Las preguntas más absurdas de los dueños en la veterinaria: ¡humor, confusión y mascotas!
Trabajar en la recepción de una veterinaria es como tener una suscripción diaria a una telenovela de enredos, pero con más pelos y menos drama amoroso. Entre vacunas, colitas moviéndose y miradas de “¿tengo que meter al gato al transportín otra vez?”, los verdaderos protagonistas suelen ser los dueños… ¡y sus preguntas! Si alguna vez pensaste que eras el único que se confundía en la consulta, prepárate para reírte y sentirte identificado con estas historias que parecen sacadas de un episodio de “La Rosa de Guadalupe” versión animal.
¿Quién cumple años: tú, yo o el perro?
Una de las preguntas más frecuentes en la recepción es: “¿Cuál es la fecha de nacimiento de tu mascota?” Y aunque suena sencillo, la respuesta que recibe la recepcionista muchas veces es un rotundo: “¿La mía?” ¡Ay, Diosito! Aquí es cuando uno quisiera poner la música de suspenso.
En Latinoamérica, solemos celebrar hasta el santo del perro (no falta la familia que le hace pastel y todo), pero la verdad es que la mayoría de los rescatados ni siquiera saben su cumpleaños. Como comentó una usuaria en la comunidad, muchas veces se inventan una fecha especial: “A una perrita rescatada le puse el 14 de febrero como fecha de nacimiento, porque así jamás se me olvida”. Y es que, si el veterinario pregunta, lo importante es que la mascota tenga fecha en el sistema, aunque sea la del aniversario de los dueños.
Pero la confusión no termina ahí. Un usuario compartió que fue a la farmacia a recoger el medicamento de su perrita Mariah y, cuando le pidieron la fecha de nacimiento, el técnico le reclamó en tono de burla: “¿Cómo es posible que un papá no sepa el cumpleaños de su hija?” Tuvo que explicar que Mariah era una perra, no una niña, y que no había drama si se le olvidaba el cumpleaños. ¡En la vida real, los veterinarios entienden que muchas veces hay que adivinar!
¿Apellido de humano o de perro?
En Latinoamérica, los apellidos son cosa seria: “¿Eres de los Pérez de la colonia o de los Pérez del centro?” Pero cuando se trata de mascotas, la situación se pone aún más divertida. La recepcionista cuenta que, al buscar la cuenta de un cliente, pregunta: “¿Cuál es el apellido?” y la respuesta puede ser: “¿El mío o el del perro?”
Uno pensaría que el apellido debería ser el mismo, ¿no? Pero no, hay quien le pone a su perro “Max López” y se enoja si en la receta sale “Max García”, porque así no lo conocen en el parque. De hecho, en la comunidad de Reddit, hubo quien confesó que cada uno de sus perros tiene su propio apellido: “Mi gato se apellida Butt, y ese definitivamente no es mi apellido”. ¡Imagínate el veterinario llamando: “¡Señor Butt, pase por favor!”!
Otro usuario contó que al registrar a su gato, usó el apellido que estaba en el timbre del departamento, porque el casero nunca lo cambió. Así, el gato terminó con un nombre digno de novela: “Othello, el Moro de [nombre del pueblo]”. Y en México, no faltaría quien le pusiera “Don Gato Pérez de la Rosa”.
¿Tengo que traer al perro a la consulta?
Si creías que lo habías escuchado todo, prepárate. La recepcionista recibió una llamada que superó cualquier nivel de surrealismo: “Tengo cita con mi perro esta tarde, ¿tengo que traerlo o lo puedo dejar en casa?”
Aquí uno se imagina al veterinario haciendo la consulta por videollamada, y el perro tomando café mientras el doctor le pregunta cómo anda del estómago. ¡Sólo faltaba que el perro mandara su huellita por WhatsApp! Un comentarista bromeó: “¿Será que esperan que el veterinario tenga telepatía o que la consulta sea por Zoom?” Y otra persona confesó que la recepcionista del hospital de aves siempre le recordaba: “Por favor, no te olvides de traer a los pajaritos”, porque, increíblemente, ya les había pasado que alguien llegaba solo con la jaula vacía.
Entre chistes, enredos y mucho amor por los animales
El mundo de la veterinaria está lleno de historias dignas de contarse en las reuniones familiares. Hay quienes discuten con el farmacéutico porque le piden identificación al perro para recoger el medicamento, o quienes asignan nombres y apellidos más creativos que los de cualquier telenovela. Una usuaria relató que tuvo que llevar a su husky a la farmacia para demostrar que sí era una paciente canina, porque la empleada no le creía. ¡Hasta ofreció la huella de la pata como firma!
Y claro, está el clásico momento en que el dueño le pregunta al veterinario qué raza es el gato… y sólo sabe responder: “Es gato”. No falta la recepcionista comprensiva que dice: “¿Es de pelo corto, medio o largo?”, porque, seamos honestos, para muchos, todos son “gato de la calle” o “gato estándar”.
Al final, lo que une a todas estas historias es el cariño que sentimos por nuestras mascotas. Como dice el dicho mexicano, “aunque a veces nos saquen canas verdes, no cambiaríamos a nuestros peludos ni por todo el oro del mundo”.
¿Y tú, qué historia tienes con tu mascota?
¿Te ha pasado algo parecido en la veterinaria? ¿Tienes anécdotas graciosas sobre nombres, apellidos o consultas extrañas? Cuéntanos en los comentarios y comparte este blog con ese amigo que le habla a su perro como si fuera su hijo. Porque en Latinoamérica, los animales también son parte de la familia… y a veces, los más consentidos.
¡Nos leemos en la próxima historia de enredos, mascotas y mucho humor!
Publicación Original en Reddit: Stupid questions from clients