¡Multa por estacionar donde no debía! ¿Y ahora el hotel tiene la culpa?
Trabajar en la recepción de un hotel puede ser todo un espectáculo. Hay días en los que uno siente que está en una novela de realismo mágico: llegan huéspedes de todas partes, cada uno con su historia, sus costumbres y, claro, sus expectativas. Pero a veces, esas expectativas se pasan de la raya… ¡y hasta de la cordura!
Esta es la historia de un huésped que, convencido de que el hotel era el “dueño y señor” de la ciudad, decidió estacionar donde se le antojó, ignorando todos los avisos de “No estacionar”… y luego, como si nada, exigió que el hotel le pagara la multa. ¿Te suena conocido?
La ley del “yo escucho lo que quiero”
En muchos hoteles de grandes ciudades de Latinoamérica, el estacionamiento es un lujo: hay que pagarlo aparte y suele estar a la vuelta de la esquina, no justo en la puerta. Eso sí, el personal siempre explica con paciencia dónde está el estacionamiento y cuáles son las reglas del juego. Pero, como diría la abuela, “no hay peor sordo que el que no quiere oír”.
Así le pasó a nuestro protagonista. Al llegar, le explicaron que el estacionamiento del hotel era con costo y estaba justo a la vuelta. Pero él, como muchos, solo escuchó lo que le convenía. Decidió estacionarse justo frente al hotel, donde claramente había letreros —de esos grandes, rojos, imposibles de ignorar— que decían “Prohibido estacionar”. Pero, pues, ¿qué importan las reglas cuando el mundo gira a tu alrededor?
Al día siguiente, el huésped llega furioso a la recepción:
—¿Dónde está el estacionamiento? —pregunta, con cara de pocos amigos.
—A la vuelta, como le explicamos al llegar —responde el recepcionista, con la paciencia de un santo.
—¡Ah! Es que pensé que era aquí enfrente… ¡y ya me multaron!
—Lo siento mucho, pero no podemos hacer nada.
—¿Y ustedes me van a pagar la multa? ¡Porque esto es claramente culpa del hotel!
Aquí es cuando uno se da cuenta de que hay gente que, en serio, piensa que el personal del hotel tiene poderes mágicos: pueden controlar la policía, cancelar multas, ¡y hasta repartir tarjetas de “salga libre de la cárcel” como en el Monopoly!
“El cliente siempre tiene la razón”… ¿de verdad?
Lo más divertido de estas historias es que no son casos aislados. Como compartió un usuario en el foro, una vez un huésped exigió que el hotel le pagara la multa… ¡aunque se la habían puesto a varios kilómetros de distancia! Según él, como el hotel ofrecía estacionamiento, la oferta “aplicaba para toda la ciudad”. Nada más faltó que pidiera que también le llenaran el tanque de gasolina.
Otro comentarista soltó una frase digna de camiseta: “La estupidez no se puede arreglar, solo se puede tapar con cinta adhesiva”. Y aunque suene duro, es real. ¿Cuántas veces nos hemos topado con personas que, por no leer los avisos o preguntar, terminan enredándose solitas y luego buscan a quién echarle la culpa?
En Latinoamérica, seguro que más de uno ha visto escenas similares: clientes exigiendo que el supermercado pague la grúa porque dejaron el coche en la zona de carga, o que el banco les reponga el celular porque lo perdieron sentados en la sucursal. Y al final, siempre encuentran la manera de echarle la culpa a cualquiera menos a ellos mismos.
El arte de responsabilizar… a los demás
Uno de los comentarios más atinados de la comunidad fue: “Es increíble cómo hay gente que no asume ninguna responsabilidad por sus acciones. Ojalá pudiéramos decirles que la multa es un ‘impuesto por ser distraído’”.
La mejor parte es que el huésped, convencido de que el hotel tenía que hacerse cargo, fue a buscar al gerente y trató de explicarle que era su deber pagar la multa. Como si el hotel tuviera el poder de negociar con la policía de tránsito: “Oye, compadre, ¿le puedes quitar la multa a mi huésped que se estacionó en zona prohibida?”.
Y ojo, no es que el personal sea antipático o poco servicial. Todo lo contrario: mucha gente en la recepción hace hasta lo imposible por ayudar. Pero hay límites. Como diría cualquier latino, “¡no me pidas peras al olmo!”. Uno puede ser amable y buscar soluciones, pero pagar las consecuencias de la terquedad ajena… eso sí que no.
Una lección para todos: la calle no es del hotel
Este tipo de historias nos dejan una enseñanza para la vida (y para el próximo viaje): las reglas viales y los letreros no están de adorno. No importa cuántas estrellas tenga el hotel, la calle es de la ciudad y las multas también. Creer que el hotel tiene superpoderes para cancelar infracciones es como pensar que el portero del edificio puede hacer llover a pedido.
Así que la próxima vez que viajes y busques estacionamiento, pregunta, lee los letreros y, sobre todo, no le eches la culpa a los demás si rompes las reglas. Como bien dijo un usuario en el foro: “Si quieres que el hotel pague tu multa, primero paga tú todas las cuentas del hotel… ¡y luego vemos!”.
Al final, estas anécdotas nos recuerdan que el sentido común es el menos común de los sentidos. Y que, a veces, la mejor respuesta es una sonrisa y un “Lo siento, pero no está en mis manos”.
¿Te ha pasado algo parecido? ¿Alguna vez te tocó ser testigo de un cliente así de terco? ¡Cuéntanos tu experiencia en los comentarios! Porque, al final, todos tenemos una buena historia de hotel… y de clientes que viven en su propio mundo.
Publicación Original en Reddit: I got a ticket! Are YOU going to pay for that?!😡