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La dulce venganza en el metro: cuando tus bolsas te dejan parado

Escena de estación de metro con un hombre ocupando varios asientos mientras otros esperan de pie el tren.
En esta ilustración cinematográfica, capturamos la frustración de los pasajeros mientras una persona monopoliza todos los asientos en la estación de metro. A medida que el reloj avanza y se acerca la llegada del tren, el contraste entre la comodidad y la incomodidad resalta una molestia común en los viajes urbanos.

Todos tenemos historias de viajes en transporte público, pero algunas se quedan grabadas porque, francamente, son dignas de contarse en las reuniones familiares o hasta en una tarde de café con amigos. Hoy les traigo una historia de esas que nos hacen pensar: “¡Eso le pasa por gandalla!” y, de paso, reírnos un rato con esa justicia chiquita, pero sabrosa, que a veces nos regala la vida urbana.

¿Quién no ha sufrido el clásico personaje que cree que el metro es su sala de estar y las bancas, sus sillones personales? Si vives en cualquier ciudad de Latinoamérica con sistema de metro, seguro te ha tocado ver a alguien así. Pero, ¿qué pasa cuando la vida le da una cucharada de su propio chocolate?

El rey de las bancas y sus cinco tronos

Todo comenzó como cualquier día normal en el metro: la espera eterna, ese ambiente de resignación colectiva y el típico “a ver si hoy sí alcanzo asiento”. Nuestro protagonista, un usuario frecuente del metro, llegó a la estación y vio que, como suele pasar, solo había unas cuantas bancas disponibles. Pero aquí viene el giro: todas estaban ocupadas… ¡por un solo tipo y sus CINCO bolsas! Sí, leyó bien, como si fuera el mismísimo rey del andén, ocupando todos los lugares posibles para él y sus pertenencias.

La situación se puso incómoda cuando varias personas, incluyendo nuestro narrador, tuvieron que quedarse de pie mientras ese señor, tan campante, ni se inmutaba. Ni un “¿gusta sentarse?”, ni siquiera una mirada de pena. Nada. Cuando el narrador le pidió amablemente permiso, el tipo se hizo el que no hablaba español, inglés o cualquier idioma humano, o simplemente lo ignoró. Vaya, uno entiende cuando alguien lleva una bolsa, pero ¿cinco y ni un gesto de cortesía? Como decimos en México, “eso ya es pasarse de lanza”.

Justicia poética: la venganza se sirve fría… y de pie

Después de 12 largos minutos (que en un andén del metro son casi una eternidad), finalmente llegó el tren. Como era de esperarse, venía lleno y los asientos disponibles se iban rápido. El señor de las bolsas, con la seguridad de que el mundo es suyo, recogió sus pertenencias y se lanzó directo a por un asiento. Pero ahí es donde la historia toma un giro digno de telenovela: justo antes de que pudiera sentarse, nuestro narrador se adelantó y ocupó el lugar, dejando al rey de las bolsas parado, resignado y, según cuenta, con cara de “me lleva la tristeza”.

¿Lo mejor? Como todos los demás asientos libres ya estaban ocupados por las víctimas del acaparador, el tipo tuvo que quedarse de pie… ¡durante 45 minutos! Es decir, pasó de sentarse 12 minutos con sus bolsas a estar parado casi una hora, abrazando sus cinco tronos portátiles. Como diría cualquier abuelita latina: “El que por su gusto es buey, hasta la coyunda lame”.

Cuando el karma viaja en metro y los comentarios no se hacen esperar

Esta anécdota, compartida en Reddit, desató una ola de comentarios que reflejan el sentir colectivo de quienes usamos el transporte público. Un usuario resumió el sentir general con un contundente “Justicia”. Otro aplicó el clásico “El que la hace la paga”, y uno más, muy ingenioso, remató: “En el metro pagas por un asiento, te toca uno… y si abusas, te quedas sin ninguno”. Incluso hubo quien bromeó diciendo: “Se quedó con cero asientos en el metro, ni pa’ él ni pa’ sus bolsas”.

Alguien compartió una experiencia personal, muy común en Latinoamérica: después de una jornada laboral agotadora, lo único que quieres es sentarte, pero siempre hay quien piensa que sus cosas valen más que la comodidad ajena. “No sé qué le pasa a la gente”, comentaba, “podía poner una bolsa entre las piernas y otra en las piernas, pero prefirió quedarse parado solo para que su bolsa estuviera sentada”. ¡De risa y coraje!

Otros, con ese humor tan nuestro, sugirieron soluciones más radicales: “Yo hubiera tirado sus bolsas al piso y me sentaba sin remordimiento. En la mañana no tengo paciencia para la estupidez”, y hasta hubo quien se imaginó deslizando la bolsa con estilo, como si fuera una partida de curling urbano. Alguien más advirtió: “Primera regla del metro: no te metas con los locos”, que, siendo sinceros, aplica perfecto en cualquier ciudad grande.

La cortesía en el transporte público: una lección que todos necesitamos

Más allá del chisme y la satisfacción de ver al acaparador recibir su merecido, esta historia deja una reflexión importante. En el transporte público todos tenemos que aprender a convivir y ser considerados, porque el metro, el micro o el camión no son la sala de tu casa, sino un espacio compartido. Como bien dijeron varios usuarios, “tu mochila no paga boleto, así que no tiene derecho a asiento”.

Y es que, en Latinoamérica, vivimos esta realidad todos los días: desde el que pone la mochila en el asiento hasta el que se hace el dormido para no ceder el lugar preferencial. Pero también está la gente que, como nuestro narrador, no solo defiende su derecho, sino el de todos, con una pequeña acción que devuelve el equilibrio al universo del transporte público.

¿Y tú, qué hubieras hecho?

Estas historias nos recuerdan que la vida en la ciudad está llena de mini-batallas cotidianas, donde la cortesía y la empatía valen oro. ¿Tú también has vivido una situación similar en el metro, camión o colectivo? ¿Qué hubieras hecho en el lugar del narrador? Cuéntanos tu mejor (o peor) anécdota de justicia urbana en los comentarios. ¡Que la próxima vez, las bolsas viajen de pie y los pasajeros sentados!

Porque, al final, la venganza más sabrosa es la que se sirve de pie… y con una sonrisa pícara.


Publicación Original en Reddit: Take up every seat while waiting 12 minutes for a train? Now you’re standing for 45 minutes instead.