Nieve, descuentos y locura: Aventuras en la recepción de un hotel durante una tormenta
Dicen que cuando cae la nieve, caen también los tornillos… o al menos eso parece cuando trabajas en la recepción de un hotel en plena tormenta en Nueva York. Imagínate: el mundo afuera congelado, los vuelos cancelados, el hotel lleno de gente varada y una recepcionista (yo) que lleva días sin ver su casa, durmiendo en una habitación del hotel. Si creías que los huéspedes se ponían intensos solo en verano, espera a ver lo que pasa cuando el frío y el encierro les congelan la paciencia.
Cuando la nieve cae, los precios suben… ¿o bajan?
La historia empieza con una pareja que, como muchos otros, quedó atrapada por el temporal y tuvo que extender su estadía. Hasta ahí, todo normal. Pero la verdadera tormenta empezó cuando bajaron a recepción pidiendo, casi suplicando, un descuento por la noche extra. Les expliqué que la tarifa normal era de 159 dólares, pero que podía dejarles la noche en 122, un precio casi milagroso considerando que el hotel no es precisamente de paso, sino uno donde el confort se paga.
Pero nada los convencía. “¿No puedes bajar más? ¿No habrá algo más barato? ¡Seguro que sí puedes!”, insistían como si estuvieran regateando en un tianguis de Coyoacán. Les expliqué, con toda la paciencia de una abuelita, que el hotel también tiene que pagar cuentas, y que ya estaba en la tarifa más baja posible. ¿Creen que se conformaron? ¡Para nada! Volvieron a intentarlo varias veces, cada vez con más insistencia, como si la nevada fuera mi culpa y yo pudiera regalarles la habitación.
Uno de los comentarios en Reddit lo resumió tal cual lo vivimos los recepcionistas: “A estos clientes hay que decirles que ya recibieron la mejor tarifa, y que si encuentran algo más barato, pueden irse a otro hotel. Fin de la historia.” Pero claro, muchos no se van, porque en una tormenta así, conseguir otra opción es como buscar tamales en pleno julio: misión imposible.
Problemas, quejas y… ¡más descuentos, por favor!
Como si no fuera suficiente con la nevada y el regateo, la pareja encontró más motivos para quejarse. Primero, el esposo bajó a decir que la puerta trasera no cerraba. Le expliqué que, con la nieve acumulándose sin toldo, era normal que se atasque. Fui y paleé la entrada para despejarla, pero su reacción fue como si hubiera visto un ovni: “Bueno, solo te avisaba”, con una cara de pocos amigos, esperando quizá que le pusiera una alfombra roja.
No pasó mucho antes de que volvieran a la carga. La esposa bajó una vez más para ver si podía conseguir una tarifa aún más baja para otra noche. Y cuando no lo logró, se fue refunfuñando, como si el hotel le debiera algo por los vuelos cancelados. Aquí es donde otro usuario de Reddit, adaptando la lógica latina, dijo: “No tenemos el dinero de su vuelo, señora. Así son las cosas. Si no le parece, puede buscar otro alojamiento.”
No faltó quien señalara que este tipo de clientes solo buscan acumular quejas para pedir noches gratis, como si fuera un deporte nacional. Y, claro, en todos lados hay quien sueña con quejarse tanto que terminen regalándoles la estadía. “Si quieren una noche gratis, mejor que se vayan y le demos el cuarto a alguien que sí valore el servicio”, opinó un comentarista, y no le falta razón.
Renovaciones y paciencia: el arte de sobrevivir a los huéspedes difíciles
Como si la vida no fuera ya lo suficientemente divertida, el hotel estaba en plena “renovación suave”: cambiando alfombras, pintando paredes, moviendo muebles… nada del otro mundo, pero sí con su buena dosis de ruido durante el día. Y ahí fue cuando la esposa llamó a las 5:45 pm para quejarse de los ruidos y pedirme que detuviera la obra. Le expliqué que en quince minutos terminaban, pero que no podía pedirles que “hagan menos ruido”, porque, vamos, ¿quién ha visto una remodelación silenciosa?
Lo mejor fue cuando, indignada, me dijo que ella llevaba años trabajando en construcción hotelera y jamás había visto algo igual. Colgó el teléfono echando humo, y su esposo siguió bajando a recepción a lamentarse de que no podía irse. “Señor, yo tampoco he salido del hotel desde el domingo”, pensé, pero a veces hasta uno mismo se convierte en el psicólogo de los huéspedes.
Consejos de la comunidad y moraleja para sobrevivir
En los comentarios de Reddit, hubo sabiduría popular digna de abuelita mexicana: “Si la gente es necia, no va a cambiar. Si son amables, hay que agradecerles y devolverles el gesto. Pero a los que siempre piden más, ni cómo ayudarles.”
Otros sugirieron cobrar una “tarifa por queja”, como para que se les quiten las ganas de inventar problemas. Y, por supuesto, no faltó el clásico: “¿No están contentos? Hay otros hoteles. Aquí no es tianguis ni pulga, es un hotel serio.”
Y un consejo para los viajeros: ¡contraten seguro de viaje! Porque ni el mejor descuento del mundo compensa el mal rato si el clima decide jugar en tu contra.
El cierre: ¿y tú, qué harías?
Trabajar en la recepción de un hotel en plena tormenta es como estar en una novela de Gabriel García Márquez: nunca sabes qué personaje va a aparecer ni qué historia te va a contar. Entre la nieve, los descuentos imposibles y las quejas sin fin, solo queda reírse, respirar hondo y recordar que, al final, todos solo queremos llegar a casa sanos y salvos.
¿Y tú? ¿Te ha tocado lidiar con clientes así de intensos? ¿O alguna vez fuiste el huésped varado que pidió el descuento imposible? Cuéntame tu historia en los comentarios y, si te gustó el relato, ¡compártelo para que más gente sobreviva con humor a las tormentas de la vida!
Publicación Original en Reddit: snow weather brings in the crazies