No me des tu celular para pelear con el robot: historias de una recepción de hotel enloquecida
¿Alguna vez te ha tocado ese día en que lo único que quieres es quedarte en cama, pero el universo conspira para lanzarte a la jungla del trabajo? Bueno, pues imagina estar al frente de la recepción de un hotel, lidiando con huéspedes que parecen sacados de una telenovela, mientras tú solo sueñas con tu cama, una película de terror y, si se puede, un poco de tranquilidad.
Esta es la historia de una recepcionista, a quien llamaremos “la Mártir del Turno Nocturno”, que tuvo que enfrentarse a una de las pruebas más temidas en cualquier hotel: una “Karen” armada con un celular, una reserva mal hecha y cero paciencia para lidiar con la inteligencia artificial. Si creías que tu día fue complicado… espera a leer esto.
El turno empieza con susto (y sin cena decente)
Ya de entrada, la cosa pintaba mal: imagina llegar cinco minutos tarde porque te quedaste sin gasolina, vestida con una camisa “prestada” de otro hotel y con solo un pop tart para cenar. Si a eso le sumas un resfriado, un proyecto final sin empezar y el humor de esos días en que la vida te pasa por encima, entenderás por qué nuestra Mártir solo quería desaparecer detrás del escritorio.
Pero nada de eso iba a ser lo más fuerte del turno. El día empezó con un escándalo de esos que solo pasan en hoteles: dos personas de la lista negra rompieron decoraciones de Halloween y hasta aventaron piedras rompiendo una ventana. Cuando llegó la policía, resulta que uno traía pistola. Menos mal que nuestra protagonista no estuvo en ese turno, porque como confesó después, “yo me hubiera ido directo a mi casa”.
Entra la Karen: la odisea de la reserva fantasma
Justo cuando la recepcionista intentaba avanzar con su tarea universitaria, llegó la temida Karen. Si no sabes qué es una “Karen”, es ese tipo de persona que exige hablar con el gerente, nunca acepta un “no” por respuesta y está convencida de que el mundo gira a su alrededor.
Karen llega con toda la actitud y dice que tiene una reserva. Pero, claro, no aparece en el sistema. Tras varios intentos fallidos y confusiones con los nombres, la respuesta era clara: la reserva estaba hecha para la próxima semana, no para esa noche. Pero Karen, en modo “esto es inaceptable”, insiste en que la hizo para hoy.
Aquí es donde la cosa se pone buena: la reserva era por medio de un sitio externo, así que la recepcionista no podía hacer cambios. Le sugirió a Karen llamar al servicio al cliente del sitio. Y aquí viene la joya: Karen marca, se topa con la temida inteligencia artificial (esa voz robótica que todos odiamos), y después de varios intentos frustrados, ¡le pasa el celular a la recepcionista para que ella se encargue de convencer al robot!
Uno de los comentarios más populares en la comunidad decía: “Yo no toco el celular de nadie. ¡Guácala!” Y sí, en Latinoamérica, agarrar el teléfono ajeno es casi como querer meterte a su WhatsApp: ¡un pecado capital! Nuestra Mártir, con toda la diplomacia del mundo, intentó ayudar una vez, pero al ver que la IA interrumpía y la paciencia se acababa, le regresó el teléfono a Karen. Más claro, ni el agua: “En serio, no me des tu celular. No sé dónde ha estado, y tú tampoco sabes dónde han estado mis manos”.
El dilema de las reservas por terceros: lecciones para sobrevivir
Aquí es donde la historia pasa de tragicomedia a lección de vida. Como bien comentó un usuario en Reddit, muchos huéspedes reservan para fechas futuras porque sale más barato, y luego intentan cambiar la fecha al llegar. Por eso, la mayoría de los hoteles no pueden modificar reservas hechas por sitios externos. Para nuestra cultura, donde el “¿no me lo puede arreglar usted, joven?” es casi un deporte nacional, esta situación es pan de cada día.
Y si de tecnología hablamos, la paciencia con las voces robotizadas es poca. Como dijo otro lector: “¿Por qué la gente piensa que el recepcionista es un mago capaz de controlar la web, el clima y el universo con solo un clic?”. La respuesta es sencilla: porque en los hoteles, todo el mundo quiere soluciones inmediatas, pero nadie quiere leer la letra chiquita de las reservaciones.
Humor, empatía y la ley del “kharma” hotelero
Lo mejor de estas historias es que, al final del día, los recepcionistas desarrollan un sentido del humor digno de comedia de stand-up. Entre pop tarts, turnos eternos y huéspedes que parecen sacados de La Rosa de Guadalupe, la vida en la recepción es una montaña rusa. Como comentó otra persona, “Con mi suerte, seguro Karen regresa justo cuando me llegue la pizza”.
En resumen: si vas a un hotel, asegúrate de revisar bien tu reserva, no le pases tu celular a la persona de la recepción (¡ni se te ocurra en Latinoamérica!) y recuerda que, detrás del mostrador, hay alguien que también sueña con irse a casa, ponerse pijama y olvidarse del mundo por un rato.
¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¿Eres del equipo “no toco celulares ajenos” o te animas a ayudar? ¡Cuéntame tu anécdota en los comentarios y comparte este post con ese amigo que siempre termina peleándose con las apps de reservas!
Publicación Original en Reddit: please don’t hand me your phone and ask me to talk to the customer service ai