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¿No quieres combatir? ¡Perfecto, tengo el trabajo ideal para ti en la guerra!

Ilustración al estilo anime de un veterano de la Guerra de Vietnam hablando con un recluta sobre el combate y creencias budistas.
En esta vibrante ilustración al estilo anime, un veterano de la Guerra de Vietnam entabla una conmovedora conversación con un recluta, resaltando las complejidades del deber y las creencias personales. La escena captura la esencia de la compasión y el entendimiento en tiempos de conflicto.

¿Alguna vez te has preguntado qué pasa cuando en plena guerra alguien dice “no quiero pelear”? Imagina estar en Vietnam, en 1969, con el miedo y la tensión a flor de piel, y que de pronto un joven recluta se te acerque y te diga: “Soy budista, no puedo combatir, va contra mis principios”. Parece una escena de película, ¿verdad? Pues esta historia no solo es real, sino que nos deja una lección inesperada sobre el deber, la fe y las consecuencias de pedirle al universo (o al sargento) algo que, quizá, no sabías que podía salir peor.

El budista y el túnel: cuando pedir “no combatir” sale al revés

En plena época de la Guerra de Vietnam, el servicio militar obligatorio (la famosa “leva”) no preguntaba por creencias ni sueños. Te tocaba y punto. Así que nuestro protagonista, un oficial veterano, cuenta que un día se le acercó un recluta joven, con cara de susto y voz temblorosa, diciendo que por ser budista no podía tomar las armas. El oficial, lejos de molestarse, le respondió con una calma que seguro le dio aún más miedo: “No te preocupes, tengo el trabajo perfecto para ti”.

¿Y cuál era ese trabajo? ¡Mapear túneles! Para los que no están familiarizados con la historia de la guerra, los VietCong eran famosos por sus túneles subterráneos, usados para moverse, esconderse y sorprender al enemigo. Meterse ahí era jugársela a lo grande: no solo podías encontrarte con un enemigo a la vuelta de la esquina, sino también perderte para siempre o acabar mordido por alguna serpiente venenosa. Así que el puesto de “explorador de túneles” era, básicamente, el que nadie quería. Y ahí fue a parar el budista pacifista.

Entre la espada y la pared (o el túnel y la serpiente)

Esta decisión del oficial generó un debate tremendo en la comunidad de Reddit. Algunos usuarios, como uno que comentó “La mayoría de la gente se venga llenando la cafetera hasta que rebalsa; este tipo lo mandó directo al agujero de la muerte”, no podían creer la frialdad del castigo. Otros reflexionaban sobre la ética detrás de la historia: “Es fácil juzgar desde fuera, pero en una guerra todos están forzados a hacer lo que nadie quiere”.

En América Latina, donde el servicio militar obligatorio todavía existe en algunos países, muchos entienden bien el dilema: pedir un trato especial puede ser visto como traición al grupo o como cobardía, pero también hay quienes valoran profundamente la objeción de conciencia y la diversidad de creencias. Aquí, como allá, nadie quiere ser el que le toca limpiar la letrina… ¡y menos meterse en un túnel lleno de ratas y peligros!

El resultado fue que el budista, después de solo una semana de “andar de topo”, regresó suplicando: “Prefiero ser soldado normal”. Y el oficial, con ese humor negro que solo da la guerra, le dijo “ok, concedido”.

¿Justicia poética o crueldad innecesaria?

La polémica no tardó en explotar. Un usuario latinoamericano adaptó el clásico “¿Y quién ganó esa guerra?” preguntando: “¿De qué sirvió tanta dureza si al final nadie sale ganando?”. Otros criticaron la actitud del oficial, diciendo que fue una malicia innecesaria: “Esto no es la anécdota graciosa que crees. Es maldad pura”. Sin embargo, hubo también quienes defendieron la lógica militar: “En la guerra todos tienen que ser útiles, no hay espacio para consentir a nadie, menos si es reclutado”.

Y es que, como bien sabemos en Latinoamérica, a veces los jefes usan la famosa “malicia indígena” para enseñarte una lección sin necesidad de gritarte. Te “cumplen” tu deseo, pero de una forma que te hace regresar arrastrándote y pidiendo volver a la normalidad. Como cuando en el trabajo pides no atender clientes y te mandan a archivar papeles en un cuarto lleno de cucarachas. Al final, uno aprende que a veces es mejor callar y cumplir, o al menos elegir bien las batallas.

Más allá de la anécdota: reflexiones para nuestra realidad

No faltó el que se puso filosófico y soltó: “Ojalá este tipo de maldad desaparezca con las generaciones, pero sé que no es tan fácil”. Otro usuario, con tono sarcástico muy a lo mexicano, dijo: “El recluta aprendió la lección… después de ver la luz al salir del túnel”. Y es que la historia no solo habla de la guerra, sino de esos momentos donde pedir algo para evitar un problema te mete en uno peor.

Además, nos recuerda que detrás de cada “historia militar” hay personas forzadas por sistemas que no entienden ni eligieron. La objeción de conciencia es un derecho complicado, y no siempre tiene finales felices. El recluta budista murió hace poco, después de una vida larga y feliz, según el autor. Pero la pregunta queda: ¿le sirvió de algo esa semana en el túnel, o solo fue una crueldad más de la guerra?

Al final, como diría cualquier abuela latina: “Cada quien cosecha lo que siembra”. Y a veces, lo que siembras es un túnel lleno de sustos.

Conclusión: ¿Y tú, qué hubieras hecho?

Esta historia nos deja pensando: en el trabajo, en la vida, en el ejército o en la familia, muchas veces pedir una excepción puede terminar peor de lo que imaginabas. ¿Tú hubieras aguantado una semana en esos túneles? ¿Apoyas la objeción de conciencia, o crees que en situaciones extremas no hay espacio para eso? ¡Cuéntanos en los comentarios! Y si tienes una anécdota de “cumplimiento malicioso” al estilo latino, compártela para reír (o llorar) juntos.

Porque al final, como decimos en México: “El que por su gusto muere, hasta la muerte le sabe”. Y en la guerra, hasta las peticiones más inocentes pueden convertirse en tu peor pesadilla.

¿Tienes alguna historia parecida en tu chamba, escuela o cuartel? ¡Déjala aquí abajo y sigamos la charla!


Publicación Original en Reddit: Draftee doesn't want to fight? Okay.