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Historias de hotel: entre huéspedes excéntricos y llamadas imposibles

Ilustración estilo caricatura de un recepcionista de hotel frustrado atendiendo a un huésped exigente.
Esta divertida caricatura en 3D captura el caótico encanto de la vida hotelera, mostrando a un recepcionista atendiendo múltiples llamadas de un huésped muy entusiasta.

¿Quién dijo que trabajar en la recepción de un hotel era aburrido? Si creías que lidiar con clientes difíciles solo pasaba en las novelas, espera a leer lo que ocurre tras el mostrador. En el mundo hotelero, cada día es una lotería y nunca sabes si te va a tocar el huésped simpático... o el que parece salido de una telenovela de las 9.

Hoy te traigo una historia que me hizo reír, desesperarme y, sobre todo, pensar en lo poco que apreciamos a quienes aguantan estas locuras diarias. Porque, aceptémoslo, todos los que hemos trabajado de cara al público tenemos alguna anécdota digna de contarse en una noche de amigos.

El arte de no perder la paciencia (aunque el huésped insista)

Todo empezó como cualquier tarde en recepción: el clásico ajetreo de check-ins, preguntas sobre el WiFi y solicitudes de toallas extra. De repente, el teléfono comenzó a sonar con la insistencia de quien busca ganar el premio al huésped más intenso. Era la señora de la habitación 214, quien llamó varias veces en menos de dos minutos, usando el teléfono de la habitación como si fuera una central de emergencias.

Mientras el recepcionista terminaba de atender a otros huéspedes, la señora no desistía. Finalmente, cambió de táctica y marcó desde su celular. Al contestar, solo se escuchó un murmullo incomprensible. El recepcionista, con la paciencia de santo, le pidió que repitiera, y entonces la señora gritó furiosa que el teléfono de su cuarto “no funcionaba”, para acto seguido colgar.

Cualquier mexicano o latino que haya trabajado en atención a clientes sabe que, en ese momento, la tentación de gritarle a la almohada es grande. Pero como dicen por aquí: “el que tiene tienda, que la atienda” y nuestro protagonista subió a la habitación, preparado para todo.

Al abrir la puerta, el olor a cigarro rancio y las botellas vacías de vodka eran la decoración principal. La señora, con actitud de tía brava en Navidad, exigió que arreglaran el teléfono “ya mismo”. El recepcionista, usando toda la diplomacia aprendida en años de atender abuelitas y turistas despistados, le explicó que el teléfono sí funcionaba, ¡lo había usado para llamar!

Pero la señora, como disco rayado, solo repetía: “¡Llamé porque el teléfono no funciona!”

Cuando el verdadero problema es... la hora del restaurante

Después de varios intentos de explicación que no llegaron a ningún lado (ni a la esquina), el recepcionista decidió cambiar la estrategia: “¿Para qué me llamó? ¿En qué puedo ayudarla?” Y ahí, por fin, la verdad salió a la luz como cuando se acaba la novela y todo tiene sentido: la señora solo quería saber a qué hora abría el restaurante.

Sí, así como lo lees. Después de todo el drama, gritos y llamadas, lo único que quería era saber si podía ir por sus chilaquiles y café. Aquí es cuando uno piensa en los memes de “No puede ser, compadre”. Y sí: estas historias hacen que cualquier recepcionista se replantee su sueldo y su fe en la humanidad.

No estás solo: historias del frente de batalla

Lo mejor de estas historias es descubrir que, en cualquier hotel del mundo, los recepcionistas forman una hermandad secreta. En la misma publicación, otros colegas compartieron sus propias anécdotas igual de surrealistas.

Uno comentó, medio en broma y medio en serio: “Por lo menos ella buscaba sustento, ¡jajaja!” (haciendo referencia a que la señora, al menos, tenía hambre y no problemas más graves). Otro, con esa picardía tan nuestra, contó cómo resolvió un caso similar: “Desenchufé y volví a enchufar el teléfono, hice como que llamaba y le dije ‘ya quedó arreglado’”. Porque, seamos honestos, a veces hay que aplicar el famoso “soplarle” al control remoto para que funcione.

Pero no todo es risa. Otro recepcionista relató la historia de una huésped que llegó quejándose de enfermedad grave, exigiendo atenciones de lujo, solo para ser captada por las cámaras riendo y caminando perfectamente antes de entrar al hotel. Como bien apuntó un usuario, “ni la peor actuación de telenovela mexicana”.

Y aquí surge una reflexión muy latina: aunque nos conmuevan las historias tristes, no todo lo que brilla es oro y, como dice el dicho, “el que no llora, no mama”, pero tampoco hay que abusar de la generosidad ajena.

Héroes sin capa... y sin aumento de sueldo

Cada vez que leo estas historias pienso en todos los recepcionistas, meseros y dependientes que, con una sonrisa y mucha paciencia, logran que los hoteles funcionen. Y sí, muchos dirán que es “parte del trabajo”, pero ¿qué tal si empezamos a valorar más a quienes aguantan clientes que parecen salidos de un episodio de “La Rosa de Guadalupe”?

Así que la próxima vez que visites un hotel, recuerda: detrás del mostrador hay alguien que probablemente ya sobrevivió a una llamada igual de absurda que la de nuestra protagonista. Y si eres tú quien atiende, ¡ánimo! Como decimos en México, “al mal paso, darle prisa” y, si no, al menos saca la anécdota para la próxima reunión.

¿Tienes alguna historia parecida? ¡Cuéntala en los comentarios y hagamos terapia grupal! Porque en el mundo hotelero, el humor es la mejor propina.


Publicación Original en Reddit: Don't we all love our insane guests