La venganza más santa: cuando la broma pesada se topó con la misa en casa
¿Quién no ha tenido un compañero de trabajo bromista, de esos que cruzan la línea entre lo gracioso y lo incómodo? En Latinoamérica, todos conocemos a ese colega que siempre está “echando relajo” en la oficina, el que pone música a todo volumen, o el que no puede dejar pasar una oportunidad para hacerte una broma. Pero, ¿qué pasa cuando ese bromista se topa con alguien que juega a otro nivel? Hoy te traigo una historia real que se ha vuelto leyenda en el mundo de los ferrocarriles y que, créeme, te sacará más de una carcajada y quizás hasta te deje pensando dos veces antes de andar de payaso en el trabajo.
Un bromista de los buenos contra el caballero de la corbata
Todo empezó en una empresa ferroviaria. Imagina el ambiente: maquinistas de tren, hombres y mujeres acostumbrados al ruido, la rutina y, claro, a soportar largas horas juntos. Entre ellos, había dos personajes que perfectamente podrían ser protagonistas de una telenovela: uno, el eterno bromista, al que llamaremos East (como el “Chilango” de la oficina, siempre alborotando el gallinero). El otro, Mo, el típico compañero serio, formal, hasta religioso, el que jamás llega tarde y que usa corbata hasta en Semana Santa.
East era famoso por sus bromas pesadas: desde las clásicas pastillas de olor a “pedo” (que dejaron la oficina oliendo a camión de transporte público en hora pico), hasta pasar frente a los pasajeros con máscara de gorila o, de plano, enseñando el trasero. El tipo era un personaje, pero de esos que a veces se pasan de la raya.
Un día, Mo dejó entrever algo que, para muchos, sería un simple detalle doméstico: cada vez que llegaba a casa, le entregaba su mochila de trabajo a su esposa, quien se encargaba de vaciarla mientras él se lavaba las manos. East, olfateando la oportunidad perfecta para una broma, decidió esconder un par de revistas para adultos en la mochila de Mo. El plan: que la esposa de Mo encontrara el “material prohibido” y se armara el zafarrancho. ¡Qué chistoso! (o eso pensó él).
La venganza servida como misa de dos horas
Lo mejor de esta historia es que Mo, en vez de armar un escándalo o reclamarle a East, no dijo absolutamente nada. Silencio total. Pasaron los días y el bromista, intrigado, se quedó esperando la reacción. Pero nada. Ni una palabra, ni un gesto raro, ni un chisme en la oficina. Como diría cualquier latino: “el que calla, otorga... o planea algo”.
Y vaya que Mo planeaba algo. Un par de semanas después, Mo le llamó a East por teléfono: “¿Quieres venir el sábado a mi casa? Vamos a juntarnos a echar unas chelas con algunos compañeros”. East, encantado, llegó con su six de cervezas, listo para seguir el relajo.
Pero lo que encontró fue todo menos una fiesta: Mo lo recibió amablemente, lo pasó a la sala... y ¡sorpresa! La casa estaba llena de gente de la iglesia, el sacerdote al frente, y todo listo para una misa casera de dos horas. East, que no era precisamente un santo, tuvo que aguantar los cánticos, los rezos y las miradas de las señoras, todo el tiempo sentado en primera fila, como si fuera el invitado de honor. Y claro, ni una sola mención a las revistas, ni a la cerveza. Solo sonrisas y bendiciones.
Como diría un usuario en los comentarios de Reddit: “Mo no solo ganó la guerra de bromas, la ascendió a otro nivel. Esta es la clase de venganza que te humilla el alma”. Otro, con ese humor tan nuestro, lo resumió así: “Lo mató con amabilidad. Me encanta. Mi suegra le hizo lo mismo a su hijo cuando era joven: encontró revistas prohibidas y se las dejó en la cama con una nota que decía ‘Duerme bien esta noche’. El silencio fue peor que cualquier castigo”.
Y es que, como bien decimos en Latinoamérica: “No hagas cosas buenas que parezcan malas, ni cosas malas que parezcan buenas”. La lección quedó clara: Mo no perdió la elegancia, ni el sentido del humor. Simplemente le demostró a East que la venganza se puede servir fría, pero también puede venir con agua bendita y cánticos de iglesia.
Reflexión: la venganza creativa y el poder del silencio
Esta historia, que se ha vuelto leyenda entre los maquinistas, nos deja varias enseñanzas. Primero, que no siempre la mejor respuesta a una broma pesada es el grito o el escándalo. A veces, la mejor venganza es la más inesperada, la que te obliga a reflexionar y, de paso, te hace sudar la gota gorda.
Muchos en la comunidad de Reddit aplaudieron la creatividad de Mo, diciendo cosas como “Eso fue venganza a nivel profesional, no fue nada pequeño”, o “Mo jugó el juego largo y lo hizo a la perfección”. Incluso hubo quien bromeó: “El poder de Cristo obligó a Mo a usarlo para la venganza”. Y, claro, los clásicos: “Y se quedaron con las revistas... ¡y la cerveza!”. El Señor obra de formas misteriosas, dicen por ahí.
La moraleja, como bien resumió un usuario: “Empaca tu propia mochila y no te metas con la esposa”. Porque, al final, nunca sabes cuándo tu broma se puede convertir en tu penitencia.
Cierre: ¿Y tú, qué harías?
Ahora la pregunta queda en el aire: ¿te atreverías a volver a bromear con alguien que te dio una lección tan épica? ¿Cuál ha sido la venganza más creativa o inesperada que has visto en tu trabajo? Cuéntanos tu historia en los comentarios y, si tienes un compañero bromista, ¡piénsatelo dos veces antes de meterte con la persona seria de la oficina! Porque, como bien aprendió East, a veces la venganza viene en forma de misa... y sin cerveza.
¿Te ha pasado algo parecido en la chamba? ¿Tienes alguna venganza digna de ser contada? ¡Déjalo en los comentarios y armemos la mejor recopilación de historias de oficina!
Publicación Original en Reddit: Hide something in my backpack, will you? Alright then.