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¡No, no me estás haciendo un favor! Crónica de una huésped imposible en el hotel

En el mundo de la hotelería, hay huéspedes para todo: los que agradecen cada detalle y los que, francamente, parecen creer que el hotel se construyó solo para ellos. Y si alguna vez has trabajado de cara al público, sabes de lo que hablo. Hoy te traigo una historia que parece sacada de una telenovela, pero sucedió en la vida real, en la recepción de un hotel en plena boda, con el lobby convertido en escenario de un pequeño (gran) drama.

Prepárate, porque esta no es la típica queja por la almohada dura o el cuarto frío. Aquí el protagonista es... ¡el desayuno! Pero, como diría cualquier abuelita, “donde hay comida, hay pleito”.

Cuando el desayuno se convierte en campo de batalla

Todo comenzó en un hotel donde, como en muchos lugares de Latinoamérica, ofrecen un paquete de desayuno incluido… pero con truco: solo cubre a dos adultos por habitación y, si no lo seleccionaste al reservar, pues a pagar como en cualquier restaurante. Una política que, seamos sinceros, puede dejar a más de uno confundido y con hambre.

En medio de la algarabía de un grupo de boda, dos amigas llegan a la recepción. Una de ellas, la protagonista de nuestra historia, descubre que su amiga sí tiene desayuno incluido y ella no. ¿Qué hace? ¿Lo acepta con resignación? ¡Jamás! La joven arma un escándalo digno de cualquier vecindad mexicana: “¡Esto no es mi culpa! ¡Ustedes cambiaron mi reserva! ¡No tiene sentido que mi amiga sí tenga desayuno y yo no, si reservamos juntas!”

El recepcionista, con paciencia de santo, intenta explicar: “Señorita, usted no eligió la tarifa con desayuno.” Pero la razón no es suficiente cuando el hambre y el drama se mezclan. La conversación entra en bucle, con la huésped repitiendo su mantra de injusticia.

El arte de negociar con un “cliente difícil”

Aquí es donde entra el otro recepcionista, cansado de escuchar la misma queja una y otra vez. Decide hacer lo que muchos de nosotros hemos hecho alguna vez solo para que termine el show: le da el voucher de desayuno como “favor especial”, aunque esa cortesía normalmente solo se usa para compensar algún gran error del hotel.

Y aquí viene el plot twist. En vez de agradecer, la huésped, con aire de diva de novela, exclama: “¡No, no me están haciendo un favor! ¡Así debió ser desde el principio! Ustedes cambiaron algo, porque no tiene sentido que mi reserva y la de mi amiga sean diferentes.”

Al final, la joven sale furiosa a buscar sus maletas, sin que la gratitud pase ni de lejos por su mente. ¿El resultado? Una lección para el personal del hotel: a veces, por evitar un problema, solo alimentas el monstruo de la exigencia.

Como bien comentó un usuario en el foro: “Deberías haberle dicho ‘tienes razón, no es un favor’, y quitárselo.” Pero, como respondió el propio recepcionista, “a veces es mejor no echarle gasolina al fuego de la locura”. En otras palabras, a veces hay que elegir las batallas, aunque sepas que “el cliente” no siempre tiene la razón… ni el mínimo de educación.

La cultura del “derecho a todo” y el desayuno del vecino

¿Te ha pasado que ves a alguien recibiendo algo gratis y de pronto sientes que tú también lo mereces? Es casi como el efecto “si a mi primo le dieron su lonche extra en la fiesta, ¿por qué yo no?”. Así funciona la mentalidad de algunos huéspedes: no importa que hayan pagado menos o que no hayan leído bien al reservar, lo que importa es no quedarse atrás.

Un comentario muy popular en la publicación lo resume perfecto: “Si pides una hamburguesa y tu amigo pide hamburguesa con papas, no puedes enojarte porque tú no tienes papas.” Pero claro, cuando de hotelería se trata, parece que la lógica se queda fuera junto con las maletas.

Otros usuarios del foro, muchos también trabajadores de hoteles, se solidarizan: “La gente con derecho no ve esto como un favor y deberías saberlo a estas alturas. Ahora será problema del próximo que la atienda.” Es la clásica situación de “si le das la mano, te agarra el brazo”, muy conocida en Latinoamérica.

Incluso hubo quien sugirió cambiar la tarifa de la clienta para ajustarla a la de su amiga, pero el recepcionista aclaró que eso implicaría pagar mucho más que la tarifa original, lo que seguro habría generado otro episodio de la telenovela.

¿El cliente siempre tiene la razón? La hospitalidad y sus límites

Trabajar en la recepción de un hotel es, en muchos sentidos, como ser árbitro de un partido de barrio: hagas lo que hagas, siempre habrá quien grite desde la tribuna. La hospitalidad, dicen, consiste en dar el mejor servicio… pero sin dejarse pisotear.

Como reflexionó el recepcionista protagonista, a veces ceder es la manera más rápida de terminar la discusión, aunque sepas que solo estás enseñando a la persona a repetir el mismo comportamiento. “Hay que escoger las batallas”, escribe, “a veces simplemente quieres que alguien deje de hablar”.

La moraleja quedó clara para muchos: si no prestaste atención al reservar, no es culpa del hotel; y si te hacen un favor, por lo menos di “gracias”. Porque, como bien sabemos en esta tierra, la educación y la cortesía abren más puertas que cualquier voucher de desayuno.

¿Y tú, del lado del cliente o del recepcionista?

¿Alguna vez viviste una experiencia similar, ya sea como huésped o como quien atiende al público? ¿Te ha tocado lidiar con personas que sienten que todo se les debe? Cuéntanos tu historia en los comentarios y, sobre todo, la próxima vez que alguien te haga un favor, ¡no olvides agradecer!

Porque, como dicen por aquí, “lo cortés no quita lo valiente”… ni el hambre.


Publicación Original en Reddit: “You're NOT doing me a favor!”