La venganza más chiquita: cuando mi mamá pagó con monedas y una sonrisa
¿Quién no conoce a alguien que, cuando le aprietan, responde con una dosis de ingenio y picardía? Hoy les traigo una anécdota que me hizo reír y recordar esas pequeñas venganzas cotidianas que, sin hacer daño a nadie, dejan claro que en Latinoamérica la creatividad nunca falta, ni siquiera para ajustar cuentas de la manera más divertida.
Esta historia viene directo de un rincón de Reddit donde la gente comparte esas venganzas ligeras, esas que no pasan a mayores pero que son oro puro para el chisme y la carcajada. Aquí va la historia de una mamá que, con toda la calma del mundo, le dio una lección a su vecino... a punta de moneditas.
La mudanza, el gas y el famoso “¿me prestas?”
Corría el año 2005, ese tiempo donde el reggaetón apenas asomaba en las fiestas y uno todavía tenía que ir al cajero para sacar efectivo. La protagonista es una mamá recién mudada con su hija a un departamento nuevo. Como nos pasa a todos, justo en el peor momento, se quedó sin gas. Pidió un cilindro por teléfono, esperando la clásica demora de varios días, pero la suerte (¿o el karma?) hizo que el repartidor llegara al día siguiente.
El problema: doña no tenía suficiente dinero a la mano; le faltaban 23 rupias. ¿La solución? Lo de siempre, pedirle al vecino de confianza el famoso “préstame y te pago después”. El vecino, buena onda, accedió sin problema, confiando en que el asunto quedaría cerrado en un par de días.
“Lo quiero ahora mismo”: cuando la paciencia se acaba
Al día siguiente, la mamá, fiel a su palabra, sale de casa lista para devolver el dinero. Pero antes de que pueda decir “buenos días”, el vecino la intercepta y, sin rodeos, le exige el dinero de inmediato. Nada de “cuando puedas” ni “no hay apuro”, sino un seco “lo quiero ahora”.
Aquí es donde el ingenio latino hace su entrada triunfal. ¿Que quieres el dinero ya? Pues lo tendrás, pero no como esperas. La mamá fue a su casa, sacó una bolsa con monedas de todas las denominaciones posibles (incluidas esas de 25 y 50 paise que en la India de entonces eran como las de 10 centavos aquí: útiles pero fastidiosas para contar) y se las entregó, una por una, con una sonrisa imposible de borrar.
La cara del vecino, según cuenta la hija, era de antología. ¡Cómo no! A nadie le gusta terminar contando moneditas por ser tan apurado. Como decimos por acá: “El que pide apurado, recibe de contado… ¡y con cambio!”
La comunidad opina: pequeñas venganzas, grandes satisfacciones
Lo mejor de estas historias es cómo la comunidad de Reddit se prende en los comentarios. Uno de los usuarios más populares resumió la situación con una frase que podría decir cualquier tía en un almuerzo familiar: “Las venganzas pequeñas son las mejores. No lastimas a nadie, pero igual les haces pasar un mal rato”.
Otro usuario, fascinado por la escena, comentó que solo imaginar al vecino contando moneditas era digno de telenovela. Y no faltó quien dijera, entre risas, que la mamá ya era una leyenda: “Pagar con monedas es el clásico de la venganza insignificante. No se enojó, pero el mensaje quedó clarito”.
El toque nostálgico lo puso alguien recordando esos tiempos en que las monedas chicas valían algo y servían para comprar una “gaseosa en bolsa” o un dulce en la tiendita de la esquina. Ahora, como muchos sabemos, esas monedas terminan en una alcancía o rodando por los asientos del carro.
Por supuesto, también hubo un poquito de drama, como toda buena historia. Alguien le dijo a la hija que sonaba “súper quisquillosa”, a lo que ella contestó con ese “duh” que podríamos traducir como un “¡obvio!” bien chilango, dejando claro que lo suyo era pura picardía y no malicia.
La moraleja: ser pequeño no significa ser menos ingenioso
Esta historia nos recuerda lo que todos en América Latina sabemos: aquí, las venganzas no siempre van de la mano con el drama. Muchas veces, una respuesta ingeniosa y bien ejecutada vale más que mil gritos. Y si encima se puede contar después entre risas, ¡mejor!
En el fondo, estas pequeñas anécdotas reflejan algo muy nuestro: la capacidad de defendernos sin perder la sonrisa, de poner límites sin armar un escándalo y de recordar que, a veces, la mejor manera de educar a alguien es con un poquito de paciencia... y, por qué no, unas cuantas monedas sueltas.
¿Tú qué opinas? ¿Te ha pasado algo parecido con un vecino o familiar? ¿Te animarías a pagarle a alguien con puras monedas la próxima vez que se ponga exigente? Déjame tus historias abajo y compartamos esas pequeñas venganzas que hacen la vida más divertida y menos pesada. ¡Que viva el ingenio latino y las mamás legendarias!
Publicación Original en Reddit: My mom’s petty sometimes and I’m here for it