La vez que unos adolescentes vencieron la ley... con una cadena y mucha picardía
¿Te imaginas estar tan aburrido en tu pueblo que terminas en la biblioteca buscando leyes antiguas para armar travesuras? Pues eso hicieron M y sus amigos en los años 50, en un pueblito tan chico que apenas había un semáforo y una gasolinera. Lo que sigue es una historia digna de cualquier sobremesa latina, llena de ingenio, humor y ese toque de “¿es neta?” que tanto nos gusta.
El aburrimiento: el mejor motor de travesuras
En Latinoamérica, todos conocemos ese tipo de pueblo donde el punto de reunión es la tienda de la esquina o el parque central, y donde las historias de juventud suelen empezar con un “no había nada que hacer”. Así le pasó a M y sus compas. En vez de meterse en líos mayores, decidieron ir a la biblioteca del pueblo. Sí, aunque suene raro, la biblioteca fue el punto de partida de esta aventura.
Curioseando entre los libros, hallaron un tomo polvoriento con las leyes del municipio. Y ahí, como quien encuentra un tesoro escondido, dieron con una joyita: una ley que obligaba a todos los “carros sin caballos” (así llamaban a los autos en esa época) a arrastrar una cadena de ocho pies con eslabones de casi dos centímetros durante la noche. ¡Genial! Un motivo perfecto para hacer ruido y, de paso, seguir la letra de la ley.
La noche de las cadenas y la visita a “Don Juez”
La escena es digna de una película de Gael García Bernal: los chavos, emocionados, ataron tremendas cadenas a sus autos y salieron a recorrer el pueblo haciendo escándalo, pero sin romper ningún límite de velocidad. Por supuesto, el único sheriff del pueblo —como salido de un corrido norteño— los detuvo y les dio una multa por alterar el orden público.
Llega el día de la corte y M es elegido como vocero del grupo. Con la formalidad de quien se sabe listo, pide permiso al juez para explicar las razones de su “delito”. El juez, dividido entre el fastidio y la curiosidad, accede. M confiesa: sí, hicimos ruido, pero porque la ley así lo manda. El juez, medio incrédulo, pide ver el libro. El secretario va a la biblioteca, regresa con el tomo, y ahí está: la ley absurda, tal cual la describió M.
La reacción del juez fue todo un poema: “Se retiran los cargos, pero no lo vuelvan a hacer, porque esa ley ya no va a estar en los libros”. Así, con la ley en la mano y una sonrisa en el rostro, los muchachos se salieron con la suya.
Leyes absurdas: un clásico que no pasa de moda
Lo mejor de esta historia es cómo las leyes antiguas pueden ser tan ridículas como útiles para quien sabe aprovecharlas. En los comentarios del post, varios usuarios compartieron casos similares. Uno mencionó la famosa ley de Kentucky (y no California, como muchos creían) que prohíbe llevar un cono de helado en el bolsillo. ¿La razón? Los ladrones la usaban para que los caballos los siguieran y así “robarlos sin robar”.
Otro usuario recordó cómo, en algunos pueblos, si llegabas en auto tenías que avisar a la alcaldía antes de entrar, para que sacaran a los caballos de la calle. ¡Imagínate eso en plena Ciudad de México o Buenos Aires! Además, alguien más destacó que muchas de estas leyes nacieron como medidas de seguridad, ya que antes los autos no tenían faros y el ruido de la cadena alertaba a los peatones y carretas.
Y no faltó el humor: “¿Y si el caballo era el que estaba borracho y no el jinete? ¿Quién se lleva la multa?”, preguntó un usuario. La respuesta, con ese ingenio muy nuestro: “Esa es la diferencia entre conducir ebrio y ser conducido por un ebrio”.
La picardía que une generaciones
Lo que más llama la atención es cómo estas historias nos conectan con el pasado y muestran que la astucia y el sentido del humor trascienden fronteras. En toda Latinoamérica conocemos a alguien que ha aplicado la de “me apego a la letra de la ley”, ya sea para zafarse de un regaño en la escuela o para salir bien librado de una multa de tránsito. Como bien dice el dicho: “Hecha la ley, hecha la trampa”.
Y, aunque hoy en día tenemos smartphones y Netflix para el aburrimiento, no podemos negar que las mejores anécdotas nacen de la creatividad y el deseo de romper la rutina. A veces, solo hace falta una biblioteca, un grupo de amigos y una ley olvidada para escribir una historia inolvidable.
¿Y tú, conoces alguna ley absurda de tu ciudad?
Esta historia nos deja dos enseñanzas: que el aburrimiento puede ser el mejor combustible para la creatividad y que siempre hay que leer la letra chiquita... ¡uno nunca sabe cuándo te puede sacar de un apuro!
¿En tu ciudad existe alguna ley extraña o anécdota parecida? Cuéntanos en los comentarios, comparte este post con tus amigos y no olvides que, en Latinoamérica, las mejores historias siempre empiezan con “no vas a creer lo que pasó…”.
Publicación Original en Reddit: My ex coworker as a youth.