La pequeña venganza de los pistaches: cómo derroté al jefe tragón en la oficina
¿Alguna vez has sentido que en tu trabajo hay alguien que, aunque gana mucho más, no puede resistirse a meter la mano donde no debe? Todos tenemos ese compañero o jefe que parece tener radar para las cosas gratis, especialmente en época navideña cuando los regalos abundan. Pero cuando el abuso supera la línea, solo queda recurrir al arma secreta de cualquier latinoamericano: la venganza chiquita, pero sabrosa.
Hoy les traigo la historia de una oficina cualquiera, pero con una lección que nos toca a todos: defender lo nuestro, aunque sea a punta de pistaches.
El arte de compartir (o no) en la oficina
En muchas oficinas de Latinoamérica, cuando llegan las canastas navideñas, el ambiente se pone como mercado en sábado: todos quieren una probadita de lo mejor. Pero hay una regla no escrita: lo que llega para un equipo, se comparte solo si el corazón lo desea. Ahora imagina que tu jefe –ese que nunca comparte ni el saludo– se aparece todos los días en tu área para comerse lo mejorcito de tus regalos. Eso fue lo que vivió nuestro protagonista, quien, junto a su equipo, rara vez recibía algún detalle, hasta que por fin les compartieron algunas canastas con dulces, galletas y, claro, el “manjar de los ricos”: los pistaches.
El vicepresidente de la empresa, acostumbrado a ganar cinco veces más que cualquiera del equipo, no solo se apropió de los regalos de los demás, ¡sino que abrió la canasta nueva y fue directo por los pistaches! Y todavía tuvo el descaro de decir: “me encantan los pistaches, la nuez de los ricos”.
En México diríamos: ¡no tiene llenadera!
La venganza es un platillo que se sirve con sal... y pistaches
Ante tal descaro, nuestro héroe decidió que no podía dejar que ese jefe tragón siguiera robando la “nuez de los ricos”. ¿La solución? Comer todos los pistaches él solito, aunque ni le gustaran tanto. Porque a veces, como decimos en el barrio, “no es por hambre, es por coraje”.
Comerse cuatro tubos de pistaches no es cosa fácil. El cuerpo después lo resiente, pero el orgullo queda intacto. Como diría un usuario en Reddit: “Estoy tan lleno de pistaches que podría reventar, pero al menos el jefe no se llevará ni uno más”.
Este tipo de pequeñas venganzas son muy nuestras: no dañan a nadie, pero dejan claro que no nos vamos a dejar. Como comentó alguien con mucha picardía: “¡Eso es justicia poética! Que se quede con las ganas el jefe, que bastante tiene con su sueldo”.
¿Por qué nos identificamos tanto con esta historia?
En Latinoamérica estamos acostumbrados a lidiar con los “jefes vivillos”, esos que creen que el puesto les da derecho a todo. No importa si es el pan del desayuno, el café de cortesía o los dulces de la recepción; hay quienes no conocen la vergüenza. Por eso, cuando alguien les pone un alto, aunque sea de forma indirecta, todos lo celebramos.
Muchos usuarios en la comunidad de Reddit compartieron anécdotas similares. Uno contó cómo en su equipo terminaron escondiendo los mejores bocadillos en los cajones y dejando a la vista solo lo que nadie quería. Otros sugirieron ideas aún más creativas: desde regalarle al jefe una canasta llena de envoltorios vacíos, hasta llenar su escritorio con cacahuates (el “pistache del pobre”).
Una frase que me hizo reír mucho fue la de un comentarista: “Jefe hace un peso, yo hago un centavo, pero me como los pistaches en horario de trabajo”. Y es que, aunque la diferencia salarial sea abismal, hay victorias que saben más dulce que cualquier aguinaldo.
¿Y los pistaches? Pues, ni tan de ricos…
Por cierto, entre la comunidad también hubo debate sobre si el pistache realmente es la “nuez de los ricos”. Algunos decían que esa fama la tienen las macadamias o los piñones, pero todos coincidían en una cosa: cuando el jefe quiere lo que no le toca, hasta los frijoles parecen caviar.
Otro usuario, con humor muy latino, propuso: “La próxima vez, cómete los pistaches mientras lo miras directo a los ojos, como diciendo ‘aquí mando yo’”. Y es que, a veces, el respeto en la oficina se gana mordida a mordida.
Conclusión: La dignidad no se regala, se defiende
Al final del día, esta historia no es solo sobre pistaches, sino sobre cómo, a través de pequeños actos de resistencia, defendemos lo nuestro en el trabajo. En un mundo donde la desigualdad es pan de cada día y muchos jefes creen que todo les pertenece, la astucia y el humor se vuelven nuestras mejores armas.
Así que la próxima vez que alguien quiera pasarse de listo en tu oficina, recuerda: nunca subestimes el poder de una pequeña venganza con sabor a nuez.
Y tú, ¿qué harías si un jefe abusivo quisiera tus pistaches? ¿Tienes alguna anécdota de “venganzas pequeñas” en tu chamba? ¡Cuéntamela en los comentarios y celebremos juntos esas pequeñas victorias de oficina que nos llenan de orgullo (y de pistaches)!
Publicación Original en Reddit: I ate a bag of 'rich mans nut' so my boss would stop coming into my office and eating the 'rich mans nuts'