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Mi primera noche como auditor nocturno: fantasmas, huéspedes raros y un amanecer inolvidable

Turno de auditoría nocturna en un restaurante tenuemente iluminado, con una atmósfera fantasmal y escalofriante.
Vive la inquietante atmósfera de mi primer turno de auditoría nocturna, donde las sombras bailan en la luz titilante. Acompáñame en este viaje cinematográfico lleno de encuentros espeluznantes, huéspedes inquietantes y la tranquilidad del amanecer que rompe la oscuridad tras una larga y misteriosa noche.

¿Alguna vez te has preguntado qué sucede realmente en un hotel cuando todos los huéspedes duermen? No es como en las películas, pero tampoco es tan tranquilo como uno imagina. Hoy te traigo una historia que parece salida de una mezcla entre “El Conjuro” y una comedia de situaciones: la primera noche de un auditor nocturno enfrentando fantasmas tecnológicos, huéspedes incómodos y la eterna lucha contra el sueño.

El turno maldito: cuando el sueño es para los débiles

Todo comenzó como una noche normal. Nuestro protagonista (llamémosle “el valiente de la recepción”) se preparaba para su turno vespertino, pero por esas cosas de la vida –como suele pasar en cualquier trabajo en Latinoamérica cuando falta alguien sin aviso– le tocó cubrir la auditoría nocturna porque el auditor titular no apareció y el gerente estaba fuera. Y claro, ¿quién se niega cuando la jefa no está y el deber llama?

El ambiente de la noche en un hotel, conocido popularmente como “el turno cementerio”, no tiene nada de romántico. Según el propio protagonista, “es creepy, por algo le dicen ‘graveyard’”. Imagínate, solo en el lobby, las luces bajas, el silencio incómodo y uno que otro ruido raro que solo escuchas cuando tu cuerpo te suplica dormir.

Todo iba bien hasta que… ¡aparece un último check-in en el sistema! Las puertas ya estaban cerradas, así que tocó esperar a que el cliente apareciera como fantasma en la madrugada.

Cuando la tecnología se pone paranormal (y el corazón se acelera)

Mientras esperaba, sucedió algo digno de un episodio de “La Hora Marcada”: las luces del restaurante se encendieron solas. ¿Un fantasma? ¿Un ladrón? ¿Un duende bromista? El susto fue real, sobre todo porque justo antes había escuchado pasos. Aquí cualquier mexicano diría: “¡Ya valió! Seguro es el Nahual”.

Pero no, la realidad fue menos mística y más tecnológica: un error en el sistema hacía que las luces se prendieran a medianoche porque el software confundía el mediodía con la medianoche. Aun así, como bien comentó otro usuario en el foro, “aunque te expliquen, igual da miedito cuando todo pasa solo”.

Y es que, como aportó alguien de la comunidad con años en el turno nocturno, “te acostumbras a los fantasmas, lo que me da miedo son los vivos”. ¡Cuánta razón! En Latinoamérica decimos: “Más vale un fantasma que un cliente pasado de copas”.

El huésped incómodo y la sabiduría del turno nocturno

Por fin llegó el último huésped y, cuando el auditor pensó que todo había terminado, otro cliente ya registrado salió a fumar y regresó con una actitud… digamos, “extraña”. Empezó a hacer preguntas sobre el acento del recepcionista y soltó un “¡Hace calor! Sigue hablando”, con esa mirada que solo los borrachos o los que creen que están en una novela de Televisa pueden poner.

Nuestro protagonista, como buen latino prevenido, se hizo el ocupado y se refugió en la oficina trasera. Pero el huésped regresó, esta vez diciendo que su llave no funcionaba en el elevador y pidiendo compañía. Por supuesto, el auditor no cayó en la trampa: le explicó cómo usar la tarjeta y, sorpresa, la llave sí servía.

Aquí vale la pena rescatar la sabiduría de un veterano en Reddit: “Nada bueno pasa después de la 1:30 am”. De hecho, hay quien prefiere no contestar el teléfono después de esa hora, porque si necesitas algo a esa hora, ¡mejor duérmete! ¿O no?

Amanecer entre fantasmas y una lección para valientes

Entre intentos fallidos de dormir en la incómoda silla de la recepción y adelantando trabajo (como buen latino que aprovecha el tiempo muerto), nuestro protagonista finalmente decidió subir a la azotea. Allí, después de una noche digna de película de terror-comedia, recibió su recompensa: un amanecer espectacular que, según sus propias palabras, fue lo único que valió la pena de la jornada.

Muchos en la comunidad coincidieron en que trabajar de noche es de valientes, y que después de un tiempo uno se vuelve inmune a los sustos, sean paranormales o de clientes pasados de tragos. Como dice un dicho popular: “El muerto al pozo y el vivo al gozo… pero el auditor nocturno, al café”.

Otros agregaron que, aunque los fantasmas son parte del folclore hotelero (y de cualquier edificio viejo en Latinoamérica), lo que realmente asusta son los clientes incómodos o las historias de terror que ellos mismos traen. Hay quien hasta prefiere convivir con espíritus antes que con algunos huéspedes.

¿Te animarías a vivir una noche así?

Ser auditor nocturno no es para cualquiera. Se necesita paciencia, nervios de acero y, por supuesto, sentido del humor. Y aunque nuestro protagonista le puso un 1/10 a la experiencia (¡el punto se lo dio al amanecer!), muchos reconocieron en los comentarios que ese primer turno de miedo es casi un rito de iniciación.

¿Tú te atreverías a trabajar de noche en un hotel? ¿Qué harías si las luces se prenden solas o si te topas con un huésped demasiado “amistoso”? Cuéntanos tus historias o tus peores sustos de oficina en los comentarios. ¡Que no te espanten los vivos… ni los muertos!

Y recuerda: si alguna vez te toca el turno cementerio, lleva café, buen humor y, por si acaso, un par de ajos… ¡nunca está de más!


Publicación Original en Reddit: My first time doing night audit – ghosts in restaurant, creepy guest… and sunrise