La noche más apestosa en recepción: historias que solo pasan en hoteles
Si creías que trabajar en la recepción de un hotel era solo atender huéspedes sonrientes, entregar llaves y recomendar lugares turísticos, hoy te traigo una historia que te hará pensar dos veces antes de idealizar este trabajo. Porque sí, hay noches tranquilas… y otras que son verdaderamente “inolvidables”. Prepárate para reír, empatizar y hasta hacer cara de asco con uno de esos relatos que parecen sacados de una comedia… pero que fue muy real.
Cuando la noche te da limones… o algo peor
Todo comenzó como una noche cualquiera para nuestro protagonista, quien trabaja en el turno nocturno de auditoría en un hotel. Ya sabes, ese horario donde “nunca pasa nada”… hasta que pasa. Apenas terminó de comer y se disponía a iniciar su jornada, su compañera del turno anterior le pasó el relevo con una advertencia: “Hay un problemita en el baño de hombres del lobby”.
¿Un problemita? ¡Vaya eufemismo! Al llegar al lugar, se encontró con una “obra de arte” digna de pesadilla: un “pastel de lodo” (sí, ese tipo de pastel que no quieres ver ni oler) tamaño familiar, justo al lado del mingitorio. Resulta que un señor mayor, con problemas de movilidad, intentó llegar corriendo pero la vida no le dio tiempo. Y claro, la vergüenza pudo más y nadie avisó.
Aquí en Latinoamérica, solemos decir “más vale prevenir que lamentar”, pero en este caso no hubo ni prevención ni aviso… solo un regalo navideño adelantado.
El verdadero trabajo en equipo… o cómo descubrir que nadie quiere ser el héroe
Quizás pienses: “Bueno, el personal de limpieza se encarga y listo”. Pero la realidad es otra. La señora de limpieza dijo que no podía hacerlo sin vomitar (y sinceramente, ¿quién puede culparla?), mientras la encargada del segundo turno alegó que eso no entraba en su descripción de puesto. ¿A quién no le ha tocado en el trabajo ese momento de “yo no fui” o “no me pagan lo suficiente”? Es más común de lo que parece, ya sea en hoteles, oficinas o cualquier empresa en Latinoamérica.
Aquí vale la pena rescatar el comentario de un usuario de la comunidad: “Te mereces un aumento… ¡y bono por riesgos biológicos!”. Algo que muchos lectores aplaudieron, porque como dice el dicho: “Alguien tiene que ensuciarse las manos para que todo funcione”.
Nuestro protagonista, como buen latino que no le saca al bulto, respiró hondo, se armó con guantes, bolsas, trapeador, desinfectante y hasta se tapó la nariz con tapones y chicle de menta dentro del cubrebocas. ¡Un verdadero guerrero de la limpieza!
Lo que no te cuentan de la hospitalidad: anécdotas para no olvidar
En los comentarios se desató una lluvia de anécdotas y consejos. Hubo quien relató que en su época en hoteles se topó con situaciones semejantes y prefirió poner un letrero de “Fuera de servicio” antes que enfrentar el desastre, algo muy de “no es mi bronca, que lo vea el jefe”, típico en algunos ambientes laborales de nuestra región.
Otros aprovecharon para bromear: “Nunca digas ‘no puede ser peor’, porque siempre puede”. ¡Y qué razón tienen! Como decimos por aquí, “al mal tiempo, buena cara”. Incluso uno comentó: “Si la señora de limpieza no puede con esto, ¿para qué la contrataron?”. Eso sí, nuestro héroe prefirió evitar una tragedia mayor y hacerlo él mismo, porque como bien dijo: “Mejor evitar que el problema crezca”.
No faltaron las historias paralelas: desde quien tuvo que limpiar huellas de “accidentes” por todo un baño, hasta quien se enfrentó a situaciones similares en hospitales y pensó que ya había superado esa etapa de su vida. Pero como bien dice el refrán: “Nunca digas de esta agua no he de beber”.
Reflexión final: la cara oculta de los trabajos “comunes”
Esta historia nos recuerda que, detrás de cada sonrisa en recepción, hay un sinfín de historias y retos que nadie imagina. Desde resolver emergencias hasta limpiar desastres que la mayoría ni querría mirar, mucho menos enfrentar. El trabajo en hotelería –y en muchos otros sectores en Latinoamérica– requiere paciencia, temple y un gran sentido del humor.
Así que la próxima vez que veas a alguien en recepción o limpieza, dale una sonrisa y una palabra amable. Nunca sabes si esa persona acaba de sobrevivir a una noche “apestosa” y aún así sigue dando lo mejor de sí.
¿Y tú? ¿Qué harías en una situación así? ¿Tienes una anécdota parecida? ¡Cuéntame en los comentarios! Porque en este lado del mundo, si algo nos sobra, son historias para no dormir… o para reírnos después del susto.
Publicación Original en Reddit: The Crappiest Situation I’ve had…