¡No es mi responsabilidad! La tragicomedia de entrevistas en el hotel que nadie quería atender
¿Te imaginas llegar temprano a una entrevista de trabajo, con la esperanza de empezar una nueva etapa profesional, solo para darte cuenta que los entrevistadores ni aparecen? Ahora, imagina que todo esto sucede en la sala de reuniones de un hotel, con gente que parece más salida de una película de narcos que de una agencia de seguridad. Así arranca esta historia real, que bien podría ser un episodio de “La Rosa de Guadalupe” versión laboral.
En un hotel cualquiera, donde la recepción ya ha visto de todo, una empresa de seguridad decidió instalarse por casi un mes para hacer entrevistas… y vaya que el caos no se hizo esperar.
Cuando la sala de reuniones se convierte en “zona de guerra”
Todo comenzó, como muchas historias de trabajo en Latinoamérica, con la buena fe del hotel: prestaron la sala de reuniones SIN cobrar de entrada, porque la gerente pensó que solo sería un par de días. “Total, ¿qué puede pasar?”, pensó. Error de novata. La empresa de seguridad se adueñó del espacio por casi un mes, como si fuera la sala de su casa, y ni un peso extra pagaron.
El sábado en cuestión, seis aspirantes madrugaron y, puntuales como buen mexicano esperando la combi, llegaron a las 9 a.m. para su gran entrevista grupal. Pero los entrevistadores, dignos de la impuntualidad que caracteriza a los jefes que nunca dan buen ejemplo, se aparecieron 45 minutos tarde. Ya para ese entonces, uno de los entrevistados —con cara de “¿y ahora qué hago aquí?”— preguntó a la recepcionista:
—“¿Oye, y los jefes?” —“No sé, seguramente están en sus habitaciones.” —“Pero, ¿no los vas a buscar?” —“¡No, yo no soy responsable de ellos! Lo que hagan en sus cuartos no es asunto mío.”
¡Y cómo no! En la recepción ya están curados de espanto. Como bien decía una comentarista: “Si ni la empresa se toma en serio sus entrevistas, ¿cómo van a cuidar la seguridad de algo?” Puro sentido común.
El show debe continuar… ¿o no?
La historia se pone mejor. Apenas comenzaron las entrevistas, una de las entrevistadoras (sí, no era aspirante sino encargada de seleccionar) decidió que ya tenía suficiente. Subió a su cuarto, empacó y bajó a recepción con cara de “ni para esto me pagan”:
—“Ya me voy, quiero hacer check-out. ¡No puedo más!”
Y así, sin más, abandonó el barco. Los del hotel, como cualquier latino que ya sabe que “el que se va sin que lo corran, regresa sin que lo llamen”, solo asintieron, hicieron el check-out y anotaron que la empresa igual debía el resto de la estancia. Eso sí, como la reservación fue por agencia, el hotel igual cobró la plata completa. ¡Milagros de la tercerización!
Un usuario del foro, con la sabiduría popular que caracteriza a los latinos, comentó: “La señora que se fue hizo lo correcto, valorar el tiempo propio es clave. Si el empleador ni llega a tiempo, para qué perder tu vida allí.” Nada más cierto, ¿no?
¿Entrevistas de seguridad… o casting para “El Marginal”?
Muchos en el foro no pudieron evitar notar que los aspirantes, según el recepcionista, parecían recién salidos de prisión, o por lo menos con cara de que pronto entrarían. Uno bromeó: “No odien a quienes parecen exconvictos, seguro son los únicos que pasan el examen antidrogas y llegan puntuales”. La ironía es total, porque en este tipo de trabajos en Latinoamérica, a veces piden más “presencia” que experiencia.
Por si fuera poco, la política de la empresa era casi como los anuncios de “Se solicita personal SIN experiencia”: si respiras y pasas el antidoping, ¡contratado! No faltó quien comparara la situación con esos empleos raros que publicitan en la radio, tipo “trabaje desde casa”, pero versión reclutamiento exprés.
Y mientras tanto, la sala de reuniones se volvió un club social gratuito para la empresa, que nunca pagó un peso extra. Como diría cualquier tía: “Nadie da paso sin huarache, pero estos sí que abusaron.”
Reflexión final: La importancia de valorarse (y cobrar todo por adelantado)
En todo esto, lo que más sorprende es la normalización del caos en el mundo laboral latinoamericano: impuntualidad, falta de organización, poco respeto por el tiempo ajeno y, por supuesto, empresas buscando ahorrarse hasta el último centavo. Pero también hay quienes, como la entrevistadora que se fue, deciden no tolerar malos tratos ni perder su tiempo.
¿Y el hotel? Aprendió la lección a la mala: la próxima vez, cobrarán por adelantado y hasta por los cafés. En esta tierra, la experiencia enseña a poner límites… y a no confiar en empresas de seguridad “patito”.
¿Alguna vez te tocó vivir una entrevista igual de surrealista? ¿Crees que la impuntualidad es algo que debemos normalizar en nuestro trabajo? Cuéntame tu historia en los comentarios y sigamos riéndonos —o llorando— juntos de estas joyas del mundo laboral latinoamericano.
Publicación Original en Reddit: He's not my responsibility!