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La dulce venganza del girasol: cuando los amigos cochinos reciben su merecido… ¡a lo latino!

Semillas de girasol mordidas esparcidas en los compartimentos del asiento trasero de un auto, evocando recuerdos de viajes universitarios.
Un vistazo cinematográfico al caos de la vida universitaria, donde las semillas de girasol mordidas y los snacks a medio comer cuentan historias de viajes inolvidables y aventuras desordenadas con amigos.

¿Quién no ha tenido ese amigo que, por más que lo quieras, te saca canas verdes con sus manías? En la universidad, compartir carro es casi un ritual de confianza, pero también una prueba de paciencia. Y es que, como decimos en Latinoamérica: “El que no oye consejo, no llega a viejo”… o, en este caso, ¡no llega limpio a su destino!

Hoy te traigo una historia tan divertida como pegajosa (y no precisamente por caramelos), que demuestra que la venganza, cuando es chiquita y creativa, sabe más dulce que un tamarindo en feria. Prepárate para reírte y recordar a ese amigo cochino que todos tenemos.

Compartiendo el carro… y los restos de comida

Imagínate estar en la universidad, tener carro propio y ser el chofer designado del grupo. Así le pasó a nuestro protagonista, que disfrutaba de los roadtrips, la música a todo volumen y la libertad de ir a donde sea. Pero ya sabemos que en toda pandilla hay uno que rompe la armonía: su mejor amigo tenía la “costumbre” de dejar en los compartimentos traseros del carro semillas de girasol masticadas (cascaritas y todo) y sándwiches de pollo medio mordidos.

¡Qué horror! Y claro, una semana después del viaje, el hedor a comida podrida inundaba el carro. “Tu amigo era un cochino y bien merecido lo tenía”, comentó una usuaria, y no puedo estar más de acuerdo. ¿Será que en toda Latinoamérica tenemos a un “cochino” en el grupo que deja hasta la botella vacía de refresco como trofeo?

La venganza se sirve… con sabor a plátano

Aquí es donde la historia se pone buena. Resulta que este amigo, además de ser desordenado, era fanático de los caramelos Runts (esos dulces gringos en forma de frutas que encuentras en las maquinitas de dulces, tipo las que hay en las plazas o afuera de las tienditas). Pero, como buen personaje de telenovela, solo le gustaban los de ciertos sabores… ¡detestaba los de plátano!

Y aquí entra la astucia latina. El dueño del carro tenía una llave que abría la máquina de caramelos de su amigo. Así que, aprovechando su ingenio y la oportunidad, vació toda la máquina, separó los Runts sabor plátano y volvió a llenar la máquina, primero solo con esos, y luego con los demás sabores. O sea, dejó la máquina “platanizada”, como dirían en República Dominicana.

Un comentarista lo resumió perfectamente: “Esta venganza está de bananas, B-A-N-A-N-A-S”. En Latinoamérica, un acto así merece aplausos y una ovación de pie, porque ¿quién no ha soñado con darle una cucharada de su propio chocolate (o caramelo, en este caso) al amigo que no respeta tu espacio?

Entre risas y picardía: la comunidad da su veredicto

La historia resonó entre los internautas como cumbia en fiesta patronal. “Yo jamás lo hubiera vuelto a llevar después de la segunda vez”, confesó otro usuario, recordándonos que la paciencia tiene un límite. Otros celebraron la creatividad de la venganza: “La venganza más chiquita y deliciosa. ¡Bien hecho!”. Y es que en Latinoamérica, el ingenio para ajustar cuentas es casi un deporte nacional.

Un comentario que me hizo reír fue: “Yo pensaba que ibas a llenar la máquina con semillas de girasol masticadas, eso sí sería épico”. ¡Imagínate la cara del amigo al ver las semillas en vez de dulces! Pero, como toda buena novela, la historia se quedó en el dulce sabor del plátano odiado.

Y para rematar, alguien escribió: “Las Runts de plátano son una tortura especial. Te saludo, mi pana”. Porque, aceptémoslo, todos tenemos ese sabor que odiamos y alguien que se encarga de recordárnoslo.

Reflexión final: la amistad, entre bromas y carcajadas

Lo más bonito de la historia es que, después de 35 años, ambos amigos aún se ríen del episodio. Porque, a fin de cuentas, la verdadera amistad sobrevive a las bromas, las venganzas y hasta a los olores más terribles. Y si tú tienes un amigo así, dale las gracias: ¡son los que hacen que la vida universitaria sea inolvidable!

¿Te identificas con el protagonista? ¿Te atreverías a hacer una venganza tan dulce? Cuéntame en los comentarios tu anécdota más “cochina” o la mejor broma entre amigos. Porque en Latinoamérica, la picardía es parte del folclore, y las historias como esta son tesoros para recordar y compartir.

¿Listo para tu próxima venganza chiquita? Eso sí, ¡que no te pillen con las manos en la masa… o en los caramelos!


Publicación Original en Reddit: Leaving chewed sunflower seeds all over my backseat compartments