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Kevin, el compañero que se emborrachó en turno y casi se lleva la gasolinera de corbata

Una escena divertida de un joven confundido, Kevin, en una gasolinera, mostrando sus torpezas.
En esta imagen fotorealista, vemos a Kevin, un empleado de gasolinera bien intencionado pero desorientado, luchando con sus tareas. La escena captura la esencia de las travesuras juveniles y las lecciones aprendidas al trabajar con "personajes" como él.

¿Quién no ha tenido ese compañero de trabajo que parece salido de una comedia de enredos? Ese que siempre mete la pata, pero uno termina contándolo entre risas en cada reunión familiar. Pues hoy te traigo la historia de Kevin, el colega que decidió que su turno en la gasolinera era el mejor lugar para ponerse alegre… y de paso, casi deja sin jefe y sin empleo a más de uno.

Porque sí, todos conocemos al “Kevin” de la vida: ese que no checa bien las identificaciones, regala productos como si fueran suyos y, por si fuera poco, maneja la comida sin guantes (¡tranquilos, nunca la sirvió!). Pero en esta ocasión, Kevin cruzó la línea y se ganó un lugar en el olimpo de las anécdotas laborales.

El turno nocturno y la tentación de la Lime-a-Rita

Era un martes cualquiera y, como muchos, el gerente general de la gasolinera esperaba irse temprano a casa. Sin embargo, aquel día tuvo que regresar a las 10:30 de la noche, mucho después de su horario habitual. ¿La razón? Kevin, en su infinita sabiduría, decidió que la mejor manera de pasar las horas en solitario era con unas “chelas”... Bueno, no eran cervezas cualquiera: se trataba de cuatro Bud Light Lime-a-Rita, esas latas gigantescas de margarita premezclada (¡ojo! de 25 onzas cada una, no las chiquitas de 10).

Y aquí viene el detalle que hizo reír a toda la comunidad: mientras algunos usuarios no podían creer que alguien se emborrache con solo cuatro latas, otro comentó entre carcajadas: “Firmado, una persona que no aguanta ni una copa aunque se la peguen con cola loca a la mano”. Porque, aunque suene increíble, Kevin tenía la contextura de un colibrí: apenas 1.63 metros y 54 kilos empapado. ¡No hacía falta mucho para que terminara bailando con los fantasmas!

El amigo sincero y la salida poco gloriosa

En pleno trance etílico, apareció un amigo de Kevin en la tienda y, con esa sinceridad que solo los amigos tienen, le soltó: “No te ves nada bien, Kevin, mejor vete a casa”. Y Kevin, obediente pero poco lúcido, hizo lo que le dijeron: marcó su salida y se fue manejando… ¡tras haber tomado casi tres litros y medio de Lime-a-Rita! Aquí es donde todos nos llevamos las manos a la cabeza, porque en Latinoamérica sabemos que mezclar alcohol y volante es receta segura para el desastre.

Por suerte, como si fuera parte de una telenovela, la gasolinera estaba justo en la frontera de dos jurisdicciones policiales, así que un sheriff pasó poco después de que Kevin se marchó. No hace falta ser Sherlock Holmes para saber cómo terminó la historia: Kevin perdió su trabajo ese mismo día.

La voz de la comunidad: risas, incredulidad y un poco de vergüenza ajena

Las reacciones no se hicieron esperar. “¡Cuatro cervezas y ya está borracho!”, decía un usuario entre bromas. Otro aclaró: “¡Pero si esas latas son como un litro cada una y tienen 8% de alcohol!”. Y no faltó quien comparara las Lime-a-Rita con las Cutwater, esos tragos listos para tomar que en México llamaríamos “tragos coquetos pero traicioneros”: pequeños, dulces y letales.

La mejor parte fue cuando alguien preguntó: “¿Al menos las pagó?”. Y el autor de la historia respondió con un rotundo “No”. Ahí sí que la comunidad casi explota: porque si hay algo que en Latinoamérica nos saca canas verdes, es el típico compañero que se siente dueño de lo ajeno y hasta el alcohol se lleva gratis.

Otros, francamente impresionados por la cantidad de alcohol, dijeron: “¡Eso es más de tres litros y medio! ¡Me sorprende que pudiera caminar!”. Aquí, más de uno recordó esas fiestas de pueblo donde el primo del amigo termina abrazando el poste de luz, jurando que baila mejor que Chayanne.

Reflexión final: Todos tenemos un Kevin… y un jefe que no duerme tranquilo

Esta historia nos recuerda que en todos los trabajos hay un Kevin. Ese personaje que, sin querer, pone a prueba la paciencia de sus jefes y la capacidad de aguante de sus compañeros. En Latinoamérica, solemos decir que “el trabajo dignifica”, pero también sabemos que el trabajo puede ser toda una tragicomedia gracias a personajes como Kevin.

Y aunque la historia terminó con un despido merecido, la comunidad no dejó de reírse, compartir sus propias anécdotas y, sobre todo, advertir: “Si van a tomar, no manejen. Y menos en turno, por el amor de Dios”.

¿Tienes algún compañero que supere a Kevin? ¿O una historia donde el trabajo y el alcohol no debieron mezclarse? Cuéntanos en los comentarios, porque todos necesitamos reírnos (o desahogarnos) de vez en cuando.


Publicación Original en Reddit: 'You're drunk Kevin, you should go home'