La venganza chiquita detrás de la encuesta 'confidencial' que nadie olvida
¿Quién no ha escuchado la famosa frase: “Esta encuesta es completamente anónima, responde con sinceridad”? Ya sabes, esa típica encuesta en la chamba que llega directo a tu correo laboral, con una promesa de confidencialidad que, la neta, ni tu abuelita se cree. Bueno, hoy te traigo una historia realista, casi casi de telenovela, donde una simple encuesta terminó siendo la trampa perfecta para exponer a una jefa más venenosa que el chile habanero.
Así que si alguna vez has sentido que tu trabajo es el “patito feo” de la empresa o has tenido que lidiar con ese jefe(a) que ni su mamá quiere, prepárate para reír, indignarte y, quién sabe, tal vez animarte a contar tu propia historia.
Cuando el “patito feo” era el que hacía ganar la lana
Todo empezó en una empresa donde el protagonista, tras años de sudar la camiseta, quedó a cargo de un departamento que, aunque ignorado y mal comprendido, resultaba ser uno de los más rentables. Ya sabes, el típico lugar donde el jefe de arriba ni sabe tu nombre, pero los números hablan por sí solos.
Al principio, había dos niveles de jefes: los de oficina central y los directos. Pero un buen día, los de la central desaparecieron sin decir agua va, como cuando tu compa se va de la fiesta sin despedirse. Ni avisos, ni correos, ni una señal de humo. “¿Y ahora quién podrá defendernos?”, pensó nuestro protagonista. La respuesta fue: nadie. Solo quedaron los jefes directos, esos que no entienden ni papa del trabajo, pero que igual se creen dueños del balón.
La jefa tóxica y la encuesta que encendió la mecha
Pasaron los años y, como en toda buena historia de oficina, llegó la jefa tóxica, respaldada por un gerente general igual de ponzoñoso. Sabían que el departamento iba a desaparecer, pero en lugar de ser honestos, se dedicaron a hacer la vida imposible: comentarios ácidos, gritos, desplantes y una nube negra que se sentía hasta en el café.
¿Y qué hizo nuestro héroe? Como buen latino, en vez de armar un escándalo, se puso a documentar todo: cada insulto, cada humillación, cada “¿y tú por qué sigues aquí?”. Todo quedó guardado, esperando su momento. Y ese momento llegó con la esperada encuesta anual “confidencial”.
Aquí es donde la historia se pone sabrosa. El protagonista llenó la encuesta con lujo de detalle, relatando cada episodio tóxico. “No hay bronca, total, nadie va a leer esto”, pensó. ¡Error! Resulta que la encuesta no era tan confidencial como decían.
El día que la verdad salió a la luz (y la jefa se tragó sus palabras)
Con nuevos jefes en la empresa y la vieja guardia fuera por “detalles no revelados” (ya saben, esos chismes que nunca se cuentan pero todos sospechan), llegó el día de leer los resultados de la encuesta. Reunieron a todos los jefes y, de pronto, salió a relucir la denuncia completita del protagonista.
Lo curioso es que la jefa tóxica, convencida de que nadie se atrevería a criticarla, exigió que se leyeran también los comentarios negativos. “¡Que se diga todo!”, gritó, segura de que los dardos iban para otros. Pero toma la papa, los comentarios eran sobre ella, y todos los presentes se enteraron de su verdadero yo. Tuvo que pedir disculpas a los demás jefes, pero nunca a nuestro protagonista ni a su compañero de batalla. Eso sí, después del oso, ni lo volteó a ver durante meses.
Un usuario de Reddit lo dijo clarito: “Nunca, NUNCA creas que una encuesta es confidencial. Porque NO LO ES.” Y otro agregó: “A mí me tocó una con token y correo, y todavía quieren que les crea”. ¿Te suena familiar? En Latinoamérica, muchos hemos visto cómo estas encuestas se usan más para controlar que para mejorar.
Cultura laboral: entre la desconfianza y la carcajada
Las respuestas de la comunidad no se hicieron esperar. Algunos contaron que en sus empresas también aplican la de la encuesta “anónima” que te pide iniciar sesión y luego te manda recordatorios si no la llenaste. Otros, que en equipos pequeños, con solo ver los comentarios ya saben quién fue el valiente.
Un usuario compartió: “En mi chamba, después de una encuesta, nos citaron a todos y nos regañaron por no poner puros 10. Desde entonces, todos respondemos 10 y ya”. ¡Clásico! Es como cuando en la escuela todos se ponen de acuerdo para contestar igual y que no haya represalias.
También hubo quien, con humor, aconsejó: “La mejor forma de lidiar con esas encuestas es ignorarlas. Nada bueno sale de ser brutalmente honesto.” Y es que, en muchos trabajos latinoamericanos, sabemos que la sinceridad muchas veces solo trae problemas y que el chisme corre más rápido que el aguinaldo.
¿Y qué pasó al final? La venganza servida en frío
La historia cierra con broche de oro: el protagonista, ya cansado del ambiente tóxico y aprovechando la indemnización, se fue por voluntad propia. ¿La cereza del pastel? La jefa andaba diciendo que él nunca se iría. Pues toma chango tu banana, se fue y le dejó claro que uno siempre debe saber cuándo retirarse con dignidad.
Al final, esta “venganza chiquita” fue más un acto de justicia poética y una demostración de que, a veces, el karma sí existe… aunque sea en forma de encuesta.
¿Tú también has vivido algo así? Cuéntamelo en los comentarios. ¿Has caído en la trampa de la “encuesta confidencial”? ¿Te animarías a ser sincero o mejor le pones puro 10 como en la primaria para evitar broncas? ¡Que no se te vaya la lengua, pero tampoco la risa!
Publicación Original en Reddit: Not so confidential Survey