Saltar a contenido

La dulce venganza de la anfitriona: cuando el gas es la mejor justicia laboral

¿Alguna vez has sentido tantas ganas de desquitarte con un compañero de trabajo que hasta el aire se pone denso? Pues hoy te traigo una historia real que rompe todos los esquemas de la “venganza pequeña”, de esas que no se olvidan y, literalmente, dejan huella... o mejor dicho, un “aroma” inolvidable en la oficina (o en este caso, en el restaurante).

Esta es la historia de una anfitriona harta de los sermones y el ego inflado de su compañero Mac, un bartender que creía que la zona de su barra era el “VIP” del restaurante y que solo los clientes bien vestidos -o los que “parecen que van a gastar mucho”- merecían sentarse en su sección. ¿Suena familiar? Seguro que todos hemos conocido a ese compañero que cree que la oficina, la tienda o el restaurante giran a su alrededor. Pero nuestra protagonista decidió que ya era hora de bajarlo de su nube, usando el arma más inesperada: ¡sus flatulencias!

El Mac-splaining y la gota que derramó el vaso

En los grandes restaurantes de Latinoamérica, sobre todo los que tienen varios pisos y una clientela tan variada como un mercado en domingo, el ambiente laboral puede ser tan intenso como el tráfico de las 6 pm. Mac, el bartender estrella, tenía la costumbre de “aleccionar” a la anfitriona sobre cómo acomodar a los clientes, siempre con el mismo discurso: que su barra tenía el “mejor servicio”, las “mejores propinas” y que debía “reservarse” solo para aquellos que, según él, “iban a dejar buena lana”.

Pero la realidad es que, como en cualquier restaurante lleno, no hay tiempo para andar perfilando a la gente. Como bien dice la autora: “¿Cómo se supone que voy a saber quién viene a gastarse la quincena y quién solo viene por el menú del día?”. Mac, fiel a su ego, se ofendió cuando un grupo de señoras mayores celebrando un cumpleaños se sentaron en su sección y apenas pidieron comida y ni un trago. El berrinche fue tal, que la llamó incompetente.

Cuando el aire se vuelve tu mejor aliado

Aquí es donde la historia da un giro digno de telenovela: nuestra anfitriona, víctima de años de mala alimentación y con un poder intestinal fuera de serie (al punto de haber provocado debates sobre “política de pedos” entre sus amigos), decidió que si Mac quería guerra... ¡la iba a tener!

Aprovechando un día de mucho movimiento en la barra, cuando Mac lavaba vasos a todo vapor y coqueteaba con unas chicas guapas sentadas al frente, la anfitriona se acercó a “ayudarlo” y, ni corta ni perezosa, soltó una flatulencia de esas que hacen historia. El rostro de Mac se transformó en un poema trágico: una mezcla entre asco, sorpresa y desesperación por mantener la compostura frente a las clientas.

Pero como toda buena novela, esto solo fue el inicio. La satisfacción fue tanta, que la protagonista empezó a afinar su “arte” y convertirlo en una verdadera operación de venganza. Incluso preparó smoothies verdes repletos de proteínas para potenciar el efecto, y cuando vio a Mac checando los desagües y buscando si se había derramado leche en la barra, supo que había cruzado una línea... ¡pero qué bien se sintió!

El humor (y el olor) del pueblo: cómo reaccionó la comunidad

Las redes sociales no tardaron en explotar con la historia. Muchos usuarios de Reddit, como u/mingmong36, aplaudieron la creatividad con frases como “Serás sólida, pero claramente solo eres gas”, jugando con el doble sentido. Otros, como u/myntraa, lo describieron como “karma puro de restaurante: te entrenan sobre las mesas VIP mientras te fumigan en horario laboral”.

Los comentarios no solo eran risas: entre anécdotas de batallas épicas de gases en camiones, oficinas y hasta reuniones familiares, quedó claro que este tipo de venganzas pequeñas son universales y despiertan complicidad. En palabras de u/soggybiscotti4ever, “narración increíble”, mientras que otras personas compartieron sus historias, como la de una mujer que, de niña, provocó que su abuela pensara que había habido un temblor porque las puertas vibraron con su poder.

Uno de los aspectos más divertidos fue la mezcla de humor y sabiduría popular: “En esta vida, la mejor venganza a veces es invisible... pero inolvidable”, “Que nunca se te acabe el gas en tu guerra contra Mac” y, por supuesto, la joya de “fart smella”, que la autora adaptó al español como “parecías listo, pero solo eres olfateador de pedos”.

Lo mejor es que la historia dio pie a una lluvia de anécdotas similares: desde gente que usaba sus “bombas” para desalojar pasillos llenos de “Karens” (esas clientas conflictivas que todos conocemos en Latinoamérica bajo otros nombres), hasta estrategias alimenticias para preparar el “ataque” perfecto antes del turno más pesado.

¿Y la moraleja? A veces la venganza viene en forma de gas

En muchos trabajos, sobre todo en el sector servicios, se aprende a sobrevivir con humor y creatividad. La historia de la anfitriona y Mac nos recuerda que no todo conflicto laboral se resuelve con gritos o reportes formales; a veces, lo más efectivo es una dosis de ingenio y una buena racha de gases en el momento preciso.

La próxima vez que sientas que alguien en el trabajo necesita una “lección de humildad”, recuerda que siempre existe la venganza pequeña... ¡y a veces huele peor de lo que imaginas!

¿Tienes una historia así en tu trabajo? ¿Cuál ha sido tu venganza pequeña favorita? Cuéntanos en los comentarios, comparte tu anécdota y, sobre todo, nunca subestimes el poder de una buena carcajada (¡y un buen pedo!) para sobrevivir en la jungla laboral latinoamericana.


Publicación Original en Reddit: Farted on my stupid coworker