No, no voy a sacar a los niños de la piscina solo porque su risa te molesta
Ser recepcionista de hotel durante el verano es como ser árbitro en una final de fútbol: siempre hay alguien gritándote, pidiendo algo extra, o reclamando que la vida no es justa. Pero hay días en los que la realidad supera la ficción, y una simple noche de sábado puede convertirse en un episodio digno de cualquier telenovela.
Esta es la historia de cómo el “ruido” de la felicidad infantil puede incomodar a algunos adultos… y de cómo el sentido común a veces tiene que ser tu mejor escudo detrás del mostrador.
Turno nocturno: donde los verdaderos retos comienzan
Imagina estar en el turno de auditoría nocturna un sábado de verano: huéspedes pidiendo almohadas como si fueran empanadas calientes, toallas para secar medio estadio, y, por supuesto, la clásica “petición” de late check out (que en realidad es más bien una exigencia con tono de ultimátum). Entre ese torbellino de solicitudes, llega un señor mayor, de esos que parecen haber olvidado cómo se sentía reír a carcajadas en la infancia.
Con cara de pocos amigos, se acerca y pregunta a qué hora deben salir los niños de la piscina. Al explicarle que la piscina cierra a las 11:00 pm para todos por igual, él, muy convencido, saca el folleto del hotel y asegura que, según ese papel, ningún menor de 19 años puede estar en la piscina después de las 10:00 pm. Cuando le pregunté si los niños estaban solos, responde que no, que están acompañados por sus padres. Le repito entonces que, mientras estén supervisados y no estén causando desorden, todos tienen derecho a disfrutar las instalaciones.
La cara del señor era la imagen perfecta del meme “no es lo que quería escuchar”.
¿El problema? ¡La risa de los niños!
El verdadero “ruido” de la noche no era la fiesta, ni un karaoke al estilo Juan Gabriel, sino algo mucho más simple: la risa de los niños. El señor, completamente serio, parecía más preocupado por esa alegría ajena que por cualquier otra cosa. “Disculpe, pero la felicidad de los niños le molesta, ¿y quiere que los saque de la piscina?”, pensé.
Aquí viene lo mejor: el caballero insiste, insiste y vuelve a insistir. Que el folleto, que la norma, que va a hablar con la gerencia y que el hotel es “una porquería”. Pero regresa minutos después, folleto en mano, y ahora sí, al leerlo juntos, queda claro: los menores solo deben estar acompañados por un adulto. Es decir, los niños con sus papás pueden estar hasta la hora de cierre.
En ese momento, ya harto, le pregunto directamente: “¿Qué quiere que haga entonces? ¿Saco solo a los niños, o también a sus padres? ¿Quiere que los niños vuelvan solos a su habitación?” El señor, sin poder responder a la lógica, solo refunfuña y se va.
La comunidad opina: ¿Hotel o casa de retiro?
Esta historia explotó en Reddit, donde no faltaron los comentarios ingeniosos. Un usuario dijo algo que muchos piensan pero pocos admiten: “Para algunos, el hotel ideal es su propia casa, pero en otro lado y sin nadie más alrededor”. Y claro, la ironía no faltó: “No más Jeopardy, Trebek resucitó y quemó el estudio…”. ¡Así se vive el humor en internet!
Otros aportaron desde su experiencia personal: “Mi esposa prefiere un hotel vacío, pero nunca le pediría a otro huésped que se vaya. Si hay mucho ruido, pide comida por app y se relaja en la habitación”. Más de uno coincidió en que la paz es valiosa, pero no a costa de la diversión ajena. Como bien dijo otro comentarista: “He tenido más problemas con adultos borrachos en la piscina que con niños”.
Por supuesto, hubo quien defendió el derecho al descanso, pero también el sentido común: “Si la piscina está cerca de tu habitación y tienes reunión temprano, es tu responsabilidad pedir un cuarto más alejado, no sacar a los niños que solo están disfrutando”.
Y para quienes se preguntaban si la norma era clara, el propio recepcionista reconoció en un comentario que hablaría con la gerencia para aclarar las reglas y evitar futuros malentendidos. Un gesto que muchos aplaudieron por su profesionalismo.
Reflexión final: Entre la convivencia y la tolerancia
En América Latina, la convivencia es parte de nuestro ADN. Aquí, la risa de los niños es música, y el bullicio es señal de vida. Sí, todos valoramos la tranquilidad, pero también sabemos que los espacios compartidos implican ceder un poco. Si quieres silencio absoluto, mejor alquila una cabaña en la montaña o, como decimos por acá, “ponte unos tapones y déjate de cuentos”.
Al final, el trabajo en hotelería es un arte de equilibrio entre la paciencia, la empatía y, a veces, la firmeza para no ceder ante caprichos. Y si algún día te toca a ti ser el “señor que odia la risa”, recuerda: la infancia pasa volando y la alegría es contagiosa. Mejor relájate, pide un cafecito y disfruta el espectáculo gratis.
¿Y tú, qué habrías hecho? ¿Team piscina llena de niños o team silencio absoluto? Cuéntanos tu historia o tu anécdota más divertida en la recepción, ¡que aquí todos tenemos algo que contar!
Publicación Original en Reddit: No I'm not kicking people out of the pool because the laughter of children bothers you.