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La venganza más ingeniosa: cuando firmar a tu papá al servicio de la iglesia se vuelve un karma eterno

Joven adolescente frustrado en la escuela dominical, reflexionando sobre recuerdos de infancia en un estilo cinematográfico.
Una nostálgica representación cinematográfica de un joven enfrentando las presiones de la escuela dominical, capturando la esencia de la rebeldía infantil y las complejidades de crecer.

¿Quién no ha sentido alguna vez esa rabia adolescente cuando te obligan a hacer algo que odias? Imagínate que, a tus 13 años, tu papá te arrastre cada domingo a la iglesia para que pases una hora coloreando dibujitos de Jesús con crayones, mientras el resto de los adultos tiene “conversaciones importantes”. ¿Te suena familiar? Pues la historia que te voy a contar demuestra cómo hasta el más pequeño de los actos de rebeldía puede tener consecuencias épicas… y hasta un poco santas.

Cuando los crayones se vuelven castigo divino

En los años ochenta, en algún lugar de Estados Unidos, un joven (el autor del relato en Reddit) estaba harto de la rutina dominical: ir a la iglesia, escuchar las mismas historias y, lo peor, pasar una hora obligado a colorear como si tuviera cinco años. ¿Quién no se hubiera sentido prisionero en esa situación? En América Latina, muchos recordarán esas misas eternas o las clases de catecismo donde, más que aprender, uno terminaba peleando por no dormirse o por no mancharse la camisa con témpera.

Un domingo cualquiera, nuestro protagonista le pidió a su papá, por enésima vez, que lo dejara quedarse en el servicio principal. Pero el padre, terco como una mula y tradicionalista hasta la médula, se aferró a su “no” y lo mandó directo a la escuela dominical. Lo que no sabía era que su hijo estaba a punto de idear una de esas venganzas chiquitas que, con el tiempo, se convierten en leyenda familiar.

Una jugada maestra en el templo

Mientras los anuncios de la iglesia llenaban el aire, el joven notó algo: la iglesia buscaba voluntarios para ser ujieres, esos asistentes que ayudan en la misa, reparten boletines y pasan la canastita de las limosnas. Y aquí viene el giro digno de telenovela: ser ujier era un compromiso de por vida, casi como casarse… pero con la iglesia.

Aprovechando que tenía buena letra y que ya había falsificado la firma de su papá para excusarse en la escuela (¿quién no lo hizo alguna vez para evitar un regaño?), el protagonista firmó a su papá como voluntario… sin que él supiera. Dos semanas después, el padre recibió el aviso de que ahora era ujier cada tercer domingo. Como buen hombre de honor y tradición, no podía quedar mal ante la comunidad. Y así, por más de veinte años, cumplió su “castigo divino”, sin poder admitir jamás que había sido víctima de la travesura de su hijo.

En palabras del protagonista, sí recibió una “tunda” que haría llorar a cualquier niño moderno, pero valió la pena: ya no volvió a colorear a Jesús nunca más. Hasta hoy, su padre, ya con 92 años, le recuerda con una mezcla de orgullo y resignación esa jugada maestra.

La comunidad opina: brillo, risas y traumas dominicales

Las reacciones en Reddit no se hicieron esperar. Algunos usuarios compartieron anécdotas igual de memorables, como la persona que fue degradada de la escuela dominical por llevar brillantina y pegamento: “Después de la Transfiguración, ¡Jesús brillaba tanto que todos, hasta los niños y las mesas, quedamos cubiertos de escarcha!”, comentó con nostalgia y humor. Otro usuario explicó que en su iglesia la brillantina era llamada “el herpes de las manualidades”, porque una vez que aparece, nunca desaparece. ¿A poco no les recuerda a las piñatas mexicanas que dejan la casa llena de confeti hasta el siguiente año?

Hubo quienes aplaudieron la creatividad de la venganza, diciendo que “fue un favor santo” para el papá, porque al final terminó más involucrado en la comunidad. Otros, como buenos expertos en sarcasmo, dijeron que “firmar a otro para que cumpla con las normas religiosas mientras uno se libra… suena bastante cristiano”.

Y claro, no faltaron los que se identificaron: “A mí me echaban de la escuela dominical por leer la Biblia y hacer preguntas incómodas”, o quienes, como muchos adolescentes latinoamericanos, buscaron cualquier excusa para huir de la misa: “Terminé cuidando bebés en la guardería para no ir al servicio”.

Moraleja: entre la picaresca y el karma familiar

Esta historia es puro realismo mágico: un acto de rebeldía adolescente se convierte en una tradición familiar que, hasta el día de hoy, genera risas y anécdotas. En América Latina, donde la religión y la familia suelen entrelazarse en rituales eternos, más de uno se verá reflejado en este relato. Desde los que inventaron fiebre para no ir a la iglesia, hasta los que terminaron de monaguillos por accidente… todos hemos sentido ese deseo de escapar a la autoridad paterna aunque sea con una pequeña travesura.

Al final, como bien dijo un usuario: “Después de tantos años, hasta resulta entrañable… y le hiciste un favor santo a tu viejo”. Porque, para bien o para mal, las historias familiares que se cuentan generación tras generación son las que de verdad nos unen, aunque comiencen con un berrinche y terminen con una carcajada.

¿Tienes alguna anécdota de venganza chiquita o travesura familiar que se haya vuelto leyenda en tu casa? ¡Cuéntala en los comentarios y sigamos sacando risas del baúl de la infancia!


Publicación Original en Reddit: A lifelong payback