La pequeña venganza de acera: cuando caminar recto se convierte en deporte extremo
¿Alguna vez te has sentido como en una batalla campal solo por caminar en la ciudad? Si eres de los que sigue religiosamente caminar por la derecha en la banqueta (acera), ¡esta historia te va a encantar! Porque sí, hasta en el simple acto de caminar, hay quien defiende su espacio como si estuviera en la final del Mundial.
Y es que, aunque muchos lo nieguen, en Latinoamérica también existe ese “contrato social” no escrito: cada quien por su lado, y todos en paz. Pero, ¿qué pasa cuando alguien decide desafiar la ley sagrada de la banqueta? Prepárate para una anécdota que mezcla orgullo, pequeños placeres y la satisfacción de no ceder ni un centímetro.
El arte de caminar derecho (y no dejarse intimidar)
La historia original la comparte un usuario estadounidense, pero quienes hemos caminado por avenidas de CDMX, Buenos Aires, Bogotá o Santiago sabemos que la lucha por la acera es universal. El protagonista explica que siempre camina pegado a la pared, bien a la derecha, cediendo espacio a los demás como buen ciudadano. “Así todos tienen lugar para pasar, y si alguien va apurado, puede rebasarme sin problema”, explica. ¿Quién no ha hecho lo mismo para evitar el clásico choque de hombros o ese incómodo baile de esquivar gente?
Pero un día, mientras paseaba con su esposa y su hermano, se topó con otro caballero que aplicó la misma táctica: caminar pegado a la pared… pero de frente. Aquí empieza el duelo. Ninguno quería ceder. Cuando estaban a un paso de chocar, el extraño se detuvo y, con una sonrisa que asustaría a cualquiera (y una dentadura que ni para Halloween), le soltó: “¿Cómo te llamas?” Nuestro héroe no cayó en el juego. Respondió seco y siguió su camino, apoyado en la pared, sacando el celular como quien dice “Aquí me planto, compadre”. El otro, frustrado, le gritó al irse: “¡Sabes cómo llamamos a gente como tú? ¡Petty!” (que en inglés significa “mezquino”, pero aquí sería más bien “necio” o “terco”).
¿Y qué hizo nuestro protagonista? Se echó a reír y alcanzó a su familia, sabiendo que acababa de ganar la batalla más tonta (pero satisfactoria) del día.
La ley de la banqueta: ¿contrato social o simple terquedad?
¿Te suena? En Reddit, el tema desató un debate buenísimo. Como comentó un usuario traducido libremente: “Mantenerse a la derecha es como el flujo de tráfico: si lo rompes, desatas el caos.” Otro le respondió que sólo cede el paso cuando hay perritos buscando sombra: “Ante un perro, todos nos hacemos a un lado.” ¡Y cómo no! Aquí en Latinoamérica, si hay un abuelito, una mascota o alguien con carrito, la regla se dobla. Pero con adultos sanos… ¡cada quien en su carril!
Una usuaria hasta confesó que con sus amigos jugaban a sumar puntos por cada persona que se apartaba, como si fuera un videojuego: “Si te chocan, suma; si te piden disculpas, más puntos. Pero si tú te disculpas, pierdes.” ¿Quién no ha sentido esa microvictoria de no moverse primero?
Y ojo, también hay quienes prefieren la vía pacífica, como aquel que dice: “Yo sólo me detengo y que los demás rodeen. Yo merezco mi mitad de la acera.” O el que recordó la vieja costumbre de su abuelita: “El hombre siempre debe caminar del lado de la calle para proteger a la dama.” Aquí en el sur, muchos crecimos escuchando eso también, aunque ahora toca adaptarse al tráfico peatonal moderno.
Excepciones, malentendidos y un poco de humor
No faltaron quienes recordaron que toda regla tiene sus excepciones. “Si es una persona mayor, discapacitada, perros, bebés… no soy un robot sin corazón”, aclaró el autor original. Y claro, siempre hay quien se burla de la necedad: “Esto es lo que pasa cuando dos niños se encuentran en la banqueta”, comentó alguien. O el que bromeó con la referencia a Dr. Seuss: dos personajes tercos que jamás ceden el paso y se quedan parados para siempre. ¿A poco no te ha pasado ese “bailecito” incómodo de un paso a la izquierda, otro a la derecha, y nadie avanza?
Pero, al final, el consenso fue claro: defender tu espacio en la acera es una mezcla de orgullo, reglas no escritas y un poco de picardía. Y aunque a veces parezca una tontería, da una satisfacción especial saber que no cediste ante la terquedad ajena.
Reflexión final: ¿Por qué nos importan tanto estos pequeños triunfos?
Quizá porque, en la vida cotidiana, pocas cosas nos dan tanto control como decidir por dónde caminar. En ciudades caóticas, el simple hecho de mantener tu carril puede ser un acto de rebeldía, o una forma de imponer tu propio orden en medio del desorden.
Así que la próxima vez que salgas a caminar y te toque ese duelo silencioso en la banqueta, recuerda: todos jugamos este juego, aunque no lo admitamos. Y si alguien te llama “terco”, “necio” o “petty”, solo sonríe, sigue adelante y disfruta tu pequeña gran victoria.
¿Y tú? ¿Eres de los que se aferran a la derecha, o te da igual? ¿Tienes alguna anécdota de “duelos en la acera”? ¡Cuéntanos en los comentarios y comparte este post con ese amigo que siempre termina chocando con todos en la calle!
Publicación Original en Reddit: The stupidest little petty thing