La venganza perfecta en la oficina: cuando los bolígrafos desaparecen... ¡y las notas también!
¿A quién no le ha pasado en la oficina que “desaparecen” las cosas? Un día tienes tu taza favorita, al otro ya está en la sala de juntas. Pero si hay algo que se esfuma más rápido que los aguinaldos en diciembre, son los bolígrafos. Y es que, en toda oficina latinoamericana, hay un “duende” que se lleva los mejores lapiceros… hasta que le juegan una broma digna de novela.
La historia de hoy es una de esas anécdotas que uno escucha en la sala de café o en la sobremesa del almuerzo y no puede evitar reírse. Y aunque sucedió en otro continente, seguro que te sentirás identificado, porque los “roba-plumas” no tienen fronteras.
El misterio de los bolígrafos voladores en la oficina
Imagínate: llegas a trabajar, dejas tus bolígrafos preferidos sobre el escritorio (de esos que compraste con tu propio dinero porque los de la empresa ni pintan bien) y, mágicamente, al rato ya no están. Al principio, piensas que eres tú, que quizá los perdiste entre las hojas o se cayeron al piso. Pero luego ves, con tus propios ojos, a ese compañero que siempre “olvida” devolver lo que “pide prestado”, luciendo exactamente el mismo modelo de bolígrafo que tú compraste con tanto esmero. ¡Hasta parece que los bolígrafos tienen patas y se mudan de escritorio!
En los comentarios de la historia original, muchos se sintieron identificados. “Los bolígrafos desaparecían de tu escritorio… ahora sus notas desaparecieron. Intercambio justo”, comentó un usuario, resumiendo el sentir de toda una generación de oficinistas.
La venganza más creativa: tinta mágica y cara de póker
En vez de armar un escándalo —que en Latinoamérica bien podría terminar en bromas de toda la oficina, memes en el grupo de WhatsApp laboral, o hasta una junta improvisada para hablar de “valores”—, nuestro protagonista decidió actuar con ingenio. Compró unos bolígrafos de tinta invisible (de esos que parecen sacados de feria de pueblo o de tianguis de curiosidades) y los dejó justo donde siempre: a la mano, como carnada perfecta.
Y tal como esperaba, el “duende” no tardó en caer. Justo antes de una reunión importante, el compañero se llevó un bolígrafo y empezó a tomar notas como si nada. Pero, mitad de la junta, las letras comenzaron a desvanecerse y el papel quedó más blanco que un post-it nuevo. Mientras todos seguían escribiendo, él miraba su libreta con cara de “¿me embrujaron?”. El protagonista tuvo que aguantarse la risa, pero por dentro estaba celebrando como si hubiera ganado la lotería.
Un comentarista lo resumió con humor: “Por cada letra que desaparecía, también se le iba la dignidad”. Otro agregó: “Si alguien roba bolígrafos, dignidad ya no le quedaba mucha”.
El arte de sobrevivir a la oficina latinoamericana
En toda Latinoamérica, el tema de los “prestamistas eternos” es casi folclórico. Todos conocemos a alguien que nunca trae pluma, pero siempre “toma prestada” la mejor, o que hasta se lleva los clips de los demás. En México, dicen “el que no transa, no avanza”, aunque en la oficina muchas veces es mejor usar el ingenio que la confrontación directa.
Algunos lectores compartieron sus propias estrategias: desde dejar bolígrafos baratos (esos que regalan en campañas políticas o bancos) como cebo, hasta esconder los buenos en la gaveta más recóndita. Un usuario contó que, cansado de perder plumas finas, ahora sólo deja a la vista las que se quedan sin tinta, y guarda las buenas “como si fueran oro”.
Y es que, como bien apuntó otro: “En cada oficina hay uno que prefiere ‘tomar prestado’ lo ajeno antes que usar los horribles bolígrafos oficiales”. ¿Quién no ha visto al típico compañero que va de escritorio en escritorio recolectando útiles ajenos?
¿Justicia divina o karma oficinista?
Quizá la enseñanza más grande es que en la oficina, como en la vida, todo se regresa. Si desaparecen tus bolígrafos, con un poco de creatividad puedes hacer que al menos el ladrón se lleve una lección. La comunidad de Reddit explotó en carcajadas: “¡Eso sí es ley del intercambio equivalente!” —dijeron, haciendo referencia a la famosa frase del anime Fullmetal Alchemist—. Y en verdad, no hay nada más justo que un poco de “karma instantáneo” en la oficina.
Eso sí, algunos advirtieron: “Si haces esto en una junta importante, cuidado que no te echen la culpa si se traba todo el equipo”. Pero, siendo sinceros, en la mayoría de las oficinas de América Latina, una buena broma se convierte en leyenda urbana y todos terminan contándola por años.
¿Has sufrido del “síndrome del bolígrafo perdido”?
En fin, esta historia nos deja claro que, en la oficina, la creatividad es tu mejor aliada contra los “duendes roba-plumas”. Y si alguna vez te pasa, ya sabes: más vale una buena trampa que mil reclamos. Al final, lo importante es no perder el sentido del humor y recordar que, en la jungla laboral, sólo sobrevive el más astuto.
¿A ti también te han desaparecido bolígrafos, tazas o hasta el almuerzo en el refri? Cuéntanos tu mejor anécdota de venganza pequeña en la oficina, ¡y sigamos compartiendo estas joyas del ingenio latino!
Publicación Original en Reddit: My coworker kept stealing my pens, so I swapped them out.