este número, ahí le dicen dónde recoger su carro. Estacionarse aquí es solo para huéspedes”. Pero, ¿creen que el tipo se calmó? ¡Para nada! Empezó a insultar, gritar, decir que su auto valía más que la vida del empleado, y hasta exigió que le devolvieran el coche ahí mismo, como si fuera Uber Eats.

Cuando le explicaron que no podían llamarlo porque no tenían su información, y que debía hacerse a un lado para atender a clientes que sí pagaron, la cosa se puso peor: escupitajos, amenazas, intento de golpe… Por fortuna, algunos huéspedes (verdaderos héroes anónimos) ayudaron a controlar al energúmeno hasta que llegó la policía y se lo llevó esposado. Y como buen villano de novela, el tipo seguía gritando que todo era un malentendido y que los demás exageraban.

Opiniones de la comunidad: entre carcajadas y solidaridad

Las reacciones en la comunidad de Reddit fueron oro puro. Muchos lectores latinos seguramente se sentirán identificados con comentarios como “La gente de verdad es bien bruta, pero qué bueno que sus actos tienen consecuencias”. Otros compartieron historias similares: desde restaurantes en Ciudad de México que se llenan de coches ajenos en días de concierto, hasta clubes deportivos en Buenos Aires donde los “colados” se multiplican como gremlins en fiesta.

Un usuario recordó cómo trabajaba en un hotel cerca de un estadio de béisbol y deseaba poder remolcar autos de los colados, mientras otro contó que en su trabajo de seguridad en un club de golf, le tocaba cobrar estacionamiento a los no socios y aguantarse insultos, amenazas y hasta intentos de soborno. “Nada me hacía reír más que ver a adultos haciendo berrinche porque les iban a remolcar el auto”, comentó entre risas.

No faltaron las sugerencias prácticas: algunos recomendaron poner letreros bien visibles con el teléfono del corralón y el costo exacto del servicio, algo así como “mínimo $152”, para que el susto les dure más. Otros bromearon con que sería más barato poner un policía a la entrada, pero claro, eso cuesta dinero, y los dueños prefieren gastarlo en otra cosa.

Lecciones para todos: respeto, sentido común y un poco de humor

Más allá del chisme y el drama, esta historia deja varias enseñanzas que bien aplican para cualquier ciudad de Latinoamérica:

  • El estacionamiento es un recurso limitado, no un derecho divino. Si no eres huésped ni cliente, buscarle tres pies al gato solo te traerá problemas (y corralón).
  • Los empleados de hoteles y comercios merecen respeto. No están ahí para aguantar insultos ni agresiones.
  • Si te llevan el auto, asume las consecuencias con madurez. Como decimos en México, “el que busca, encuentra”.
  • Y sobre todo, nunca subestimes la solidaridad de los buenos clientes. En este caso, gracias a ellos el recepcionista pudo irse a casa temprano, con sueldo completo y una historia que seguro contará en todas las reuniones familiares.

¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo o en tu ciudad? ¿Qué opinas de los que se creen dueños del espacio ajeno? Cuéntanos tu experiencia en los comentarios, ¡y no olvides compartir esta historia con tus amigos para que nadie más termine en el corralón por pasarse de listo!


Publicación Original en Reddit: Don't Park Here If You're Not Staying Here