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Historias de la recepción: Cuando trabajar en un hotel en Los Ángeles es una locura

Escena de oficina en el mostrador, mostrando un ambiente caótico con empleados estresados y una recepción ocupada.
Una representación fotorrealista de un bullicioso mostrador de recepción, que captura los desafíos y la energía de trabajar en un entorno caótico como M*tel.

Si alguna vez pensaste que trabajar de recepcionista en un hotel era un trabajo tranquilo, con café gratis y sonrisas de viajeros educados, déjame contarte una historia que te va a hacer cambiar de opinión. Imagina empezar tu primer día en la recepción de un hotel en Los Ángeles, con la ilusión de un sueldo seguro, solo para descubrir que acabas en medio de un circo donde la realidad supera cualquier telenovela mexicana.

Bienvenidos a la jungla de la hospitalidad low cost, donde el turno de 3 a 11 de la noche se convierte en una prueba de supervivencia para el alma, la paciencia... y hasta para la dignidad.

El turno maldito y los huéspedes de otro mundo

La primera señal de alerta: te contratan al instante junto a tres personas más. En Latinoamérica decimos "cuando la limosna es mucha, hasta el santo desconfía". Y vaya que el santo aquí debió huir. Nuestro protagonista, con sus habilidades tecnológicas y rapidez, se ganó el "honor" de cubrir el temido turno vespertino. ¿Por qué nadie lo quería? Pronto lo descubriría.

Este hotel, de esos que ofrecen estadías largas y precios accesibles, es prácticamente un microcosmos de historias trágicas y personajes sacados de una película de Almodóvar. Hay veteranos de guerra con traumas, mujeres rescatadas por la policía tras vivir violencia, personas en situación de calle, adultos mayores abandonados por familiares, y uno que otro viajero despistado con vuelo temprano.

El ambiente es tan pintoresco que cualquier novela de Gabriel García Márquez se quedaría corta. Los huéspedes pelean por el estacionamiento porque los vales del gobierno no lo cubren, gritan, exigen y cuando se cansan... simplemente dejan de pagar. Y como pasa en California (y en muchos países de Latinoamérica), una vez que alguien se convierte en "inquilino", sacarlo es más difícil que sacar cita en el IMSS.

¿Y la seguridad? Bien, gracias

Como diría cualquier latino: "Aquí no hay ni un perro que ladre". No hay guardia de seguridad, así que el recepcionista termina siendo psicólogo, policía, portero y hasta árbitro de lucha libre. Un día, una huésped fumando crack con la puerta abierta, otro día una señora desquiciada que patea la puerta y tira todos los letreros porque... ¡el recepcionista estaba en su hora de comida!

Y eso no es todo. En pleno siglo XXI, la empresa presiona para que el recepcionista consiga los nombres de las compañías de los huéspedes, porque el área de ventas quiere hacer negocios. Si no lo logras, te pueden hasta levantar un acta administrativa. "¿Y cuánto pagan por todo este espectáculo?", se preguntarán. Diecisiete dólares la hora en Los Ángeles, donde eso apenas alcanza para los tacos al pastor de la esquina.

Una comentarista del hilo, muy atinada, le soltó: "Te están pagando una miseria. Busca algo mejor, y si puedes, vete al turno nocturno en otro hotel donde al menos paguen extra". Y no es para menos, porque además de atender la recepción, el pobre tiene que lavar sábanas, hacer llamadas de cortesía, reponer toallas y patrullar los pasillos como si fuera la policía de la colonia.

El show de los reclamos: entre la comedia y el drama

Si creías que lo peor era lidiar con clientes exigentes, prepárate. Hay huéspedes que llegan exigiendo transporte al aeropuerto que nunca se prometió, o pidiendo dos camas y que les den dos habitaciones —todo por el mismo precio, claro— y cuando no se puede, no falta quien te llame mentiroso en tu cara. Otros hasta amenazan con "reportar a la empresa" porque el recepcionista les pide información básica... todo porque no quieren pagar el estacionamiento.

En los comentarios, varios usuarios latinos se identificaron: "La vida en LA hace que hasta las historias de 'El Hombre Florida' parezcan cuentos de niños". Otros sugirieron que muchos de estos huéspedes actúan altaneros porque tienen miedo de perder lo poco que tienen, y por eso se ponen a la defensiva. Y, como en todo, hubo quien recomendó no juzgar demasiado: "La actitud y el resentimiento solo harán que odies más el trabajo y la gente no merece ese trato".

¿Vale la pena? Reflexiones desde la trinchera

Entre tanto caos, surge la pregunta del millón: ¿por qué quedarse ahí? En palabras del propio protagonista, no es fácil encontrar otro trabajo mejor pagado, incluso con experiencia en banquetes y eventos. Los empleos en hoteles grandes parecen reservados para los que tienen "palancas", y el mercado está más cerrado que la tiendita del barrio en domingo.

Sin embargo, la comunidad animó al protagonista a buscar algo mejor, a no perder la esperanza y, sobre todo, a cuidar su salud mental. Porque como nos gusta decir en Latinoamérica: "El trabajo es importante, pero la vida y la dignidad valen más".


En conclusión, trabajar en la recepción de un hotel en Los Ángeles puede ser más emocionante que cualquier serie de Netflix, pero también te puede dejar más agotado que un lunes sin café. ¿Te animarías a vivir algo así? ¿Has tenido experiencias laborales igual de surrealistas? ¡Cuéntanos en los comentarios! Porque si algo nos sobra en esta vida, son historias para compartir... y reír (o llorar) juntos.


Publicación Original en Reddit: Crazy workplace.