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La herencia en Snapchat, el iPad “maldito” y mi huida del infierno del retail tecnológico

Ilustración estilo anime de una persona escapando de la vida en retail, rodeada de electrónicos y un logo de Snapchat.
Esta vibrante obra inspirada en el anime captura la esencia de liberarse de las limitaciones del retail, reflejando un viaje lleno de pasión tecnológica y crecimiento personal. ¡Acompáñame mientras comparto mi historia de dejar atrás el mundo del retail!

¿Alguna vez sentiste que tu trabajo se convirtió en una guardería improvisada para adultos? Bueno, si creías que la atención al cliente en tiendas de tecnología era solo vender celulares y arreglar impresoras, prepárate para reír (y llorar) con la historia que te traigo hoy. Imagina el cruce entre la paciencia de una madre latina, la terquedad de una abuelita y la confusión tecnológica más surrealista… Todo junto en la tienda de electrónicos más famosa de Noruega.

Cuando la herencia está… ¿en Snapchat?

Todo comenzó con una clienta que podría ser la versión nórdica de la clásica “doña Gertrudis” que todos conocemos: cariñosa, pero tan terca que ni el Santo Niño de Atocha la haría cambiar de idea. Gertrude, de más de 80 años, llegó con su iPad (comprado en la tienda) y una petición muy peculiar: quería imprimir los papeles de la herencia de su papá, fallecido en los años 60. Hasta ahí, uno pensaría: “Bueno, quizás los tiene escaneados en el correo.” Pero la sorpresa fue mayúscula cuando “doña Gertrudis” afirmó, con toda seguridad del mundo, que el agente inmobiliario ¡le había enviado los documentos por Snapchat!

Sí, así como lo lees. Snapchat, esa app que en Latinoamérica usamos para enviar selfies con orejas de perrito, según Gertrude era el canal oficial de documentos notariales de los años 60. La escena era digna de telenovela: la señora picándole al iPad como si fuera máquina de escribir, gritando “¡Está aquí!” y yo (el pobre vendedor) tratando de explicarle con paciencia de santo que los documentos legales y Snapchat no suelen ir de la mano.

Como era de esperarse, no encontramos nada. Revisamos archivos, correo, ¡hasta el mismísimo Snapchat! Pero la señora se aferró a su verdad: “¡Sí está! ¡Tú no sabes nada!” Y salió furiosa, directo al banco.

Un loop infinito: la piñata tecnológica

Aquí no termina la cosa, porque Gertrude volvió. Y volvió. Y volvió. Como dirían los abuelitos mexicanos, “la burra al trigo”. Su vida se transformó en un partido de ping-pong entre la tienda y el banco: nosotros no encontrábamos los papeles; el banco, harto, la mandaba de nuevo a la tienda “a arreglar el iPad”. Y así, durante dos años. Dos años. Si esto fuera una película, ya estaríamos en la secuela.

En la comunidad de Reddit, un usuario bromeó que lo que necesitaba Gertrude era a los “Servicios de Protección al Adulto Mayor”, porque claramente la tecnología y ella no estaban hechos el uno para el otro. Y otros comentaron, con tono entre resignado y sabio, que a veces la familia simplemente “se lava las manos” y deja toda la carga a los empleados. En palabras de un latino: “Eso no se hace, familia es familia”.

El iPad “poseído” y la gota que derramó el vaso

Después de tanto ir y venir, llegó el día final. Gertrude apareció con un nuevo lío: había puesto mal el código de bloqueo tantas veces que el iPad quedó inservible, mostrando el temido mensaje: “iPad no disponible”. Para los que han vivido esta pesadilla, saben que solo un reseteo de fábrica lo resuelve… pero necesitas el Apple ID y contraseña. ¿Y adivina qué? Todo estaba vinculado a un teléfono fijo que ya ni existía y a un correo que jamás abrió. Ni el hijo (que ya estaba resignado, como muchos hijos adultos en Latinoamérica que migran o trabajan lejos) pudo ayudar.

En ese momento, la señora explotó: “¡Esto es culpa de la tienda! ¡Ustedes arruinaron el código! ¡Esto lo cubre la garantía!” Lo que en México llamaríamos “el clásico: échale la culpa al que está enfrente”. Ahí, el alma del vendedor salió del cuerpo. Como bien comentó un usuario de la comunidad: “Uno no es psicólogo ni punching bag del sistema bancario”. Y es verdad: lidiar con clientes que viven en su propia realidad tecnológica puede ser agotador, sobre todo cuando el sistema de apoyo familiar y social falla.

Reflexiones del infierno retail y el salto a un mundo sin “herencias digitales”

El desenlace: el protagonista de esta historia decidió renunciar y buscar un trabajo en ciberseguridad enfocado en empresas (B2B), donde la abuelita cascarrabias es reemplazada por problemas corporativos, pero al menos sin herencias fantasma en Snapchat. Como decimos en Latinoamérica: “Más vale malo por conocido que bueno por conocer”, pero a veces hay que saltar del barco antes de naufragar.

En los comentarios, muchos compartieron su propia “terapia grupal” sobre el calvario de trabajar en retail tecnológico. Uno dijo que prefería instalar canaletas que seguir lidiando con clientes que “no saben ni prender el celular, pero el problema siempre es del técnico”. Otro reflexionó que, aunque en las empresas también hay líos, al menos el estrés es del tipo que uno elige enfrentar, no el que te avientan sin aviso.

Al final, esta historia nos deja varias lecciones: la tecnología avanza más rápido que nuestras abuelas, la paciencia tiene límites y, sobre todo, que no importa en qué país estés, en todas partes hay una Gertrude esperando que le impriman la herencia… ¡en Snapchat!

¿Y tú, has vivido algo parecido?

¿Trabajas en atención al cliente o tienes una anécdota tecnológica con algún familiar? Cuéntanos en los comentarios tu historia más graciosa (o trágica) con la tecnología y los adultos mayores. Y si eres de los valientes que siguen en retail después de cinco años, ¡te mandamos un fuerte abrazo y todo nuestro respeto! Porque, como bien dicen por ahí, “el que aguanta en retail, aguanta cualquier cosa”.

¿Te gustaría leer más historias así? Síguenos y comparte este post con ese amigo que siempre termina arreglando los celulares de la familia.


Publicación Original en Reddit: The Inheritance on Snapchat, the 'Unavailable' iPad, and why I’m finally escaping Retail Hell