La dulce venganza de Thom: cómo un compañero le hizo la vida imposible al jefe tirano… ¡sin que se diera cuenta!
¿Alguna vez has tenido un jefe tan insoportable que hasta el cafecito de la mañana sabe amargo? Seguro que sí. En casi todas las oficinas de Latinoamérica hay ese “mandamás” que se cree dueño del mundo, grita más que la afición en un clásico y pone a todos a correr hasta por un clip. Pero, ¿qué pasa cuando un simple mortal decide responder con una venganza tan pequeña como genial? Prepárate para conocer la historia de Thom, el héroe anónimo de la oficina, que con pasos de tortuga y café en mano, le subió la presión al jefe sin que este lo notara.
El jefe tirano y la jungla de cubículos
En toda oficina grande hay dos especies: los jefes que se creen dueños del Olimpo y los empleados que sobreviven en la “granja de cubículos”. En esta historia, nuestro jefe era el típico patrón gritón, impaciente y egocéntrico, como salido de una telenovela de villanos. Tenía la mejor oficina, claro, pero los impresores estaban al fondo —una caminata digna de maratón, especialmente si eres de esos que sufren por cada segundo perdido.
El pobre Thom, compañero de mil batallas, era quien más sufría a diario. Mientras yo a veces escapaba de la oficina, él quedaba atrapado bajo el yugo del jefe, que cada vez que mandaba un documento a imprimir, salía disparado como si estuviera corriendo por un premio en la Lotería Nacional.
El arte de la venganza sutil: pasos de tortuga y café rebosante
Aquí es donde Thom se convirtió en leyenda. Bastaba con que el jefe mandara imprimir algo para que él, como si fuera pura casualidad, se parara y se dirigiera al mismo lugar, justo en el momento preciso. Pero no lo hacía corriendo, no, no. Thom caminaba lento, arrastrando los pies, como quien no tiene prisa ni para llegar al fin de semana, a veces con una taza de café llenísima (cualquier latino sabe que si se te derrama un poco, es pecado mortal), o hacía ese “bailecito” incómodo de decidir para qué lado vas cuando alguien viene de frente.
Los dos terminaban chocando, esquivándose torpemente, como en esos pasillos angostos donde nadie sabe si pasar por la derecha o la izquierda. Lo mejor de todo es que Thom nunca lo hacía tan seguido como para ser descubierto. Como diría un usuario en el foro: “La belleza de esta venganza es que parece tan casual, tan insignificante, que hasta parece coincidencia”. Y es cierto, porque ¿quién sospecharía que esos choques eran a propósito?
La oficina: un escenario digno de las Olimpiadas
La historia de Thom no tardó en volverse viral en Reddit, y muchos la compararon con una especie de Olimpiadas de oficina. Imagina una competencia donde la medalla de oro es para el que camina más lento, la de plata para el que mejor esquiva, y el premio especial para el que logra subirle la presión al jefe sin que sospeche nada. Como comentó un usuario, esto es “levantamiento de presión arterial versión oficina”.
Algunos sugirieron incluso nuevas pruebas: interceptar al jefe con preguntas innecesarias cuando va apurado o imprimir documentos al mismo tiempo, solo para hacerle perder la paciencia. Otros, con más picardía, compartieron anécdotas propias: desde mover el escritorio del jefe una pulgada cada semana hasta dejarle la impresora sin papel o devolverle los documentos impresos con marcas de agua misteriosas. En todas esas historias, el ingenio latino para la venganza sutil brilla como el sol en la playa.
¿Por qué adoramos estas pequeñas venganzas en la oficina?
La vida de oficina en Latinoamérica suele estar llena de jerarquías rígidas, favoritismos y jefes que se creen intocables. Por eso, cuando alguien como Thom logra darle una cucharada de su propia medicina al “patrón”, aunque sea con microvenganzas, todos lo aplaudimos en silencio. Porque no todos los héroes llevan capa —algunos solo necesitan una taza de café y mucha paciencia.
Un comentarista lo resumió perfectamente: “¡Thom es un héroe! Estas son las venganzas que necesitamos más en el mundo”. La comunidad entera celebró su ingenio, comparándolo con los grandes bromistas de la televisión, como Jim Halpert de “The Office” (para quienes no lo conozcan, imaginen al típico compañero que le hace bromas al jefe sin que este entienda nada).
Pero, ojo, no se trata de sabotear ni de hacer daño. La clave está en ese arte latino de la picardía: demasiado sutil para ser castigado, pero lo suficientemente efectivo para desquitarse del jefe tirano. Es ese pequeño placer que nos salva la jornada y nos hace sentir que, al menos por un rato, el poder está de nuestro lado.
¿Tienes tu propia historia de venganza chiquita?
Al final, todos sabemos que las oficinas son como una selva —y a veces, para sobrevivir, hay que aprender a moverse lento, a esquivar y a tener el mejor humor del mundo. Así que, si tienes tu propia historia de venganza pequeña, ¡cuéntala en los comentarios! Al fin y al cabo, como diría cualquier abuelita latina: “El que ríe al último, ríe mejor”.
¿Y tú, qué harías si tu jefe fuera un tirano? ¿Te animarías a hacerle la vida imposible con pasos de tortuga y café rebosante? ¡Nos leemos abajo!
Publicación Original en Reddit: My coworker had the pettiest of revenges with our tantrum-throwing boss