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Mi tercer turno en recepción: sangre, sustos y un huésped que casi se muere… pero no

Representación en 3D de una escena caótica con un huésped colapsando en una piscina, destacando un momento dramático en un turno.
Esta vibrante ilustración en 3D captura el intenso momento en que un huésped colapsó en una piscina de sangre durante mi tercer turno matutino. ¡Sumérgete en mis experiencias mientras comparto los altibajos de trabajar en un ambiente agitado!

¿Alguna vez has sentido que la vida te lanza una escena digna de telenovela justo cuando apenas vas calentando el café? Así fue como empezó mi tercer turno matutino como recepcionista de hotel: con el corazón en la garganta y un huésped desmayado en un charco de sangre. No, no es el tráiler de una serie de suspenso, es solo un día más en el mundo de la hospitalidad, versión “¡qué rayos está pasando aquí!”.

Hoy te cuento una de esas historias que parecen inventadas; pero te juro por la Virgen de Guadalupe que fue real. Y como buen chismoso, no me puedo quedar callado. Así que prepárate, porque esta es la clase de anécdotas que hacen que trabajar en hotelería sea tan impredecible como la vida misma.

El turno que empezó como cualquier otro… hasta que todo se descontroló

Imagina: eres nuevo en tu trabajo, llevas apenas dos o tres turnos matutinos y, para colmo, te dejan solo en la recepción. Apenas terminaba de acomodar las llaves, cuando un huésped llega corriendo, pálido y agitado, diciendo: “¡Tienes que llamar al 911, un señor se cayó y está sangrando mucho!”. Aquí en Latinoamérica, “911” no es solo un número, ¡es la señal de que el día se fue al carajo!

Intenté usar el teléfono del hotel, de esos que parecen reliquia de la abuela y tardan una eternidad en marcar. Ni modo, agarré mi propio celular, porque aquí lo importante es actuar rápido, no andar con formalismos.

Mientras marcaba, la gerente del restaurante, Jenny, también llegó hecha un torbellino pidiendo ayuda. Y la cocinera, Mary, entró diciendo que había que llamar a la policía. ¿Qué les digo? Parecía que todos tenían instrucciones distintas y yo, con mi cara de “recién contratado”, solo quería que llegaran los paramédicos.

El caos, el pánico y la sangre: cómo reaccionar (o intentar reaccionar)

Cuando la operadora contestó, me pidió detalles del accidente. Yo, con los nervios, asumí que la herida era en el cuello (¡grave error!), pero la cajera y los huéspedes aclararon que era la nariz o la boca. Todos estábamos más asustados que el Chavo cuando lo regañan.

En ese momento, Jenny regresó y soltó la bomba: “¡Ya se murió!”. Yo casi me voy de espaldas. Por suerte, resultó que el huésped simplemente dejó de moverse, pero el susto ya nadie me lo quitó.

La operadora me pidió que fuera a revisar personalmente. Cuando llegué, la escena era de película: el señor tirado en el piso, rodeado de un charco de sangre, y dos huéspedes más intentando ayudar. Uno de ellos, muy seguro, sugirió ponerle almohadas en la cabeza… pero aquí viene un dato importante que compartió un usuario del foro: mover la cabeza o el cuello de alguien accidentado puede ser peligrosísimo si hay posibilidad de lesión cervical. Mejor solo girar la cabeza si hay peligro de asfixia, y nada más si no eres paramédico. ¡Ojo con eso, banda!

Al final, los paramédicos llegaron y se lo llevaron al hospital. Resulta que el pobre hombre había sufrido una convulsión, se desmayó y se pegó en la cara con el mostrador, por eso la sangre. Los policías y yo andábamos buscando información del huésped, pero nadie lo reconocía. Era un viajero de negocios, solo, sin datos de contacto… el clásico “misterioso de paso”.

Humildad, empatía y esas cosas que no te enseñan en la capacitación

Lo que más me impresionó fue la reacción del huésped después. Regresó por la tarde, como si nada, y se disculpó por “el inconveniente”. ¿Un inconveniente? ¡Casi se nos muere en el lobby! Pero, como bien compartió un lector en Reddit, mucha gente con epilepsia o problemas médicos crónicos ya está tan acostumbrada a estos episodios que se sienten apenados por causar molestias, aunque no sea su culpa.

De hecho, otro usuario contó que su jefe, quien es cuadripléjico, siempre pide disculpas cuando necesita ayuda extra. Aquí en nuestra cultura a veces también pasa: la gente humilde suele minimizar sus problemas, aunque sean mayores que los de cualquiera.

Por otro lado, la solidaridad y el trabajo en equipo salieron a flote. La gerente general, Olivia, me felicitó como si hubiera salvado el mundo. El representante de la empresa, Tom, me echó flores y hasta avisó a la jefa de mi buena reacción. Al final del turno, por más espantosa que haya sido la experiencia, me sentí orgulloso de haber mantenido la calma (bueno, más o menos).

Reflexiones y aprendizajes para la vida (y el trabajo en hoteles)

Esta historia no solo es para asustar a los nuevos en el hotel, también deja varias lecciones. Primero: nunca subestimes la importancia de una buena capacitación en primeros auxilios. Segundo: actuar rápido puede marcar la diferencia, pero siempre con cuidado de no hacer más daño. Y tercero: en el mundo de la hospitalidad, hay que estar listos para todo, desde huéspedes malhumorados hasta emergencias médicas.

Una de las cosas que más me marcó fue ver la imagen del accidente cada vez que entraba a la oficina, detenida en la cámara de seguridad. Es algo que no se olvida fácil, pero también te hace valorar el papel que jugamos quienes trabajamos cara al público.

¿Y tú? ¿Alguna vez te ha tocado vivir algo así en tu trabajo? ¿Crees que estarías preparado para reaccionar en una situación de emergencia? Cuéntame en los comentarios, que aquí el chisme y el aprendizaje se comparten mejor entre todos.

¡Hasta la próxima historia de hotel, donde nunca sabes si el desayuno continental será lo más emocionante del turno… o si la vida te va a dar una sorpresa de infarto!


Publicación Original en Reddit: It Was My Third Morning Shift Ever… and a Guest Collapsed in a Pool of Blood