La dulce venganza de las cartas: Cuando el karma llega en canasta de bruja
¿Alguna vez has soñado con darle su merecido a ese compañero de trabajo que te hace la vida imposible? Bueno, prepárate para una historia digna de telenovela con toque de magia, chismes de oficina y, por supuesto, una pizca de venganza bien servida. Porque en la vida laboral latinoamericana, todos hemos conocido a una "Amy"… y algunos, a una "May".
En este relato, la protagonista nos enseña que, a veces, tomarse el tiempo (¡y unos buenos pesos!) para un detalle sarcástico puede valer oro. Así que ponte cómodo, que esto se pone bueno.
Entre brujas, cristales y chismes de oficina
Todo comenzó en una oficina cualquiera, de esas donde nunca falta el cafecito, el grupo de WhatsApp y las miradas curiosas cuando hay drama. Amy llega como la nueva empleada, y rápidamente conecta con May, quien en secreto es fan de las cartas del tarot, los cuarzos y todo lo que huela a misticismo. En el trabajo latinoamericano, aunque la mayoría se persigna antes de entrar, siempre hay quien lleva su ojo turco o su ramita de ruda en el bolso, por si las moscas.
Amy se declara bruja también y juntas se vuelven inseparables, hasta van a clases de “despertar espiritual”, como si fueran a un retiro de fin de semana en Tepoztlán o Capilla del Monte. Todo bien... hasta que la vida, como buena novela, da un giro inesperado: anuncian despidos y ambas entran en la cuerda floja.
La traición que ni Walter Mercado habría predicho
De la noche a la mañana, Amy y May dejan de hablarse. Ni carpool, ni lunch juntas, ni memes de horóscopos por WhatsApp. El ambiente se pone más tenso que el final de una final de fútbol. Los compañeros comienzan a cuchichear, y nuestra narradora, quien es algo así como la “comadre” de la oficina, intenta averiguar qué pasó.
Resulta que en una fiesta, Amy dejó sola a May para irse con un chico (nunca falta el galán de fiesta). Pero aquí el giro trágico: May tiene epilepsia, algo que todos sabían menos Amy, al parecer. El susto fue tan fuerte que May terminó en el hospital. Y lo peor, Amy ni siquiera se disculpó. Al contrario, empezó a hablar mal de May, tachándola de “malvada” y “impía”. Como alguien comentó en el post original: “Ese cambio fue tan rápido que parece que Amy se unió a una secta religiosa”. Y es que en nuestras culturas, donde la religión a veces se mezcla con la superstición, no falta quien se sube al pedestal moral para juzgar al otro.
La venganza: con canasta, velas y mucha ironía
Llega el día de la despedida por los despidos. Nuestra heroína, demostrando que el humor latino no tiene límites, decide regalarle a Amy una canasta de “bruja”: cartas de tarot, cristales y velas. Imagínate la cara de Amy, rodeada de colegas, recibiendo ese regalo después de haberse hecho la “santa” y criticar a May por su espiritualidad. Como dijo la narradora: “La sonrisa forzada de Amy gritaba ‘no puedo hacer un escándalo porque me importa mi imagen, ¡pero estoy furiosa!’”.
Y como en toda buena historia de barrio o de oficina, los comentarios de quienes fueron testigos no tienen desperdicio. Uno sugirió que la canasta debería llevar una nota de “que recibas el karma que mereces”, recordándonos ese dicho tan popular: “Todo se paga en esta vida”. Otro usuario, con humor muy mexicano, soltó: “Quizá el Señor debería decirle a Amy que no sea tan cabrona”. El consenso general fue que la venganza se sirvió fría… y con mucha clase.
Reflexiones de sobremesa: ¿Vale la pena la venganza chiquita?
Más allá de la anécdota divertida, este relato toca fibras sensibles en la cultura laboral latina. Muchos comentaron que lo realmente grave fue la falta de empatía de Amy, especialmente sabiendo el problema de salud de May. En nuestros países, donde el compañerismo y la solidaridad suelen ser valores fundamentales en el trabajo (¡la clásica vaquita para el cumpleaños no surge de la nada!), lo que hizo Amy es algo que no se perdona fácil.
Por otro lado, la historia nos recuerda que no siempre hay que tomarse la justicia por mano propia, pero una dosis de karma bien administrada nunca está de más. Como bien dijo un usuario: “Gastar un poco de dinero en ser sarcástico puede ser increíblemente satisfactorio”.
¿Y tú, qué harías en su lugar?
En fin, la oficina es un microcosmos donde se mezclan la amistad, la traición, la superstición y la venganza. Y como buenos latinos, no nos falta el ingenio para darle la vuelta a las situaciones incómodas con humor y un toque de picardía.
¿Te ha pasado algo similar en tu trabajo? ¿Cómo hubieras reaccionado tú? Cuéntanos en los comentarios si alguna vez aplicaste una “venganza chiquita” y si valió la pena. ¡Que no te dé pena, que aquí todos hemos sido un poco “petty” alguna vez! Y recuerda: en el universo laboral, el karma también pasa lista.
¡Nos leemos en la próxima historia de oficina, con café, chisme y, quién sabe, alguna otra canasta sorpresa!
Publicación Original en Reddit: I gave my religious coworker tarot cards as a going away gift.