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La migración anual de los menonitas: historias insólitas desde la recepción del hotel

Vista cinematográfica de menonitas viajando de Alberta a México durante su migración anual.
Disfruta de la belleza de la migración anual menonita en esta representación cinematográfica, que captura el espíritu y la tradición de las familias que viajan de Alberta a México para las festividades.

¿Alguna vez te ha tocado presenciar una “migración” tan peculiar que parece sacada de una película? En Norteamérica, existe un fenómeno anual que, aunque pocos en Latinoamérica conocen, es tan real como el pan dulce en Navidad: la migración de los menonitas entre Canadá y México. Imagina el lobby de un hotel llenándose de familias numerosas, mujeres con faldas largas y sombreros, caravanas de camionetas y un desfile de niños como si fuera la hora de la salida en una escuela rural. Pero esto no es ficción, es la vida real según las historias de los recepcionistas en la frontera… ¡y vaya que hay tela de dónde cortar!

Una caravana que atraviesa el continente

En pleno diciembre, mientras muchos de nosotros estamos pensando en posadas o en el recalentado, en la frontera de México y Estados Unidos ocurre algo digno de un documental de National Geographic versión norteña: cientos de familias menonitas viajan desde Alberta, Canadá, hasta México para pasar las fiestas o ayudar en la cosecha. No es exageración decir que se siente como si medio Canadá hubiera decidido irse de vacaciones, pero con un toque muy particular.

Estas familias, descendientes de menonitas que emigraron de México a Canadá en los años 60, hacen este viaje año tras año, y no pasan desapercibidas. ¿Por qué? Primero, por su vestimenta: las mujeres parecen sacadas de una novela de la colonia, con vestidos largos y pañoletas, mientras los hombres y niños van impecablemente sencillos, casi como los personajes que a veces vemos en las novelas históricas mexicanas o en las ferias de pueblo. Un recepcionista canadiense bromeaba que la primera vez que los vio pensó que era una red de trata; ¡imagínate el susto!

Aventuras y malabares en los hoteles

Ahora, lo verdaderamente divertido (o trágico, depende de a quién le preguntes) empieza cuando estas familias llegan a los hoteles. Piden una habitación con “dos camas”, pero en realidad, lo que buscan es meter a 10 personas en el mismo cuarto: papá, mamá, dos tías, media docena de niños y algún primo suelto. Lo que en cualquier hotel mexicano sería “¿y cuántos son en total, joven?” se convierte en una negociación internacional sobre camas, colchones en el piso y hasta esquinas del cuarto.

Muchos empleados relatan que los menonitas hacen hasta lo imposible por ahorrar. Pagan en efectivo (cuando los hoteles ya ni aceptan efectivo por precaución), usan tarjetas que a veces resultan falsas (porque las compraron a algún vivillo en la frontera prometiéndoles descuentos), y no es raro que pidan tarifas gubernamentales “porque escucharon que así sale más barato”. Es el típico “¿No hay algo más barato, jefe?”, elevado al nivel de maestría.

Un comentario destacado de la comunidad decía: “Los menonitas son como los abuelos tacaños, pero versión internacional. Se llevan el azúcar y la crema de la estación del café, comen en el desayuno gratis y regresan por los sobrantes antes de que acabe el horario”. ¿A poco no suena a las clásicas historias de familiares que aprovechan cada centavo en el buffet?

Entre la desconfianza y la hospitalidad: realidades y mitos

Pero no todo es risas y anécdotas. La comunidad hotelera del norte de América también habla de las complicaciones de recibir a este grupo año con año. Algunos señalan que, debido a su estilo de vida cerrado y falta de información, muchas veces terminan siendo víctimas de estafas (como las tarjetas AAA falsas). Otros, más escépticos, advierten que no hay que confiar ciegamente: “En estos grupos tan cerrados, hay quien ve a los de afuera como ‘extranjeros’ y no dudan en darle la vuelta a las reglas si pueden”.

De hecho, varios usuarios mencionan que, durante los brotes de sarampión en Canadá y Texas, se identificó a los menonitas como un posible foco de contagio, porque no siempre siguen los esquemas de vacunación recomendados. Un usuario lo resumió así: “Si ves una caravana menonita, ponte cubrebocas y mantén la distancia, como cuando hay gripa en la oficina".

Pero, como en todo, hay matices. Muchos menonitas viven integrados a la sociedad, usan ropa moderna y tienen empleos comunes. “No todos los menonitas son iguales”, aclara un comentarista que se identifica como descendiente de menonitas liberales. Es como decir que todos los mexicanos usan sombrero o que todos los argentinos toman mate: hay diversidad hasta en lo que parece más homogéneo.

¿Y tú? ¿Recibirías a una caravana de menonitas?

Al final, la migración menonita es un fenómeno que mezcla tradición, religión, economía y hasta algo de picaresca. En los hoteles, la anécdota se repite: familias enteras queriendo meter a todos en una sola habitación, negociando como si estuvieran en el tianguis, y dejando recuerdos imborrables (algunos graciosos, otros no tanto).

Si alguna vez te toca ver una caravana menonita, quizá te sorprenda su organización, su afán por ahorrar y su manera de mantener vivas sus costumbres, aun en pleno siglo XXI. ¿Quién diría que detrás de esos vestidos largos y sombreros hay historias dignas de una serie de Netflix?

¿Tienes alguna historia parecida con clientes peculiares o familias numerosas? ¿Te tocó atender a menonitas o algún grupo que viaje así en tu trabajo? ¡Cuéntanos en los comentarios! Porque si algo nos une en Latinoamérica, es la capacidad de reírnos de lo insólito y encontrarle el lado divertido a cualquier migración, aunque sea la de los menonitas en temporada alta.


Publicación Original en Reddit: Annual Migration of the Mennonites