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La épica del inodoro tapado: cuando la recepción no es plomería

Si alguna vez has trabajado en un hotel, sabes que cada noche puede traer su propio episodio de telenovela. Pero hay noches donde el drama no viene por huéspedes borrachos ni por cuentas impagadas, sino por... sí, lo adivinaste: un inodoro tapado. Y aunque parezca broma, este pequeño detalle fue suficiente para poner patas arriba una recepción, una habitación y hasta el techo del lobby.

En esta historia, vamos a reír, indignarnos y, por supuesto, preguntarnos: ¿Hasta dónde llegan las obligaciones de un recepcionista? ¿Y qué tan lejos puede llegar un huésped por no querer usar un destapacaños?

El problema que nadie quiere: el inodoro rebelde

Todo comenzó pasada la medianoche, cuando un huésped llama a recepción con voz de urgencia: su inodoro está tapado. El recepcionista, que claramente no estudió para ser plomero, le ofrece llevarle un destapacaños, pero el huésped dice que ni siquiera está en el hotel porque trabaja de noche. Y aquí empieza la clásica danza de excusas: él no puede recibir ayuda en horario de mantenimiento porque estará durmiendo profundamente, pero tampoco quiere mudarse de habitación ni dejar entrar a nadie mientras duerme.

¿Te suena familiar? Así como en muchos trabajos en Latinoamérica, donde a veces uno termina siendo psicólogo, electricista y hasta “todólogo”, aquí el recepcionista tiene claro que su chamba no es destapar inodoros. Como bien comentó alguien en el foro: “No te pagan por limpiar baños, no limpies baños”. ¡Palabras sabias! Y es que en un hotel, cada quien tiene su rol: el recepcionista atiende, el mantenimiento arregla, y el huésped... bueno, el huésped debería ayudar tantito, ¿no?

Opciones sobre la mesa (y el huésped necio)

A pesar de todo, el recepcionista no se quedó de brazos cruzados: dejó un ticket para mantenimiento, avisó a limpieza, escribió notas y hasta le ofreció un cambio de habitación o un destapacaños para que él mismo lo arreglara. Pero nuestro protagonista siguió firme en su postura: ni destapacaños ni cambio de cuarto, ni dejar entrar a nadie. Como dijo un usuario: “¿De verdad, se va a dormir a las 7:45 y a las 8:30 ya no escucha ni una bomba?” Todos conocemos a alguien así: que no se mueve ni con temblor o serenata de mariachis.

Lo curioso es que al final, el huésped decidió ignorar el problema y, cuando despertó, no sólo no pidió ayuda, sino que le dio con furia a la palanca del inodoro hasta que el agua empezó a desbordarse. Y como la ley de Murphy nunca falla, la habitación estaba justo arriba del lobby, así que el desastre fue doble: inundación en la habitación y goteras en la recepción. ¡Un show digno de cualquier capítulo de “Vecinos”!

¿Quién debe sacar la casta: recepción, mantenimiento o el huésped?

Aquí es donde la comunidad se prendió. Algunos, como el usuario “TellThemISaidHi”, lo dijeron clarito: “No es tu trabajo. Ni loco iría a una habitación solo a medianoche, eso es receta para el desastre”. Otros, con humor muy latino, sugirieron que por lo menos le cobraran los daños: “Ojalá le cobren la limpieza, tuvo opciones y no quiso ninguna. Que pague”. Y la verdad, en muchos hoteles de acá, si causas daños por negligencia, te llega el cargo directo a la tarjeta, sin miramientos.

También hubo quien sugirió soluciones creativas: dejar el destapacaños afuera del cuarto, para que el huésped lo use cuando guste, como si fuera una especie de “room service” plomero. Pero incluso así, muchos coincidieron: “Nadie debería tener que lidiar con el baño de otro”. Y es cierto, en casa uno se las arregla como puede, pero en un hotel, la dignidad y la paciencia a veces se ponen a prueba.

Por si fuera poco, algunos hasta se preguntaron si no sería una trampa para sacar al recepcionista del mostrador y robar la caja, porque “nadie pide que vayas solo a medianoche a su habitación”, y menos en ciudades donde la picardía y la malicia no faltan.

Reflexión final: ¿Y tú, qué harías?

Al final, el desastre se arregló: mantenimiento y limpieza entraron, arreglaron el baño, secaron el piso y ahora hay un ventilador gigante intentando salvar el techo del lobby. El recepcionista se quedó con la duda existencial: “¿De verdad me pagan para esto?” Y la comunidad lo respaldó: “No, no te pagan para esto”.

Así que, si algún día te encuentras en la recepción de un hotel y el teléfono suena con la temida frase “mi inodoro está tapado”, recuerda: ni héroes ni plomeros. Haz lo que puedas, ofrece soluciones, pero no te dejes cargar el muertito (o el inodoro, en este caso).

¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¿Eres de los que todo lo arregla, o prefieres pasar la bola? Cuéntanos tu anécdota, porque aquí todos tenemos una historia (y un baño) que contar.


Publicación Original en Reddit: the clogged toilet saga