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Mi mejor amigo es un “Kevin”: Crónicas de un desastre con patas

Un joven con autismo leve, sonriendo y pensativo al aire libre, encarnando la esencia de la amistad y el cuidado.
En esta imagen fotorrealista, vemos a Kevin, un joven de gran corazón que navega la vida con una sonrisa cálida. Su naturaleza genuina resplandece, recordándonos las bellas complejidades de la amistad y los desafíos que esta conlleva.

Todos tenemos a ese amigo que, por alguna razón, la vida se empeña en ponerle zancadillas a cada paso… o mejor dicho, que se tropieza solo. Mi mejor amigo es uno de esos personajes. Y no, no lo digo con mala onda: lo quiero como a un hermano, pero a veces pienso que un día va a salir en las noticias porque accidentalmente quemó la ciudad intentando cocinar pasta.

Si alguna vez escuchaste el término “Kevin” en internet, sabrás que se refiere a esa persona que, aunque de buen corazón, parece que le falta un tornillo cuando se trata de sentido común. La historia original en Reddit sobre “Kevin” me hizo reír y reflexionar tanto, que tenía que compartirla con ustedes, porque —créanme— en América Latina todos conocemos a un Kevin (o lo hemos sido en algún momento).

Las Aventuras de Kevin: De la Cocina al Apocalipsis Doméstico

Kevin tiene poco más de 20 años, es buen tipo, ¡pero qué bárbaro para meterse en líos! Su mamá siempre fue sobreprotectora, así que nunca aprendió a valerse por sí mismo. Por ejemplo, la primera vez que lo dejaron solo en casa, decidió cocinar pasta. Hasta ahí todo bien… si no fuera porque puso la pasta y la sal, encendió la estufa y SE LE OLVIDÓ el agua. El resultado: alarma de humo, olla quemada y, para rematar, intentó apagar la alarma con un palo de escoba y la rompió.

¿Aprendió la lección? Claro que no. Pensó que usar el microondas sería más fácil. Así que envolvió papas en papel aluminio, luego en servilletas de papel (para que no se incendiaran, según él) y las metió al microondas por treinta minutos. Cuando el microondas empezó a echar chispas, Kevin, con cara de filósofo confundido, pregunta: “¿Eso significa que ya está listo?”. Si esto fuera una telenovela, aquí entraría la música dramática y el grito de “¡Kevin, por el amor de Dios!”.

Kevin y la Odisea de la Vida Adulta

Sus peripecias no paran ahí. La semana siguiente, Kevin se quedó sin calcetines limpios. Decidido a ser responsable, lavó su ropa por primera vez. ¿El problema? Usó medio litro de detergente, lo que resultó en un tsunami de burbujas que invadió el pasillo. Cuando llegué, estaba “limpiando” el desastre con un trapo Swiffer (que, como sabemos, absorbe menos que servilleta mojada en taquería). Para colmo, su camisa blanca salió rosa y pensó que usarla lo haría gay (sí, en pleno siglo XXI, pero así es Kevin). Ah, y lavó su celular en el pantalón. Obviamente, se arruinó.

¿Bicicleta? Kevin la pierde más seguido que las llaves. Un día la dejó enfrente de la iglesia, se le olvidó y una semana después, su maestro de órgano (sí, Kevin toca órgano, ¡puntos por originalidad!) le preguntó por el pedal suelto que encontró. Otro día, fue al súper y la “amarró” con agujeta. Sorpresa: la bici desapareció y la agujeta quedó huérfana. Kevin jura que fue porque no hizo bien el nudo.

En otra ocasión, intentó “proteger” su nuevo celular del agua llenando todos los puertos con resistol blanco y luego lo llevó a la regadera para probarlo. ¿El resultado? Otro funeral de teléfono.

¿Kevin o Sus Padres? Un Debate Comunitario

Lo más gracioso (y crítico) es que Kevin no es malintencionado. Como decía un usuario en Reddit, “es el verdadero Kevin: sin maldad, solo un tipo haciendo lo mejor que puede y descubriendo un mundo de problemas”. Muchos comentaron que, en realidad, el gran problema es que sus papás nunca le enseñaron lo básico para sobrevivir en la vida adulta. “Uno no cumple 18 y mágicamente sabe hacer todo”, decía otro. Aquí en Latinoamérica, donde mamá (o la abuela) te enseña desde pequeño a limpiar frijoles y a lavar la ropa, nos cuesta imaginarlo, pero pasa. Y claro, la sobreprotección, especialmente frente a una discapacidad, puede ser igual de dañina que el abandono.

Un comentario que me hizo reír mucho decía que los “Kevins” son como gatos naranjas en forma humana: siempre metiéndose en problemas, pero imposibles de odiar. Otros lo compararon con un golden retriever: noble, ingenuo y siempre optimista, aunque no deberías confiarle tus ahorros ni tus electrodomésticos.

Varios usuarios señalaron que Kevin en realidad aplica su propia lógica, solo le falta información. “Si tuviera una clase de vida independiente, quizá se salvaría de muchos sustos”, dijeron. Pero también hubo quien opinó que un poco de pensamiento crítico le ahorraría la mitad de sus tragedias. En el fondo, todos coincidieron en algo: Kevin necesita aprender, pero sobre todo, tener quien lo apoye con paciencia y cariño.

La Amistad, el Verdadero Superpoder

Muchos se preguntaron: ¿por qué seguir siendo amigo de Kevin? La respuesta es simple: porque, detrás de cada desastre, está la persona más honesta, leal y buena onda que puedas encontrar. “Si puedes ver más allá de sus ‘kevinadas’ y sobrevivir a las catástrofes, tienes al mejor amigo del mundo”, concluye el narrador original. Y sí, aunque a veces pienso que Kevin es capaz de prenderle fuego a casa solo por calentar tortillas, sé que no cambiaría su amistad por nada.

Así que, si tienes un Kevin cerca, no lo sueltes. Enséñale, apóyalo y, sobre todo, ríete con él. Porque la vida con un Kevin nunca es aburrida… y siempre tendrás historias para contar en la próxima reunión familiar.

¿Y tú? ¿Tienes un amigo Kevin? Cuéntame tus anécdotas en los comentarios y celebremos juntos la magia (y el caos) de la amistad auténtica.


Publicación Original en Reddit: My best friend might be a Kevin