“James de Sistemas” y el cuento del tío digital: Así intentan estafar a los que trabajan de noche en hoteles
¿Te imaginas estar trabajando en el turno de la noche de un hotel, con los ojos pesados y el café ya frío, cuando de repente suena el teléfono? Al otro lado, una voz seria: “Hola, soy James de Sistemas. Llamo de la oficina central por una actualización crítica”. Suena importante, ¿no? Pues más de uno ya se ha llevado un susto y, lamentablemente, también una estafa.
Esta historia, que parece sacada de una película de comedia negra, se está repitiendo en hoteles de todo el mundo. Y aunque parezca imposible caer, la realidad es que hasta los más vivos pueden tropezar cuando el cansancio y la urgencia juegan en contra. Pero no te preocupes, que aquí te contamos cómo reconocer al “James de Sistemas” de turno, reírte un poco de los intentos de los estafadores y, sobre todo, salir bien librado.
El modus operandi: “Hola, soy James de Sistemas”
En varios hoteles, sobre todo los que son parte de grandes cadenas, alguien ha estado llamando de madrugada haciéndose pasar por personal de tecnología. Este “James” (que seguro ni se llama así) se presenta diciendo que necesita hacer una actualización urgente del sistema y que ya había llamado antes, pero que le pidieron regresar a esa hora. Clásico cuento del tío, pero versión 2.0.
Luego, lanza un número de “ticket de soporte” al azar para sonar profesional y pide instalar un programa desde una página web más trucha que billete de tres pesos. Pero aquí está el truco: las computadoras del hotel no permiten instalar nada sin acceso de administrador, y solo el verdadero departamento de Sistemas tiene esas llaves. Cuando el auditor nocturno (el héroe anónimo de la recepción) le dice que no puede, James cambia de táctica: “Bueno, hagamos unas pruebas… necesito que envíes reembolsos de $499 dólares a estas tarjetas para confirmar que el sistema funciona”.
Un usuario en Reddit contó que, lamentablemente, un compañero cayó y realizó los reembolsos falsos. Al día siguiente, el estafador fue tan descarado que volvió a llamar preguntando específicamente por él. Por suerte, otro empleado ya estaba advertido, le exigió que se identificara y el supuesto James colgó hecho humo.
Entre el susto y la risa: Reacciones de la comunidad
Lo más entretenido de estas historias es cómo la comunidad reacciona. Un usuario bromeó diciendo que debería haber una frase clave de seguridad, como en los bancos: “¿Me puedes decir la palabra secreta de hoy?”, y que los estafadores siempre cuelgan al instante. Otros, más osados, han decidido jugar con el estafador: “¿Qué ves en tu pantalla?”, preguntó el falso James. “Un perro en una tina”, contestó el recepcionista, dejando al criminal más confundido que turista perdido en el metro.
Pero no todo es risa. Muchos advierten que no conviene perder tiempo haciéndolos enojar, ya que mientras más hables con ellos, más información pueden sacar o más insistentes se vuelven. Como dijo otro usuario: “Mejor cuelga y reporta a Sistemas, no vale la pena jugar con fuego”.
En Latinoamérica, donde el ingenio y el humor son parte del día a día, las respuestas creativas no faltan. Uno contó que cuando estos “técnicos” llaman a las pizzerías, él les pide el código secreto del día y los hace sudar frío antes de colgar. Y claro, todos coinciden en que el turno de la noche es tierra fértil para estas trampas, porque hay menos supervisión y el cansancio puede jugarte una mala pasada.
¿Por qué caemos? El lado humano detrás del engaño
Muchos pueden pensar: “¡Yo nunca caería en esa!”. Pero la realidad es que, como bien comentó un usuario, estos estafadores son profesionales. Llaman con prisa, te llenan de información y te hacen sentir que, si no obedeces, todo el sistema se va a caer. Es el famoso “apúrate o todo explota”. Y si eres nuevo en el trabajo o llevas horas sin dormir, puedes cometer un error.
En nuestra cultura, donde a veces se confía mucho en la autoridad (“Lo dijo el jefe, entonces debe ser cierto”), estos fraudes encuentran terreno fértil. Además, la presión de hacer las cosas bien y no quedar mal en el trabajo puede llevarte a actuar sin pensar.
No por nada, hay historias de empleados que devolvieron miles de dólares a tarjetas fantasma o accedieron a instalar programas peligrosos. Y después, claro, llega el regaño o, peor aún, el despido. Por eso es tan importante compartir estas anécdotas: para que nadie más tropiece con la misma piedra.
Consejos para no caer (y para pasar el rato)
La moraleja es clara: si recibes una llamada sospechosa, mantén la calma y no te dejes llevar por la urgencia. Pregunta por el nombre completo, un número de identificación o la palabra secreta del día (¡por qué no!). Si siguen insistiendo, cuelga y avisa a tu jefe o al departamento de Sistemas. Y recuerda, ningún técnico serio te pedirá instalar programas raros ni hacer transferencias a tarjetas desconocidas a las dos de la mañana.
Y si tienes tiempo y quieres divertirte un poco, puedes aplicar el humor latino: “Disculpa, ¿me puedes ayudar primero con la impresora que no imprime memes?” o “Aquí solo instalamos programas recomendados por el compadre del jefe”. Pero siempre con cuidado, porque como dicen en los comentarios, el mejor escudo es la precaución.
¿Te ha pasado algo parecido en tu trabajo? ¿Tienes alguna historia graciosa (o trágica) de estafadores telefónicos? Cuéntanos en los comentarios, porque en la recepción y en la vida, reírse es la mejor defensa.
Publicación Original en Reddit: 'This is James from I.T.'