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La pequeña venganza en el súper: cuando ser alto es un superpoder (y no pedir perdón, un pecado)

¿Quién no ha tenido un roce incómodo en el supermercado? Ese lugar donde la paciencia y la educación se ponen a prueba más que en la sala de espera del IMSS. Pero hay días en que la vida te da la oportunidad de aplicar una “venganza chiquita” que sabe a gloria. Así le pasó a un usuario de Reddit en Nueva Zelanda, quien nos regaló una historia que podría pasar perfectamente en cualquier Soriana, Chedraui o supermercado latino.

Imagínate: es martes, apenas son las 9 de la mañana, el súper casi vacío y tú pensando que harás tu mandado en santa paz. Pero no, siempre hay alguien que viene a romper el hechizo…

El carrito asesino y el arte de pedir perdón (o no)

El protagonista, al que llamaremos “Juan Alto” para darle sabor local, estaba sacando su leche sin molestar a nadie cuando, de repente, alguien lo atropella con su carrito. A muchos nos ha pasado: ese golpecito incómodo, la mirada fría y, por alguna razón inexplicable, eres tú quien termina pidiendo disculpas aunque ni la culpa era tuya.

Como buen latino que prefiere la paz antes que el drama (aunque luego lo cuente en la sobremesa), Juan solo soltó un “perdón” y siguió su camino. Pero la otra persona ni las gracias, solo ese clásico “te miro feo porque puedo”.

¿Te suena? Un comentario en el post lo resume perfecto: “¿Por qué siempre nos disculpamos aunque la culpa sea del otro?” Y sí, en Latinoamérica también somos campeones en eso de pedir perdón hasta por pisar un poste, como contó alguien que, después de chocar con un muro, también le pidió disculpas.

El karma se sirve en los estantes altos

Lo curioso es que la vida (o el karma, según la abuela) se encarga de poner todo en su lugar. Minutos después, Juan Alto se topa con la misma persona en el pasillo del aceite. Esta vez, la “atropelladora” le pide ayuda —con señas y cara de “no pienso hablar”— para alcanzar un aceite de oliva en lo más alto, ese lugar reservado para los que miden más de 1.75m o los que se trepan a los estantes jugándose la vida.

Aquí viene lo sabroso: Juan, en vez de entregarle el aceite, le recuerda amablemente que es la misma persona a la que atropelló, y que no piensa ayudarla a menos que le ofrezca una disculpa. Silencio incómodo, mirada de piedra… y Juan simplemente deja el aceite en su lugar y se va como rey.

Un comentarista lo dijo de forma épica: “Ellos tal vez nunca lo admitan, pero seguro te admiran… ¡en más de un sentido!” Y es que, como dicen por ahí, a veces hay que poner límites y no dejar que la gente se salga con la suya solo por ser “chaparrita de carácter”.

¿Gente alta: héroes anónimos en el súper? La batalla del “alcánzame eso, porfa”

¿Quién no ha pedido a un desconocido que le baje algo de un estante? En Latinoamérica, es casi un rito: terminas pidiendo ayuda y hasta platicando un poco, porque aquí nos encanta la charla casual. Pero eso sí, la mayoría coincide: si lo pides con una sonrisa y respeto, siempre hay alguien dispuesto a echarte la mano.

Una comentarista, orgullosamente “chaparrita”, confesó que prefiere pedir ayuda antes que arriesgarse a escalar como changuito y acabar rompiendo algo (¡yogurt estrellado, te recordamos!). Otro, muy alto, dice que hasta lo disfruta: “Es lo único bueno de ser una jirafa humana”, bromea. Y claro, siempre está el trueque: “Te bajo el aceite, pero tú me alcanzas el arroz del fondo”.

Pero ¡ay de aquel que se pase de grosero! Como resume otro usuario: “Si eres amable, te ayudo encantado; si no, que te alcance el gerente”.

Reflexión final: la importancia de la cortesía (y un poco de humor)

La historia no solo nos hace reír, sino que nos recuerda el valor de la educación y el respeto, tan presentes en la cultura latina. Aquí, pedir perdón no te quita nada y una sonrisa abre más puertas (o estantes) que cualquier otra cosa.

Como bien dijo una comentarista: “Los chaparros y los altos podemos ser aliados en el súper, pero la grosería no tiene tamaño”. Así que la próxima vez que vayas al supermercado y necesites ayuda, acuérdate: un “por favor” y un “gracias” valen más que mil maromas.

Y tú, ¿eres de los que ayuda a bajar cosas en el súper o de los que ha tenido que pedir auxilio? ¿Te ha tocado alguna venganza chiquita digna de telenovela? ¡Cuéntanos tu historia! Aquí todos cabemos, sin importar la estatura, pero eso sí… con buena actitud.


Publicación Original en Reddit: Teased a short person at the Supermarket by holding something just out of reach