Saltar a contenido

La dulce venganza digital: cuando bloquear sitios es un arte en la oficina

¿Alguna vez has sentido que el trabajo te saca canas verdes, pero aún así encuentras una manera divertida (y un poco maliciosa) de dejar tu huella? Pues prepárate, porque la historia de hoy parece sacada de una película de comedia laboral, solo que con un giro tecnológico digno de cualquier oficina latinoamericana. Aquí, la creatividad y la picardía se encuentran con la cultura de “no me pagan lo suficiente para esto”, y el resultado es puro oro de internet.

El arte de la venganza chiquita: mucho más que memes

En muchas oficinas de Latinoamérica, es común que los de sistemas sean los “magos” invisibles. Nadie les agradece cuando todo funciona, pero basta que falle una impresora para que todos les caigan encima. Ahora, imagina una empresa donde a IT literalmente los trataban como el “patito feo”: presupuesto miserable, cero reconocimiento y encima les cargaban con el trabajo de todos. En ese ambiente trabajaba nuestro protagonista, un project manager que, además de saber de instalaciones y manejar contratos con el gobierno, era casi de la familia en el área de sistemas.

Como buen latino, la solidaridad no podía faltar: ayudando a sus amigos de IT, terminaba haciendo trabajos que nadie más quería (¡como instalar Access Points en alturas de vértigo!). Gracias a esa confianza, le dieron acceso de administrador, ese “santo grial” que permite hacer y deshacer en las computadoras de la empresa. ¿Ya ves por dónde va la cosa?

El día de la despedida… y el toque final

En su último día, después de apagar luces y de hacer el típico recorrido para evitar regaños del jefe por el recibo de luz, nuestro amigo se topó con algo que le hizo hervir la sangre: computadoras desbloqueadas transmitiendo noticieros polémicos a todo volumen. En su mente, se encendió la chispa malévola: “¿y si uso mis poderes de admin por última vez?”. Así, como quien no quiere la cosa, empezó a bloquear todos esos sitios de noticias (pero solo los más conflictivos) en cada estación de trabajo de la planta.

¿Lo mejor? Nadie podía rastrear quién fue el autor, porque las credenciales eran generales y no había cámaras. Como diríamos por aquí: “El que nada debe, nada teme… pero nadie quiere que lo cachen viendo la novela en horario laboral”.

El karma tecnológico: cuando la trampa se vuelve enseñanza

La verdadera joya de la historia llegó meses después. Tras un fuerte temporal de nieve, un excompañero le pidió ayuda para reiniciar unos paneles solares. Aprovechando el reencuentro, le contó que desde hacía tiempo vivían con un “glitch en la Matrix”: los fines de semana, el pequeño equipo de la planta no podía acceder a ciertos sitios web y estaban furiosos. Lo irónico es que, como dice un dicho popular, “el que por su gusto es buey, hasta la coyunda lame”: al quejarse, se delataban por estar perdiendo el tiempo en vez de trabajar.

Aquí varios comentarios de la comunidad de Reddit dieron en el clavo: uno decía, “¡Estás haciendo la obra de Dios evitando que estos adictos se distraigan en horas de trabajo!”. Otro relató cómo en su trabajo también bloquearon canales conflictivos de la TV y la gente reaccionó como si les hubieran quitado el pan. Es más, uno confesó que en la universidad bloqueaban páginas para que un amigo dejara de procrastinar y terminara su tesis. Aquí en Latinoamérica, seguro más de uno ha pensado en poner “control parental” en la computadora del compañero flojo, ¿a poco no?

Reflexiones de sobremesa: ¿genialidad o travesura?

Algunos dirán que fue una travesura infantil, otros que fue una lección de profesionalismo. La verdad es que, en muchas oficinas latinas, la creatividad para sortear jefes necios y compañeros que se pasan de listos es casi un deporte nacional. La historia también destapa un problema real: la falta de cultura en ciberseguridad. Un comentario muy popular lo resume: “Usar el mismo usuario y contraseña para todos es un pecado mortal en informática, pero aún así pasa diario”. Y cuántos no hemos visto que cambian la clave cada seis meses… pero solo le agregan un número al final.

Finalmente, la anécdota pone sobre la mesa una verdad incómoda: los problemas de fondo en las empresas no son solo técnicos, son culturales. Si la gente valorara más a los de IT y entendiera para qué sirven las políticas de seguridad, estas historias serían diferentes. Pero mientras tanto, siempre habrá un alma creativa lista para dar una pequeña lección… o simplemente sacarse la espinita.

¿Y tú? ¿Qué hubieras hecho?

Esta historia es la prueba de que, a veces, la mejor venganza no es gritar ni hacer escándalo, sino dejar una huella tan ingeniosa que nadie pueda rastrearla… pero todo el mundo la sufra. ¿Te ha pasado algo similar en tu oficina? ¿Has tenido que ser “el mago” que resuelve todo o el que mete un golazo sin que nadie se dé cuenta?

Cuéntanos tu experiencia en los comentarios, comparte este blog con ese amigo de IT que siempre salva el día y, sobre todo, ¡no olvides apagar la luz antes de salir!


Publicación Original en Reddit: Before I quit my job back in August, I forgot I did something petty and net nanny'd the workstations