La puerta del baño: una batalla épica entre huéspedes y recepción en temporada alta
¿Alguna vez has sentido que todo puede salir mal justo cuando menos hay manos para ayudar? Así es la vida en la recepción de un hotel durante la temporada alta: reservas al tope, personal reducido y, por supuesto, los huéspedes más exigentes del año. Hoy te traigo una historia que parece sacada de un episodio de “La Rosa de Guadalupe”, pero con toalla y chanclas: la batalla por una puerta de baño que no se quería cerrar y una huésped con más drama que telenovela de las nueve.
Una familia, una puerta atascada y mucho, pero mucho estrés
Todo comenzó una tarde calurosa de verano, de esas en las que los hoteles están “a reventar”. Una familia llega, se instala, y al poco rato baja la mamá a la recepción con cara de pocos amigos: la puerta del baño no se puede cerrar. ¿El motivo? Probablemente una baldosa mal puesta, pero en ese momento eso era lo de menos.
Mi compañera de recepción, con toda su paciencia y experiencia, tomó nota del problema y dijo que avisaría al técnico. Pero claro, en esos días donde uno no sabe si va o viene, lo urgente tapa lo importante y, entre una montaña de check-ins y llamadas, la puerta quedó igual.
“Siempre hay habitaciones de sobra”… y otros mitos hoteleros
Horas después, la familia volvió de su paseo, pero en vez de souvenirs trajeron más quejas. Esta vez, la señora de la casa venía sacando chispas porque la puerta seguía igual. Aquí es donde la historia se pone buena: la huésped, con tono de “yo sé porque trabajé seis años en hoteles”, asegura que “cuando un hotel dice que está lleno, en realidad siempre tienen un par de habitaciones escondidas”. ¡Como si uno guardara cuartos como abuelita guarda galletas!
Un usuario comentó que quienes dicen frases como “yo trabajé en hotelería, sé cómo es”, por lo general no tienen idea. Es cierto: si un hotel puede vender habitaciones, las vende. Nadie va a dejar un cuarto vacío solo para que, por si acaso, venga la realeza.
La señora insistió que podíamos cambiarla a la habitación de alguien que aún no había llegado. Pero ya el técnico estaba en lista para arreglar el problema y, con el hotel lleno, no había ni dónde meter un alfiler. No faltó quien, en los comentarios, dijera que en esos casos uno puede ofrecer cancelar la reserva sin penalización. Pero claro, la huésped quería privacidad, no irse.
El drama escala: exigencias, lágrimas y… ¿para esto tanto show?
Como buena protagonista, la señora no se cansó. Volvió a recepción hecha una furia, exigiendo que se llamara al técnico “ya mismo” porque ni los hombres de la familia podían mover la puerta. Mientras mi colega intentaba calmarla —casi al borde del llanto—, yo, que era nuevo y no sabía ni dónde estaba parado, solo podía observar y pensar: ¿tanta bronca por una puerta?
Por fin, tras varios intentos, logramos que el técnico contestara y prometiera venir. La señora regresó a su habitación a esperar el milagro. Mi compañera, agotada, fue a tomar un respiro y justo ahí sonó el teléfono: era el marido, diciendo que ya habían logrado abrir la puerta ellos mismos, que ya no hacía falta ayuda.
¡Por poco me da un patatús! ¿Todo este drama para que al final ellos lo arreglaran en dos minutos? Como diría cualquier latino: “¡No me friegues!”
Entre la privacidad y el sentido común: ¿realmente valía la pena?
Que conste, entiendo perfecto el deseo de privacidad. Como bien dijo un comentarista, hay quienes no soportan ni la idea de usar el baño cerca de otros, aunque sean familia. Pero, ¿de verdad hacía falta armar semejante escándalo? Hubo quien sugirió poner música, enviar a la familia al pasillo o simplemente relajarse. Aunque, para ser sinceros, cada quien maneja su intimidad a su manera.
Lo que sí quedó claro, como resaltó otro usuario, es que hay personas que no buscan soluciones, sino descuentos o beneficios extras. Y, lamentablemente, a veces la gente olvida que el personal de hotel también es humano y no tiene una varita mágica para resolverlo todo, menos cuando el hotel está lleno hasta el techo.
Reflexión final: ser huésped con clase… o con drama
Al final, la puerta se abrió y la familia pudo hacer lo suyo en paz. Pero mi compañera terminó el turno con el ánimo por los suelos y yo, con una gran lección: no todos los problemas en hotelería son de plomería… a veces son de paciencia.
Así que la próxima vez que viajes y algo no funcione bien, recuerda: un poco de empatía y sentido común hacen la diferencia. Y tú, ¿qué hubieras hecho en esta situación? ¿Eres del “equipo drama” o del “equipo solución”? ¡Cuéntame tu experiencia en los comentarios y comparte este relato con ese amigo que siempre arma show en los hoteles!
Porque en este mundo, hay quienes solo quieren cerrar la puerta… y quienes hacen de eso, todo un espectáculo digno de horario estelar.
Publicación Original en Reddit: The tale of the bathroom door