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La venganza más sabrosa: cuando el gas butano le dio una lección al abusivo del súper

Personas mayores esperando en la fila preferencial de un supermercado, capturando un momento de paciencia y apoyo comunitario.
En esta representación cinematográfica, capturamos un momento sereno en el supermercado, donde los clientes mayores esperan su turno en la fila preferencial. Es un recordatorio de los pequeños actos de bondad y paciencia que dan forma a nuestra vida diaria.

Hay días en que la justicia parece dormirse la siesta, pero a veces, en los lugares más inesperados, alguien le da una buena sacudida y nos devuelve la fe. Si alguna vez has hecho fila con paciencia solo para que un listo se cuele, esta historia te va a encantar… y quizás te inspire la próxima vez que te toque lidiar con un cara dura en el súper.

El día que la fila cobró venganza

Todo comenzó como cualquier tarde rutinaria en el supermercado. Nuestro protagonista, fiel a las reglas y al respeto, esperaba su turno en la caja. A su lado, la fila de adultos mayores y personas con discapacidad (lo que allá llaman “PWD”, por sus siglas en inglés), con sus banquitas plásticas y todo. Todo normal, hasta que apareció el clásico vivo: un tipo que llegó, vio a los abuelitos sentados y, como si nada, se metió delante de ellos, ignorando olímpicamente el orden y el respeto.

Nuestro héroe no se quedó callado: “Oiga, ellos ya están en la fila”. Pero el tipo, con una arrogancia que ni en telenovela de villanos, respondió: “No los veo parados en la fila”. Los abuelitos se incomodaron, pero no quisieron armar lío. El ambiente quedó tenso, como cuando llueve pero todavía no truena.

El dulce sabor de la venganza… fría (como los fideos crudos)

No pasó mucho tiempo para que el karma hiciera acto de presencia. Mientras la fila avanzaba, el abusivo, distraído hablando por teléfono, dejó su carrito al alcance de nuestro protagonista. Y ahí estaba: entre bolsas de fideos instantáneos, platos desechables y un sleeping bag, sobresalía una solitaria lata de gas butano, imprescindible para el hornillo portátil del campamento.

¿Y qué hizo nuestro héroe? Con la misma discreción de quien se roba una galleta después de la cena, tomó el butano y lo pasó a su propio carrito. El tipo ni se enteró. Pagó sus cosas (menos el gas), se fue creyéndose el más astuto… y nuestro protagonista pagó el butano, llevándose a casa no solo la lata, sino la satisfacción de saber que, en algún lugar, ese prepotente terminaría mascando fideos crudos y preguntándose en qué momento la vida se le fue al revés.

Como bien dijo un usuario en los comentarios, “Ahora tendrá que perder más tiempo buscando gas que el que hubiera tardado en hacer la fila. Es perfecto”. Otros bromearon con la imagen del tipo sentado en el campamento, frustrado, diciendo: “¡Juro que puse el gas en el carrito!”, mientras sus amigos lo miran con cara de “Ajá, sí, claro”.

¿Justicia poética o simple travesura?

La historia desató una ola de comentarios. Algunos aplaudieron la astucia y el valor de nuestro protagonista por defender a los más vulnerables de una forma tan original. “Gracias por este pedacito de venganza pequeña. Hiciste del mundo un lugar mejor”, celebró otro usuario, mientras uno más imaginaba al abusivo comiendo ramen frío, “saboreando las consecuencias”.

Pero también hubo quien reflexionó: “Lo mejor es que ahora ese hombre va a dudar de todo, pensando que sí lo había puesto en el carrito. ¡Eso es justicia poética!”. Y claro, no faltó el humor latino: “La venganza se sirve mejor con frijoles fríos de lata”. Hasta hubo quien sugirió que, si el único almacén cerca del campamento es atendido por una pareja de abuelitos, el ciclo de la justicia sería perfecto.

Lo cierto es que, más allá de si fue una travesura o un acto de justicia, la historia conecta porque todos hemos sentido impotencia ante los que se creen más listos. Y cuando la vida les da una cucharada de su propia medicina, aunque no lo sepan, sentimos una pequeña victoria colectiva.

El karma, ese amigo que nunca falla (aunque no lo veas)

Muchos lectores coincidieron: el abusivo probablemente nunca sabrá quién le jugó la broma, pero le quedó la lección. Como comentó alguien, “El karma no necesita que te des cuenta, solo que lo sientas”. Y, la verdad, eso es parte del encanto: la duda, la confusión, el no saber en qué momento perdiste el gas… o la vergüenza.

¿Y tú? ¿Alguna vez te has encontrado con un “listo” en la fila y fantaseaste con darle una pequeña dosis de justicia? ¿Te animarías a hacer algo así? Cuéntanos tu historia en los comentarios, porque de estas anécdotas se alimenta el corazón del internet… y uno que otro abuelito agradecido.

Porque al final, como decimos en Latinoamérica, “el que obra mal, se le pudre el tamal”… o, en este caso, se le quedan fríos los fideos.

¿Has sido testigo de una venganza pequeña pero satisfactoria? ¡Compártela y sigamos celebrando esas pequeñas victorias que hacen el mundo un lugar más justo (y divertido)!


Publicación Original en Reddit: I 'stole' from a shopping cart