La dulce (y pequeña) venganza contra el bully de la prepa: cuando el nerd se rebeló
¿Quién no ha soñado alguna vez con devolverle el golpe a ese bully insoportable que hacía de la escuela un campo minado? En Latinoamérica, la figura del “buleador” es casi tan típica como los recreos con torta y juguito. Pero, ¿qué pasa cuando el nerd de la clase decide dejar de agachar la cabeza y, con astucia criolla, le da una cucharada de su propia medicina al bravucón? Hoy te traigo una historia real, tomada de las profundidades de Reddit, que te hará reír, reflexionar y, quizás, animarte a sacar tu lado más travieso (pero justiciero).
El inicio: del compañerismo a la humillación
La anécdota empieza como muchas otras: nuestro protagonista, en su primer año de prepa, conoce a R., un chico que parecía ser uno más del grupo de los “raritos”. Al principio, todo bien, compartían risas y hasta formaron su pequeña pandilla de inadaptados. Pero, como diría tu abuelita, “caras vemos, corazones no sabemos”. Un día, a R. le pareció gracioso montar a nuestro héroe en plena cancha, como quien monta un caballo, obligándolo a gatear frente a todos. El intento de buscar ayuda en los profes se topó con la clásica respuesta de “cosas de niños” y la situación quedó en el olvido… para los adultos, claro.
Aquí es donde la cosa se pone fea: R., ofendido porque lo delataron, empezó a hacerle la vida imposible al protagonista. Burlas, humillaciones públicas, y un ambiente escolar cada vez más pesado. Tristemente, muchos nos podemos identificar con este ciclo, donde los maestros miran hacia otro lado y los compañeros solo buscan la oportunidad de una buena pelea o chisme.
El arte de la venganza: sutil, anónima y deliciosa
Pero como buen latino, nuestro protagonista no se quedó de brazos cruzados. Nada de peleas a puño limpio ni escándalos al estilo telenovela, sino pequeñas venganzas, tan discretas como efectivas. La primera jugada maestra fue durante la clase de educación física. Encontró la mochila de R. y, ni corto ni perezoso, la lanzó por encima de la pared de la regadera cerrada, donde quedó perdida por horas. Imaginen la cara de R., buscando su mochila como quien busca el tesoro perdido… y llegando tarde y sudado a la siguiente clase.
La segunda venganza fue aún mejor: aprovechando que las puertas de los vestidores solo se abrían con llave, esperó el momento justo para encerrar a R. a solas, dejándolo media hora sudando, golpeando la puerta y perdiéndose la clase de deportes. Cuando finalmente lo liberaron, salió furioso, pero sin pruebas para acusar a nadie. Como diría cualquier mamá mexicana: “El que nada debe, nada teme”, y el pobre R. no tenía ni cómo quejarse.
Lo más sabroso de todo fue que, aunque R. sospechaba quién estaba detrás, no podía hacer nada. Los compañeros, que también estaban hartos de él, cubrían al protagonista y hasta lo defendían. Aquí aplica el dicho: “Haz fama y échate a dormir”, pero en versión bully—cuando el grupo se harta, ni los profes te salvan.
Lo que dicen las redes: entre risas, apoyo y recuerdos propios
Esta historia no solo se viralizó por la creatividad del protagonista, sino por la empatía de miles de lectores que recordaron sus propias batallas escolares. Un usuario, por ejemplo, contó que el único niño al que le puso un alto fue justo a uno de estos bullies insoportables: “Un día me robó el zapato, y aunque era más fuerte, le pisé el pie tan duro que nunca más volvió a molestarme”. Otro compartió cómo defendió a una compañera de bullying durante una disección en clase… ¡exprimiendo un ojo de vaca en la cara del matón! El bully terminó vomitando y sancionado por la maestra, mientras la clase celebraba su merecido castigo.
Hasta el propio autor original del relato reconoció en los comentarios que, a veces, una pequeña revancha se siente como una victoria enorme, aunque solo dure un rato. Y es que, como decimos en México, “no es venganza, es justicia poética”.
Reflexión final: ¿vale la pena la venganza menor?
Al final, R. no cambió mágicamente, pero sí le bajó dos rayitas a su bullying. La historia del protagonista no es de golpes ni heroísmo hollywoodense, sino de pequeños actos de resistencia que, sumados, hicieron que el bully terminara solo y sin aliados. Después de tres años, el acosador se fue de la escuela y nunca más lo volvieron a ver.
¿Es esta la mejor manera de combatir el bullying? Quizás no, pero en un sistema escolar donde muchas veces los adultos no hacen nada, a veces toca defenderse a la mexicana: con ingenio, picardía y el apoyo silencioso de quienes han sufrido lo mismo.
¿Tú también tuviste un bully en la escuela? ¿Te animaste a devolverle la jugada o preferiste ignorarlo? Cuéntanos tu historia en los comentarios, porque todos merecemos un espacio para desahogarnos… y, por qué no, echarnos unas risas de nuestras propias pequeñas venganzas.
¿Quién dijo que los nerds no se saben defender?
Publicación Original en Reddit: Revenges on school bully.