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La dulce venganza de fingir que Brooklyn no existe: una lección de oficina al estilo latino

Ilustración en 3D de una persona confundida en una oficina corporativa, reflexionando sobre Brooklyn.
En esta vibrante escena en 3D, nuestro protagonista reflexiona sobre su experiencia en una oficina médica corporativa, cuestionando de manera humorística el concepto de Brooklyn y la dinámica de encajar.

¿Alguna vez has tenido un compañero de trabajo que siente que el mundo gira a su alrededor? Ese tipo de persona que convierte su lugar de origen en su única personalidad, como si ser de “la gran ciudad” le diera superpoderes. En Latinoamérica, seguro todos hemos topado con alguien así, que no deja de presumir su acento chilango, su “porte regio”, su sangre tapatía, o hasta su “orgullo costeño”. Pues la historia de hoy es de un gringo, pero la lección y el sabor son universales.

Hoy te cuento la pequeña pero épica revancha de un trabajador que, cansado de los juegos sucios en la oficina, decidió combatir fuego con fuego… ¡y una pizca de humor que cualquiera de nosotros podría aplicar!

El ambiente tóxico: cuando el trabajo parece novela de las 9

Trabajar en una cadena médica en Estados Unidos puede sonar glamoroso, pero, como en cualquier oficina de Latinoamérica, también puede ser un infierno lleno de reglas, jefes que no se enteran de nada y compañeros que parecen villanos de telenovela. El protagonista de nuestra historia —un tipo normal, nada de “Don Nadie”— solo quería hacer bien su trabajo y pasar desapercibido. Pero ahí estaba “la compañera”, la reina del saboteo, que cada mañana desconectaba su monitor y teclado, y le dejaba las tareas compartidas sin hacer. Y como suele pasar, el jefe siempre regañaba al equivocado.

Uno pensaría que este tipo de “guerra fría de oficina” solo pasa en México, Colombia o Argentina, pero no: el mal ambiente laboral es un mal internacional. Como comentó una persona en el hilo, “ese tipo de ambiente no lo crea una sola persona, sino toda la cultura de la empresa”. ¡Cuánta razón!

Orgullo de barrio… ¿o del internet?

Pero aquí viene lo sabroso. La compañera tenía una personalidad tan “de Brooklyn” que no podía dejar de mencionarlo: “en Brooklyn sí sabemos de pizza”, “en Brooklyn no nos dejamos”, “en Brooklyn esto, en Brooklyn lo otro”. Imagínate a alguien en Lima diciendo “yo soy de La Victoria, así que respeto primero”, o a un regia diciendo “acá en Monterrey, así somos de directos”.

Después de un regaño injusto, nuestro protagonista decidió devolverle el favor. ¿Cómo? Fácil: fingió no saber qué era Brooklyn. Así, con cara de despistado, preguntó: “¿Brooklyn? ¿Eso es un pueblo de Ohio o qué?” Cuando le dijeron que era en Nueva York, remató: “¿Pero no que Nueva York solo tiene cuatro distritos? Manhattan, Queens, Bronx y Staten Island. ¿Brooklyn? Eso es un mito de internet”.

La compañera, por supuesto, explotó. Buscó Brooklyn en Google, le mostró mapas, fotos, videos… pero él seguía firme: “Eso no existe, seguro es un invento de internet, como esos memes de la Llorona en WhatsApp”. ¡Qué joya!

Como dijo un usuario, “¿qué le iba a decir a Recursos Humanos? ¿Que la están acosando porque fingen que Brooklyn no existe?” Imagina la escena ante el jefe de personal en cualquier oficina latina. ¡Seguro se mueren de risa!

El verdadero triunfo: reírte y salir de ahí

Muchos comentaron que lo mejor de la historia no fue la broma, sino que el protagonista renunció poco después. Como dicen en el hilo, “no arreglaste a tu compañera, pero sí arreglaste tu situación, y eso es lo que cuenta”. A veces, la mejor venganza es irte con la frente en alto y dejar atrás la toxicidad.

Otros lectores compartieron anécdotas parecidas, como el jefe indio que confundía a una compañera de Brooklyn con alguien del Bronx solo para molestarla (y ella le contestó preguntando si era de Pakistán, ¡toma eso!). O el amigo que, por fastidiar, fingía que no conocía McDonald’s en un viaje y pedía hot dogs hasta que los locales se enojaban. ¿Quién no ha hecho una bromita así alguna vez?

En Latinoamérica, estamos acostumbrados a bromear con los acentos, los gentilicios y los orgullos regionales. ¿Cuántas veces hemos escuchado el clásico “los del norte son así”, “los del sur son asá”, o “los capitalinos creen que el país termina en el periférico”? La historia de Brooklyn es solo una variante gringa de esta eterna rivalidad.

Reflexión final: bromas sanas y límites claros

Hay algo liberador en responder a la mezquindad con humor. Pero también es cierto que el acoso laboral no es cosa de juego, y desconectar el teclado o sabotear el trabajo ajeno ya cruza la línea. Como bien dijo un comentarista, “eso ya no es broma, es ambiente hostil”. En cualquier oficina latina, más de uno hubiera terminado en Recursos Humanos… o en la taquería de la esquina desahogándose con los compañeros.

Lo importante es recordar que, aunque el trabajo puede sacar lo peor de la gente, también puede sacar lo mejor de nuestro ingenio. Y si puedes irte con una sonrisa, mejor aún. Eso sí, la próxima vez que alguien te diga con orgullo “es que yo soy de Brooklyn”, ya tienes una respuesta: “¿Brooklyn? ¿Eso no es un mito del internet, como la Isla Bermeja o el chupacabras?”

¿Tú qué harías en una situación así? ¿Has tenido algún compañero que presume demasiado su origen o que te hace bromas de mal gusto? ¡Cuéntanos en los comentarios! Las oficinas son el mejor escenario para las pequeñas venganzas… y para las grandes carcajadas.


Publicación Original en Reddit: I pretended to not know what Brooklyn is.