¡No laves los trastes hasta cerrar! Cuando el sentido común se va de vacaciones en el supermercado
¿Alguna vez te han puesto una regla tan absurda en el trabajo que solo puedes pensar: “¿Esta gente perdió el sentido común?” Prepárate, porque la historia de hoy es el claro ejemplo de cómo una simple queja puede convertir una tarde tranquila en una tragicomedia digna de telenovela… ¡con pilas de trastes y jefes peleando incluidos!
Nuestro protagonista es maestro de primaria por las mañanas y, cuando termina de lidiar con los pequeños terremotos de cuarto grado, corre a su segundo turno: la charcutería de un supermercado en Arizona, esa tierra donde el sol nunca se apaga y los salarios de los maestros… bueno, mejor ni hablar todavía.
Cuando la burocracia le gana al sentido común
Imagina esto: acabas tu jornada de maestro y llegas a la charcutería, donde hay que barrer, trapear, recibir tés y sopas, desmontar la vitrina caliente y, por supuesto, lavar una montaña de trastes que parece salida de una reunión familiar mexicana después de Navidad. Nuestro protagonista ya tenía un sistema perfecto: lavaba los trastes poco a poco y, si llegaba un cliente, simplemente tocaban la campanita y él los atendía. ¡Nada del otro mundo!
Pero llegó el cliente quejumbroso (seguro era el típico que se queja hasta del clima) y no le gustó tener que tocar la campanita. ¿La solución de la gerencia? ¡Prohibido lavar trastes hasta que cierre el departamento! Sí, así como lo lees. Como bien bromeó un usuario en los comentarios, “parece que los jefes creen que uno tiene máquina del tiempo para limpiar todo de un jalón”.
El compliance malicioso: siguiendo las reglas al pie de la letra (y viendo arder el rancho)
El maestro-charcutero, fiel a su espíritu de resistencia pasiva (muy al estilo “no es venganza, es justicia poética”), decidió cumplir la regla al pie de la letra: nada de lavar trastes mientras el departamento estuviera abierto. Solo limpiaba lo que estaba a la vista y atendía clientes. El resultado: la pila del fregadero parecía una escultura moderna, y los trastes amenazaban con caerse al suelo.
Cuando por fin daban las 7 de la noche, se ponía a lavar todo… y claro, terminaba dos horas y media después, generando horas extra que la empresa no quería pagar. Como bien comentó otro usuario, “es el colmo: primero quieren que no laves trastes, y luego se quejan porque te tardas mucho lavando trastes”.
El choque de titanes: gerentes peleando y horas extra para el maestro
Después de varios días de este absurdo, el protagonista fue llamado a la oficina: la gerente de charcutería y el subgerente estaban ahí, listos para el interrogatorio. “No deberías tardar tres horas en lavar los trastes”, reclamó el subgerente. La gerente, furiosa, preguntó por qué no se lavaban trastes entre clientes. Y el maestro, con la calma de quien sabe que está a punto de soltar la bomba, respondió: “La gerencia dijo que no podía lavar trastes hasta cerrar”.
La discusión subió de tono. Volaron acusaciones, gritos y hasta amenazas sobre a qué departamento le iban a cargar las horas extra. Como bien dijo un comentarista: “Ese momento en que el subgerente se da cuenta que se disparó en el pie… priceless”. Al final, le dijeron que mejor volviera a lavar trastes entre clientes. Pero eso sí, el maestro se embolsó casi nueve horas extra esa semana. ¡Hasta comentó que tal vez se compraba unos zapatos nuevos!
Reflexiones: cuando ser maestro en EE.UU. no alcanza… ni para los zapatos
Más allá de la comicidad de la situación, los comentarios de la comunidad tocaron un tema que duele: ¿por qué un maestro, alguien con estudios y vocación, necesita un segundo trabajo solo para comprarse unos zapatos? Un usuario lo resumió así: “Tus propios compatriotas no te respetan”. Y es que, como muchos señalaron, los salarios para maestros en Arizona dejan mucho que desear, y esa realidad no es ajena a varios países de Latinoamérica.
Otros usuarios aportaron su sabiduría popular: “En mi trabajo decían: ‘Si tienes tiempo para apoyarte en la escoba, tienes tiempo para limpiar’”. Y algunos, con el típico humor ácido, dijeron: “A los supermercados les encanta contratar gente inteligente… que nunca acepte ser gerente”.
En el fondo, la historia es un espejo de lo que pasa cuando las reglas se imponen solo para tapar el ojo al macho, sin pensar en el trabajo real, ni en quienes lo hacen. Y como dirían en el barrio, “no es por molestar, pero si sigues haciendo reglas tontas, solo vas a gastar más en horas extra… o en platos rotos”.
Conclusión: ¿A ti también te ha pasado algo así?
¿Te han puesto reglas absurdas en el trabajo que solo complican todo? ¿O has visto a jefes pelearse por cosas que no tienen sentido? Cuéntanos tu historia en los comentarios. Porque, al final, todos hemos sido ese empleado que, entre risas y resignación, solo sigue las órdenes… y deja que los jefes se arreglen el desastre que ellos mismos crearon.
¡Nos leemos en la próxima anécdota de oficina, supermercado o donde sea que la lógica laboral se vaya de vacaciones!
Publicación Original en Reddit: No Dishes until department closes!