La dulce venganza de un exnovio: cuando el karma viaja en carretera y no llega al concierto
¿Quién no ha soñado alguna vez con darle una cucharada de su propia medicina a alguien que se lo merece? Pues hoy te traigo una historia que parece sacada de una telenovela, pero con el toque moderno y sarcástico que tanto nos gusta. Prepárate, porque esta anécdota tiene de todo: familia tóxica, fraudes disfrazados de devoción religiosa, amenazas, corazones rotos y, claro, una venganza digna de aplausos.
Cuando la familia es peor que la suegra… y eso ya es mucho decir
Imagínate tener 18 años, estar enamorado de una chica dulce, criada en casa y con una educación cristiana estricta. Todo bien hasta ahí, ¿no? Pero como suele pasar, detrás de las puertas cerradas se esconden secretos que ni la Rosa de Guadalupe se atrevería a tocar. El papá, dueño de una pequeña constructora, sufre un accidente y, de repente, la familia entera empieza a recibir ingresos por discapacidad (SSI, para quienes no están familiarizados: un programa de ayuda en EE. UU. para personas con discapacidades). Pero aquí el “milagro” fue que, mágicamente, todos los hijos resultaron diagnosticados con algún problema. Incluso, la mamá se hizo pasar por cuidadora de sus propios hijos, cobrando $16 dólares la hora… ¡por cada uno! Y como eran cuatro, pues hacía cuentas: $64 dólares la hora, viviendo como reina, mientras los chicos ni la veían.
Lo más fuerte es que la mamá convenció a la hija (la exnovia de nuestro protagonista) de fingir dislexia solo para recibir más dinero. Si eso no es manipulación, que baje el Chapulín Colorado y lo explique.
El regalo navideño… que terminó en venganza épica
En un intento noble de ganarse a la familia, nuestro héroe decide regalarles entradas para ver a Journey, la banda favorita de la mamá, en Navidad. Un detallazo, ¿verdad? Pero cuando la relación empieza a ponerse seria y la chica quiere mudarse con él, la mamá estalla: “¡Estás arruinando a la familia!”, grita, porque si la hija se va, se acabó el negocio de las “discapacidades” y los cheques.
Peor aún, la mamá culpa al chico de todo, incluso de pertenecer a una denominación cristiana “incorrecta”. El papá amenaza con golpearlo, la exnovia se parte en dos, y al final, el amor no sobrevive a tanto drama. Lo dejan, él queda con el corazón hecho trizas… y $300 dólares cortos para la renta de su nuevo departamento.
Pero aquí es donde la vida da vueltas. Nuestro protagonista recuerda las entradas del concierto, revisa su cuenta de Ticketmaster y, como quien no quiere la cosa, las revende. Así, consigue el dinero que necesitaba para mudarse. Siete meses después de haber regalado las entradas, el día del concierto llega y… ¡sorpresa! La familia viaja tres horas para ver a Journey, solo para que los reboten en la entrada. Intentaron comprar boletos de revendedores, pero el concierto estaba agotado. Seis horas de carretera y ni una canción de “Don’t Stop Believin’”. Vaya “viaje” el que se dieron.
Entre el karma y los comentarios: ¿quién tiene la razón?
La historia no tardó en volverse viral, y los comentarios en Reddit ardieron como salsa habanera. Uno de los más populares decía: “Haz a los demás lo que quieras que te hagan… ¡pero antes de que te lo hagan a ti!” (que en nuestro español latino sería como decir: “El que pega primero, pega dos veces”). Otros lectores se reían de la ironía: “Al menos sí tuvieron un ‘viaje’ esa noche, aunque no el que esperaban”, haciendo referencia al nombre de la banda y al maratón por carretera.
Algunos usuarios, con la sabiduría de quien ha visto muchas novelas, señalaron: “Ellos sirvieron el plato y terminaron probando su propia medicina.” Otros, más justicieros, se preguntaban por qué no denunció el fraude de inmediato, a lo que el autor respondió que, con 19 años y sin experiencia, ni sabía por dónde empezar. Más adelante, aclaró que el gobierno sí los descubrió y les hizo pagar lo recibido de más. Como decimos por acá: el que obra mal, se le pudre el tamal.
No faltaron quienes opinaron que fue una venganza perfecta: pequeña, pero efectiva. Y hasta bromearon con que la familia “tomó el tren de medianoche… a ninguna parte”, jugando con las letras de las canciones de Journey.
Reflexiones: venganza, justicia y una buena anécdota para el café
Al final, lo que más resalta de esta historia es cómo una acción “pequeña” puede tener un impacto enorme cuando se hace en el momento justo. Hay quienes piensan que la mejor venganza es vivir bien, pero a veces, como en este caso, devolver el golpe con elegancia y sentido del humor no tiene precio. Además, deja una lección clara, como bien dijo el protagonista: “No seas una mala persona con los demás, o la vida te lo regresa con intereses.”
Y tú, ¿qué hubieras hecho? ¿Te animarías a una venganza así de ingeniosa o hubieras buscado justicia legal? ¿Te ha tocado lidiar con familias tóxicas que parecen sacadas de un culebrón venezolano? Cuéntame tu experiencia en los comentarios, que como buenos latinos, ¡nos encanta un buen chisme!
Que no se te olvide: en este mundo, a veces el karma viaja en coche… y ni aunque manejes tres horas, te salvas de recibirlo.
Publicación Original en Reddit: My Ex's Mom