La venganza del brisket: Cuando el perro del vecino aprendió la lección… ¡a la mala!
¿Quién no ha tenido ese vecino insoportable que parece tener un máster en cómo colmarte la paciencia? Ese que no respeta horarios, invade tu espacio y, para colmo, actúa como si fuera dueño de la cuadra. Pues la historia de hoy, que se viralizó en Reddit, es la crónica de cómo un simple asado de brisket terminó siendo la dulce venganza contra una vecina (y su perro) que se creían los reyes del barrio… en pleno estilo “ojo por ojo, popó por popó”.
Cuando tu patio se convierte en baño público… sin pedir permiso
Imagínate: llegas a casa después de un día largo, solo quieres relajarte, y de repente te encuentras con un pitbull mix mirándote con cara de “¿aquí es la fiesta?”. Tu portón, que sólo se abre por dentro, está abierto de par en par. Al principio uno piensa: “Bueno, se le habrá ido la mano al perro empujando”. Pero cuando el can regresa al rato, y tus vecinos están en su garage echando humo como si fuera concierto de reggae, empieza a oler a gato encerrado (o mejor dicho, a perro suelto).
La situación empeora cuando te das cuenta de que el perro, que ni siquiera debería estar ahí (el arrendador no permite mascotas), convirtió tu jardín en su baño personal. Y mientras tanto, los vecinos, de esos que se creen dueños de la calle, siguen como si nada: fiestas ruidosas, coches estorbando la salida, y ahora, el plus de “servicio sanitario canino a domicilio”.
El asado que se volvió karma instantáneo
Aquí entra el verdadero giro mexicano de la trama: una noche de Navidad, después de 14 horas cocinando brisket para el gran festín, el protagonista de la historia deja el balde con la grasa del asado en el patio, pensando tirarlo después. Pero claro, en el trajín de la cena, se le olvida.
A la mañana siguiente, sale a tirar la basura y se encuentra el escenario digno de una película de terror: el portón otra vez abierto, el balde de grasa vaciado, papel toalla destrozado, aluminio por todos lados y huellas de patas bien marcadas como firma del “delincuente”. El perro del vecino se había comido cerca de un litro de pura grasa de brisket. ¡Hasta los perros más glotones de la colonia hubieran levantado bandera blanca!
Aquí es donde la justicia divina hace acto de presencia. Como bien comentó una usuaria en Reddit, “ese pobre perro va a conocer el infierno en su pancita” (y el infierno en el suelo de la casa de los vecinos, porque la diarrea y el vómito están garantizados). Otro usuario, con humor negro muy a la mexicana, lo resumió así: “Esta es una venganza de autoservicio: todos sufren. El perro, por tragón; los vecinos, por cochinos; y tú, por tener vecinos así”.
¿Y el perro? ¿Y el karma? ¿Y la paz vecinal?
La preocupación por el perro no se hizo esperar. Muchos lectores, como buenos amantes de los animales, señalaron que el verdadero culpable no es el pobre animal, sino los dueños irresponsables. “El perro es una víctima inocente, el castigo debería ser solo para los humanos”, opinó uno de los comentarios más votados. Incluso hubo quien contó sus propias anécdotas: “Mi perro una vez se tragó un kilo de mantequilla… después de limpiar mi troca nueva por dentro, aprendí la lección”.
El protagonista de la historia, lejos de odiar al animal, fue claro: “No tengo bronca con el perro, pero sí con los vecinos. Igual les avisé lo que había pasado, y solo me dijeron ‘gracias’ como si nada”. Al final, decidió ponerle candado al portón y asunto arreglado. Como decimos acá: “Cuentas claras, amistades largas… o al menos, patios limpios”.
Hubo quienes sugirieron soluciones más radicales, como reportar la situación al arrendador o devolver “el regalito” al patio del vecino, pero también muchos recomendaron no escalar el conflicto para no terminar en una guerra de nunca acabar (nadie quiere una versión mexicana de los Hatfields y los McCoys en su colonia).
Un cierre al estilo barrio: vive y deja vivir, pero con candado
Lo que más resalta de esta historia es el ingenio para sobrevivir la vida vecinal y el saborcito de ver a los aprovechados tener que limpiar su propio tiradero. A veces la vida (y un poco de grasa de brisket) se encargan de poner las cosas en su lugar. Y, como bien dijeron en Reddit, “las bardas altas y los portones cerrados hacen buenos vecinos”.
Así que ya sabes, si algún día tu vecino decide que tu patio es mejor que el suyo para que su perro haga lo suyo, recuerda: el karma existe, a veces viene en forma de brisket y siempre es mejor ponerle candado a la puerta… y a la paciencia.
¿Te ha pasado algo parecido con tus vecinos? ¿Cuál ha sido tu “venganza pequeña” más satisfactoria? ¡Cuéntanos en los comentarios y comparte este post con tu amigo al que siempre le tocan los vecinos más pintorescos!
Publicación Original en Reddit: Neighbor kept opening our gate so their dog could poop in our back yard