Las aventuras de la sobreventa hotelera: Cuando tu reserva no es suficiente
¿Alguna vez llegaste a un hotel cansado, solo queriendo una cama, y te dijeron: “Lo siento, estamos llenos”? Si no te ha pasado, eres afortunado. Pero si trabajas en la recepción de un hotel, sabes que este drama es más común que pedir tacos después de una fiesta. Hoy te traigo una historia del otro lado del mostrador, donde la “magia” de la sobreventa convierte la noche en una telenovela digna de horario estelar.
El arte de sobrevivir la sobreventa (y no perder la sonrisa)
Imagínate: entras a tu turno nocturno, con café en mano, y ves que el hotel está al 101% de ocupación. O sea, hay más reservas que habitaciones. Bienvenido al mundo real, donde las matemáticas de los hoteles parecen hechas por el mismo que calcula los recibos de la luz. ¿La regla de oro? El primero que llega o el que tiene la membresía más “brillante” se lleva el último cuarto disponible. Así de sencillo (y cruel).
En este caso, nuestro héroe de la recepción tenía dos reservas en la cuerda floja: una señora habitual, con su tarjeta y membresía en regla, y un misterioso huésped sin datos, sin tarjeta, sin teléfono ni correo. Nada de nada, como cuando te piden referencias y solo puedes poner “mi mamá”.
Resulta que la reserva del huésped fantasma la hizo su jefe, pero ni se molestó en dejar más información, solo dijo que el empleado llegaría a las 11:30pm. Pasa el tiempo, la señora llega puntual a medianoche, y del otro ni sus luces. ¿Qué hace el recepcionista? Cancela la reserva fantasma y da la habitación a quien sí garantizó el pago.
Cuando el cliente llega tarde… y explota el drama
A la 1am, cuando hasta los taxis se están durmiendo, aparece el huésped sin reserva. Aquí empieza la función: él dice que es miembro “brillante” (de esos que acumulan puntos hasta por respirar), y que nunca le había pasado esto. El recepcionista, calmado como buen mexicano ante un temblor, le explica que sin tarjeta ni membresía en el sistema no había forma de saber su nivel VIP.
La escena se pone tensa, como cuando el América y las Chivas empatan en el minuto 90. El huésped exige que lo reconozcan, que le llamen a sus compañeros, que cómo se atreven. Pero, como comentó uno de los lectores en Reddit: “Su jefe lo dejó mal parado, pero no le puede gritar a él, así que te grita a ti”. ¡Si eso no es típico en cualquier trabajo en Latinoamérica, no sé qué lo sea!
El recepcionista ofrece solución: el hotel de enfrente tiene 13 habitaciones libres, hasta le ofrece llamar un Uber o un taxi. Pero el huésped, indignado, grita que no piensa cruzar la calle porque “¡apenas bajé de un Uber!”. Aquí se aplica el clásico “ni cómo ayudarte, compadre”.
¿Quién tiene la culpa? Entre protocolos y cultura laboral
En los comentarios, muchos se preguntan: ¿cómo es posible que haya reservas sin tarjeta? En muchos hoteles de México, Argentina o Colombia, sin tarjeta no hay reserva. Y si la hay, se cancela a las 6pm si nadie confirma. Pero la historia sucede en un hotel gringo, donde a veces los protocolos corporativos le ganan al sentido común.
Otro usuario contó que en su hotel, eran los gerentes quienes debían resolver estos líos, pero siempre le dejaban el problema al recepcionista nocturno. Si el cliente no llegaba, “ni modo”, pero si sí llegaba, había que buscarle hotel a las 2am. Y claro, nadie quería dar la cara. Suena a cualquier oficina pública en Latinoamérica, ¿verdad?
La realidad es que la sobreventa es una práctica común, porque siempre hay quien no llega. Pero cuando todos llegan, alguien tiene que perder. Como dijo otro lector: “A veces la culpa ni es del recepcionista, ni del cliente, sino de los procesos absurdos y la falta de comunicación”.
El lado humano: frustración, empatía y un poco de humor
Sí, es frustrante para el cliente llegar y no tener cuarto. Pero también lo es para el recepcionista que solo sigue el protocolo y acaba siendo el villano de la noche. En palabras del propio narrador: “Alguien tenía que ser cancelado, y generalmente es quien no puede garantizar el pago”. No es personal, es cuestión de supervivencia hotelera.
Otros lectores compartieron historias aún más dramáticas, como la familia japonesa que llegó de madrugada con reserva pagada y aún así se quedó sin cuarto. O cuando el recepcionista debe decidir a quién “camina” a otro hotel: ¿una abuelita de 90 años, un ejecutivo enojado, una pareja de luna de miel? En este mundo, la justicia es tan relativa como la salsa en los tacos: depende de quién la prueba.
Y para los que dicen que jamás les pasaría, un usuario lo resumió con sabiduría de viajero: “El que llega tarde y no avisa, juega a la ruleta rusa con su reservación”.
¿Y tú, de qué lado estás?
¿Te ha tocado vivir algo así? ¿Eres del team “cliente indignado” o del team “recepcionista estoico”? La próxima vez que viajes y llegues tarde, acuérdate de llamar al hotel y confirmar tu llegada. Y si trabajas en recepción, no olvides tu dosis de paciencia… y tal vez un bolillo para el susto.
Cuéntanos en los comentarios tu peor (o mejor) experiencia hotelera. ¡Entre todos hacemos la novela más entretenida que la Rosa de Guadalupe!
Publicación Original en Reddit: the joys of being oversold